Cartelera

Un profeta

Recomendada
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Título Original: Un prophète
País: Francia - Italia
Año: 2009
Género: Drama-Thriller
Duración: 2h30'
Calificación: +18 años
Dirección: Jacques Audiard
Protagonistas: Tahar Rahim - Niels Arestrup
Elenco: Adel Bencherif - Hichem Yacoubi - Reda Kateb

Ganadora de nueve César en Francia, premiada en Cannes y nominada al Oscar como mejor película extranjera, Un Profeta es la historia de Malik (Tahar Rahim), un chico analfabeto de 19 años, en parte árabe y en parte corso, que es condenado a seis años de prisión. Al llegar a la cárcel es arrinconado por el líder de la banda corsa que domina la prisión, quien le asigna diversas “misiones”. Malik aprende con rapidez y asciende en los rangos de la cárcel, todo ello mientras diseña secretamente sus propios planes…

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Comentario de Cartelera.com.uy

En pocas palabras…: Un intenso, brutal y formidable relato sobre el ascenso criminal dentro de la cárcel como forma de supervivencia. Excepcional labor protagónica del casi debutante Tahar Rahim. No suele abundar cine como éste; el crimen sería perdérselo.

La escuelita del crimen

El pibe tiene 19 años. No sabe leer ni escribir. Se llama Malik El Djebena y es mitad árabe, mitad corso, lo que en la Francia de hoy (como en gran parte de Europa) quiere decir solo dos cosas: “extranjero” e “indeseable”. Lo han condenado a seis años de prisión por un episodio no del todo claro pero que tiene que ver con la agresión a un policía. Es posible que una patrulla lo haya detenido por sospechoso, o porque efectivamente estaba robando, y el pibe reaccionó agresivamente. También es posible que directamente lo hayan aporreado, como algunos policías suelen aporrear a inmigrantes, y se la haya llevado de arriba. Tiene cicatrices en su cuerpo, en su espalda, como marcas de un pasado turbulento y misterioso que incluye el haber crecido en orfanatos, sin familia. Acá, en la cárcel, tendrá la oportunidad de tener una familia alternativa, aunque sus nuevos “parientes” sean criminales, asesinos, ladrones, violadores. Pero antes deberá sortear una prueba de fuego, una forma de bautismo brutal que lo marcará de por vida. Y además no será un miembro más de esa “familia”, con derechos y trato igualitario, sino un perro, un che pibe, un mandadero, un lacayo. Aunque en realidad sea un profeta.

Una película como esta nos recuerda qué bueno es el cine negro francés, cuando quiere. El director Jacques Audiard (París, 1952) es uno de los más directos herederos de esa buena tradición gala que antes cultivara gente como Henri Georges-Clouzot o Jean Pierre Melville. Su aproximación al género fue primero como guionista, colaborando con directores como Georges Lautner (El Profesional) y Claude Miller (Una Mujer Inquietante). Su primer largometraje, Mira a los Hombres Caer (Regarde les hommes tomber, 1994) le mereció tres premios César, incluyendo uno como mejor director novel. Volvería al cine de género con su tercera película, Lee mis Labios (2001), un interesantísimo thriller sobre una pareja de perdedores (Vincent Cassel, Emmanuelle Devos) que también ganó tres César, entre ellos el de mejor guión. El Latido de mi Corazón (2005) narra la historia de un joven delincuente (Romain Duris) que se debate entre seguir los pasos de su corrupto padre (Niels Arestrup) o dedicarse a tocar el piano y cambiar completamente de vida.

Todas esas películas tienen algo en común, aparte del género, y es que Audiard se apega a sus personajes con total aprehensión, siguiendo sus pasos muy de cerca pero sin emitir juicios sobre sus actos. En Un Profeta lleva ese hábito al extremo, manteniendo la cámara prácticamente durante todo el metraje encima de su protagonista, a quien sigue desde el primer hasta el último plano. Se trata de un ejemplo de ese subgénero que es el cine sobre cárceles, y uno de los más brutales y formidables que se hayan visto. Y básicamente lo que describe es el proceso de “reeducación” que sufre el joven Malik desde el momento mismo en que llega a prisión, con sus pobres pertenencias y su legajo a cuestas, y se enfrenta a un submundo con códigos y reglas propias. Un ambiente en el que vivir significa sobrevivir y donde la integridad física es directamente proporcional a la confianza de los verdaderos dueños de la cárcel: esas bandas criminales que operan casi con la misma impunidad que si estuvieran afuera.

Es una visión inquietante y demasiado cercana, teniendo en cuenta que vivimos en un país con emergencia carcelaria perpetua. Claro que la verdadera emergencia, en el caso de Malik, no es el hacinamiento (de hecho tiene una celda para sí mismo) sino la ascendente carrera criminal que se ve obligado a seguir y que lo alejará progresivamente de esa imagen de chico indefenso y vulnerable que transmite al comienzo. Será una estrategia puramente de supervivencia, nunca veremos a Malik disfrutando tener que matar; todo lo contrario, cada episodio violento (contra él o de él contra otro/s) será un episodio traumático, movilizador, deformante. Pero una vez victimizado por todos lados, el “profeta” (como alguien le llama en algún momento debido a su aparente capacidad para anticipar algún acontecimiento) moverá los hilos a su manera como forma de demostrar que, si la fuerza no está de su lado, al menos sí la inteligencia.

La película funciona como un posible comentario sobre la mezcla de razas y culturas que pueblan la Francia de hoy, todas y cada una intentando sobrevivir por sus propios medios, a como dé lugar, ante el avance xenófobo e intolerante de la Unión Europea. Pero claramente el de Audiard no es un cine politizado, ni de honda preocupación social como es el de los hermanos Dardenne (El Niño, El Silencio de Lorna) o el de su coterráneo Laurent Cantet (Entre los Muros). Y si lo es, en todo caso, lo es de rebote. Aquí por el contrario hay cierta inquietud mística, reflejada en esas secuencias oníricas que experimenta el protagonista a partir de su primer “sacrificio” (hay un alto valor simbólico-religioso en el degollamiento de la víctima y su posterior derramamiento de sangre).

Pero sobre todo a Audiard le interesa el relato cinematográfico, al servicio de la experiencia vital de su personaje y de cómo brindársela al espectador de manera efectiva. Y en ese sentido el relato de Audiard es poco menos que magistral, de una crudeza y rigurosidad narrativa que no suele abundar últimamente. Además de un elenco excepcional, donde brilla particularmente el veterano Niels Arestrup como decadente jefe criminal corso, el director tiene un cómplice insustituible en el casi debutante Tahar Rahim, actor francés de origen argelino que cumple aquí, increíblemente, con su primer rol protagónico. Su Malik es un trabajo tan intenso, tan verosímil y tan emocionalmente vulnerable que recuerda a las primeras, inolvidables actuaciones de Al Pacino o Robert De Niro, por allá por los años 1970s. Sí, lo estoy comparando con dos de los más grandes. Así de impactante es su labor, tanto como imprescindible es ver esta película.


Por Enrique Buchichio para Cartelera.com.uy
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