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Brooklyn

Recomendada
Título Original: Brooklyn
País: Irlanda - Reino Unido - Canadá
Año: 2015
Género: Drama-Romance
Duración: 111'
Calificación: Todo público
Dirección: John Crowley
Protagonistas: Saoirse Ronan - Domhnall Gleeson
Elenco: Emory Cohen - Jim Broadbent - Julie Walters

En los años 50, la joven Eilis Lacey (Saoirse Ronan) deja la comodidad de su casa materna en Irlanda para comenzar una nueva vida en Brooklyn, Nueva York. El shock inicial de la nostalgia disminuye rápidamente ante un nuevo romance cuando conoce a Tony (Emory Cohen). Pero pronto su nueva vida se ve interrumpida por su pasado, y Eilis debe elegir entre dos países y las vidas que existen dentro de cada uno de ellos.

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Comentario de Cartelera.com.uy

En pocas palabras...: Una película conmovedora, construida a partir de una historia simple, y sostenida por un notable elenco encabezado por la talentosa Saoirse Ronan.

La mujer tranquila

Recuerdo que durante la tarde de un sábado cuando tenía 8 o 9 años, mi abuelo estaba sentado solo en el comedor de mi casa, mirando una vívida y colorida película en Technicolor mientras esperaba las tortas fritas de mi abuela. Cuando le pregunté de qué trataba lo que estaba viendo, simplemente respondió: "Irlandeses". En realidad la película iba de un ex boxeador (John Wayne, en una de sus mejores y más queribles actuaciones) que volvía a Irlanda para reclamar las tierras que le pertenecían a su familia y, de paso, encontraba el amor con una muchacha del pueblo (Maureen O´Hara, deslumbrante). Esa película se llamaba El hombre tranquilo (El hombre quieto en Uruguay), la dirigió John Ford y sigue siendo una de las favoritas de mi abuelo.

Y a mucho de eso remite Brooklyn, una obra conmovedora que, también como aquella de Ford, está construida a partir de una historia simple. Basada en un libro de Colm Tóibin, la película comienza en el año 1952 (el año en que se estrena El hombre tranquilo) y acompaña a la joven Eilis (Saoirse Ronan) que, viviendo en un pequeño pueblo de Irlanda con su madre y su hermana, se prepara para viajar a los Estados Unidos con el fin de iniciar una nueva vida. Y básicamente es eso. Pero no se engañe: a lo largo de sus 111 minutos, la película hace un sensible estudio de personaje al acompañar a la muchacha que, de inmigrante insegura, frágil y sumisa, se transforma en una mujer fuerte, capaz de tomar decisiones difíciles y que, teniendo percances a resolver todos los días, reacciona a estos con seguridad.

Pero Brooklyn es también un romance envolvente: adaptado por Nick Hornby (autor de los libros que originaron About a Boy y High Fidelity), el guion nos muestra la relación de la protagonista con el joven Tony (Emory Cohen), miembro de una familia de italianos casi caricaturescos (su hermano pequeño prácticamente se roba la película) que demuestra una devoción intensa a su pasión recién nacida. Así, cuando Eilis se ve obligada a regresar a Irlanda temporariamente, el espectador percibe, sorprendido, cómo había sido capturado por la narrativa, pasándole a importar profundamente el destino de esas personas.

Dirigida por el irlandés John Crowley (que venía de dirigir dos mediocres episodios de la segunda temporada de True Detective), la película establece una clara distinción en su abordaje al lidiar con los tres actos de la narrativa: si el primer acto, ambientado en Irlanda, es concebido como un mundo frío, triste, oscuro y con colores desaturados, todo cambia radicalmente con la llegada de Eilis a Nueva York, ya comenzando por la super exposición que marca su pasaje por Inmigración, cuando abre la puerta para salir rumbo a una explosión de luz. A partir de ahí, el director de fotografía Yves Bélanger convierte a la producción en un mundo de colores calientes, saturados y variados de un país idealizado por el american way of life, manteniendo el calor de la luz y de la paleta al regresar a Irlanda, cuando vemos a los mismos ambientes del primer acto ahora sobre una óptica menos sombría.

Por su parte, la dirección de arte de François Séguin complementa el abordaje estético del proyecto al emplear los colores como símbolos de la trayectoria de su heroína: frecuentemente vista con ropas de un verde intenso (es irlandesa...), Eilis no tiene dificultad en atraer la mirada del espectador, ya que es muy interesante reparar en cómo la adaptación de la protagonista al nuevo país se refleja en su vestuario, que se vuelve más variado, teniendo tonos azules y, principalmente, amarillos en tonos dorados que expresan su creciente felicidad. También es curioso notar cómo el simple hecho de usar lentes de sol al regresar a Irlanda marca los profundos cambios experimentados por ella.

Brooklyn es una película que jamás encuentra dificultades para expresar visualmente sus ideas: fíjense, por ejemplo, cómo la foto de Eilis en la mesa de trabajo de su hermana es sustituida posteriormente por otra bastante similar, pero que tiene a una persona diferente, constatando cómo el retrato simboliza casi un ancla en aquel ambiente de trabajo. De la misma manera, la diferencia en la cantidad de ropas presentes en la maleta de la protagonista en puntos diferentes de la historia apuntan a sus conquistas personales y profesionales, por más simples que sean, al tiempo que la solidez de la muchacha es sugerida por planos como aquellos que la tienen encogida en un costado del encuadre o como un reflejo aprisionado por los bordes de un espejo. Pero esto no sería nada, claro, sin el rostro de Saoirse Ronan.

En este aspecto, Brooklyn puede también ser visto como un vehículo ideal para exhibir el talento de la joven actriz (ya obvio desde Expiación, deseo y pecado) que, en buena parte de la proyección, enfrenta el complicado desafío de expresar las emociones de Eilis simplemente con la mirada, ya sea a través de la intensidad con que acompaña una canción, de la vergüenza al desviar los ojos cuando su novio menciona sus futuros hijos o la melancolía con la que estudia un salón de danza al saber que no volverá a verlo. Manteniendo una voz constantemente baja para ilustrar la timidez de la joven, Ronan es hábil también al evocar el dolor y la nostalgia de Eilis durante la historia. Pero encima de todo, la actriz lleva al público a sentir las dudas que atormentan a su personaje en el tercer acto, y a reconocer las razones que las inspiran.

Mientras tanto, Emory Cohen interpreta a Tony como un tipo dulce cuya pasión por Eilis parece explotar en su mirada de devoción y en la timidez con la que se comporta al lado de su amada. La dinámica entre Ronan y Cohen es fundamental para que nos importe tanto el futuro de la pareja, siendo contrapuesta también con eficacia por aquella que es construida por Ronan y Domhnall Gleeson (impresionante su año 2015, en que se destacó también en Star Wars, El Renacido y Ex Machina), que acaba por exhibir una vulnerabilidad instrumental para que también aprobemos sus intenciones románticas. Cerrando el elenco, Jim Broadbent encarna la bondad del padre Flood con su carisma habitual, mientras Julie Walters transforma a la Señora Keogh en un alivio cómico sin que nunca parezca estar intentando provocar la risa, en una gran demostración de su talento.

Como resultado, Brooklyn nos lleva a hacer fuerza por el amor de una pareja con ambiciones humildes y a percibir que estas no los vuelven menos importantes, valiosos o exitosos, ya que sus victorias son determinadas no solo por la meta, sino por la distancia que recorrieron desde el punto de partida.


Por Juan Manuel Fábregas para Cartelera.com.uy
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