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La guerra de los mundos (2005)

Recomendada
Formato:
Título Original: War of the worlds
País: Estados Unidos
Año: 2005
Género: Ciencia ficción-Drama
Duración: 1h56'
Calificación: +9 años
Dirección: Steven Spielberg
Protagonistas: Tom Cruise - Dakota Fanning
Elenco: Tim Robbins - Miranda Otto - Justin Chatwin

De la mano de Steven Spielberg (director y productor) y Tom Cruise (productor y protagonista) llega esta versión contemporánea de la clásica novela de H.G. Wells sobre una invasión extraterrestre a la Tierra. La batalla por el futuro de la especie humana será vista a través de los ojos de una familia estadounidense disfuncional que intentará sobrevivirla.

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Comentario de Cartelera.com.uy

La hora del fin del mundo

A esta altura ya no es nada original decir que Steven Spielberg es como un niño grande que, un buen día, descubrió en el cine su juguete preferido. Por supuesto que su mérito no ha sido sólo divertirse él mismo sino saber transmitir al público ese sentido del entretenimiento como pocos directores (James Cameron, Robert Zemeckis, el primer George Lucas… ¿alguien más?) han sabido hacerlo en esa especie de fábrica de chorizos que es Hollywood.

A esta altura tampoco es nada original decir que, mientras nos entretenga, al viejo Steven hay que perdonarle casi todo: ocasionales debilidades y facilismos de guión, sentimentalismo, personajes más o menos arquetípicos, patriotismo. Después de todo, uno se compra el pop y el refresco y las dos horas de película pasan sin mayor problema, siempre que uno no se ponga demasiado exigente (tampoco estamos viendo La lista de Schindler, ¿cierto?).

Pero hay que ser francos: revisando la filmografía “liviana” de Spielberg (es decir, dejando afuera sus películas serias como El Color Púrpura, El Imperio del Sol, Amistad, Rescatando al soldado Ryan y, por supuesto, Schindler) uno no sale completamente satisfecho del cine desde Jurassic Park (1993). Hace exactamente… ¡doce años! ¿Será que uno ha crecido bastante desde entonces? No sólo eso, es que uno simplemente se da cuenta de que no todo lo que empieza bien necesariamente cumple lo que promete. Digámoslo así: la primera media hora de Guerra de los Mundos es una maravilla de suspenso, tensión, horror y drama. Una pieza cinematográfica en sí misma que quita el aliento del espectador y lo deja aferrado a su butaca como no sucedía desde…Titanic, probablemente.

Estoy hablando de gran espectáculo pero no un espectáculo vacío, sino un surtido de efectos y recursos narrativos puestos allí para dejar constancia de la vulnerabilidad y, finalmente, debilidad del ser humano frente a ciertas circunstancias que lo superan. No hay nada que nos deje más perplejos, que nos llene más de horror dentro de una sala de cine; ni el peor de los monstruos o asesinos en serie podrá competir jamás con esa sensación escalofriante que produce el presenciar cómo todo lo que conocemos, lo que nos es familiar, lo que nos genera esa sensación de confort y de pertenencia a este mundo, comienza a venirse abajo por fuerzas extrañas cuyas motivaciones, en un principio, desconocemos. En ese marco, no es nada caprichoso pensar que, en efecto, el ataque y posterior derrumbe de las Torres Gemelas de Nueva York fueron una inspiración para Spielberg y su equipo. Después de todo, esa sensación de la que hablaba fue experimentada por la sociedad norteamericana (y, gracias a la TV en directo, por todo el mundo) ese 11 de setiembre de 2001. Y cuando vemos a Tom Cruise llegar a su casa cubierto de polvo y ceniza, es imposible no pensar en aquellas imágenes que vimos una y otra vez de las calles de Manhattan.

¿Y qué sucede después? Pues, más de lo mismo; no de lo mismo que vimos en esa estupenda primera media hora, sino de lo que describíamos al principio: debilidades de guión, sentimentalismo, personajes más o menos arquetípicos (o inconsistentes), algo de patriotismo. Vamos… ¿un padre irresponsable que de pronto tiene la chance de redimir su conducta frente a sus hijos y ex esposa? ¿Podía el guionista David Koepp pensar en un estereotipo menos trillado? ¿Y para qué está allí, alguien me puede explicar, el personaje de Tim Robbins? ¿Para algo más que demostrarnos que el personaje de Tom Cruise ha llegado a un estado en el que es capaz de cualquier acción con tal de proteger a sus hijos? Esto no hace más que confirmar que Spielberg viene haciendo, desde siempre, más o menos la misma película: una sobre cómo diferentes e inesperados peligros ponen en jaque la preservación, unidad y eventual reconciliación familiar.

Pero quedémonos con lo bueno que después de todo es tiempo de vacaciones y uno no debería ir al cine a pensar demasiado (y mucho menos a comprobar, por si hiciera falta a esta altura, qué tan fiel es una película a su novela original). Cruise está muy bien, por cierto, sobre todo en algunas escenas donde su personaje se desmorona frente a la impotencia de algunas situaciones. Y lo de Dakota Fanning no es ninguna novedad: ya había demostrado ser una estupenda pequeña actriz en Mi nombre es Sam (2001). Quizás aquí grite demasiado, por más que para uno sea fácil decirlo ya que nunca tuvo que enfrentarse a la hora del fin del mundo.

Pero la estrella absoluta es el director. Pase lo que pase, uno va a ver “una película de Spielberg”, y eso es algo que el hombre se ha ganado tras más de 30 años de carrera exitosa y prolífica. Tan prolífica que, a esta altura, puede no sólo darse el lujo de no convencer del todo sino hasta de citarse a sí mismo: esa escena subterránea con el tentáculo y el ojo es un calco de un momento de Jurassic Park en que dos pequeños pero mortales velocirraptors irrumpían en una cocina acechando a los protagonistas. Ese auto homenaje no hace más que recordarnos lo bien que la pasamos en el cine aquella vez, hace doce años. Y lo dispuestos que estamos a dejarnos entretener de nuevo, ni bien Spielberg lo decida.


Por Enrique Buchichio para Cartelera.com.uy
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