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Argo

Recomendada
Título Original: Argo
País: Estados Unidos
Año: 2012
Género: Drama-Thriller
Duración: 120'
Calificación: Todo público
Dirección: Ben Affleck
Protagonistas: Ben Affleck - Bryan Cranston
Elenco: Alan Arkin - John Goodman - Victor Garber - Tate Donovan

Basada en hechos reales, Argo narra la operación encubierta que se llevó a cabo en 1980 para rescatar a seis ciudadanos estadounidenses atrapados en Teherán tras la revolución iraní. Sabiendo que es sólo cuestión de tiempo antes de que sean descubiertos y probablemente ejecutados, el ex especialista de la CIA Tony Mendez (Ben Affleck) idea un arriesgado plan. Un plan tan increíble que sólo podría suceder en una película. Ganadora de 3 premios Oscar: mejor película, guión adaptado y montaje.

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Comentario de Cartelera.com.uy

En pocas palabras...: Ben Affleck se confirma como buen (no gran) director con la recreación de una increíble historia real en clave de thriller de espionaje.

Operación Hollywood

El asunto recuerda inevitablemente a Mentiras que matan (Wag the Dog, 1997), aquella estupenda sátira política dirigida por Barry Levinson (sobre novela de Larry Beinhart) acerca de un asesor de la Casa Blanca (Robert De Niro) que contrataba a un excéntrico productor de Hollywood (Dustin Hoffman) para crear una guerra con Albania, transmitirla por televisión, y así distraer al público estadounidense de un escándalo sexual protagonizado por el presidente. Tanto la novela original de Beinhart como la película de Levinson hacían pensar inevitablemente en el escándalo sexual protagonizado por Bill Clinton en los 90 (el recordado affaire Lewinsky), y en la capacidad del poder político - en complicidad con los medios de comunicación masivos - para vender al público cualquier ficción como real.

Claro que Argo recrea una historia verídica, por más que se mantuvo oculta hasta 1997, cuando fue revelada precisamente por la administración Clinton. Se trató de una operación de inteligencia que, por razones obvias, debía ser mantenida en secreto. La misión: rescatar a seis ciudadanos estadounidenses que - tras la toma de su embajada - se encontraban ocultos en la residencia del embajador canadiense en Teherán. Eran los comienzos de 1980, y no eran días agradables para ser un estadounidense en Irán. Tras la Revolución Islámica de 1979, que devolvió el poder al ayatolá Jomeini tras el derrocamiento del sha Mohammad Reza Pahlevi (apoyado hasta entonces por Estados Unidos), gran parte de la población iraní pro revolucionaria había dirigido su ira hacia el país norteamericano. El cuerpo diplomático estadounidense, especialmente, corría el riesgo de ser detenido y juzgado por espionaje, y posiblemente ejecutado.

En ese contexto, la CIA no tuvo mejor idea que aceptar la propuesta del ex especialista Tony Mendez, a quien sacan de su ostracismo para volver a la acción: simular ser el equipo de producción de una película, de visita en Irán en busca de locaciones donde filmar, y así sacar del país a los seis ciudadanos prófugos. Al gobierno de Estados Unidos no parecía importarle demasiado la suerte de aquella gente, y tal vez por eso se le dio luz verde a un plan tan descabellado como de éxito dudoso. La operación consistía, por supuesto, en montar una falsa oficina de producción en Hollywood, elegir un guión ("Argo") e inventar un perfil personal y profesional para cada uno de los integrantes del equipo. Mendez sería, claro, el productor.

El guión de Chris Terrio, basado en un artículo de Joshuah Bearman, simplifica por razones lógicas los detalles de esa preparación. A Mendez le resulta extremadamente fácil convencer al especialista de maquillaje John Chambers (John Goodman) - un hombre que existió realmente - y sobre todo al veterano productor Lester Siegel (Alan Arkin), un personaje ficticio aunque claramente inspirado en un verdadero productor de Hollywood que, por alguna razón, no se menciona en la película. Una vez en Irán, todo sucede muy rápido sin que haya una verdadera progresión de los acontecimientos, del vínculo entre los personajes (no llegamos a conocer realmente a ninguno de ellos, ni siquiera al propio Mendez) y de las razones por las que deciden confiar en el delirante plan cinéfilo. Una cosa es cierta: no parecían tener otra opción.

Lo mejor de Argo (además de contar una increíble historia real) es cómo recrea la estética de fines de los 70, no sólo desde la dirección de arte (de Sharon Seymour) y la fotografía (a cargo del mexicano Rodrigo Prieto) sino ya desde el mismo logo de la Warner, distribuidora de la película, que luce como el que la compañía utilizaba por aquellos años. Hay una secuencia final donde el suspenso se maneja muy bien, y un desborde emotivo algo excesivo al final, pero en términos generales se trata de una buena película que confirma a Ben Affleck como un buen director (no un gran director, como parecen sugerirlo algunos críticos que hasta lo comparan con Clint Eastwood).

Como actor, Affleck sigue siendo un tipo de recursos limitados, básicamente dos: una leve sonrisa irónica, y una mirada penetrante cuando quiere dar a entender que va en serio. En eso sí se parece a Clint Eastwood. Pero como director, fue más interesante y más sólido su promisorio debut (Desapareció una noche, 2007). Había allí no sólo una rigurosidad narrativa y dramática, sino un dejo de desencanto que sí hacían pensar en un cineasta como Eastwood (de hecho, la película se inspiraba en una novela de Dennis Lehane, el mismo autor de Río místico). Argo, su tercer largometraje tras el policial Atracción peligrosa (2010), hace pensar más bien en alguien como Ron Howard (Apollo 13), que es otro buen - no gran - director.


Por Enrique Buchichio para Cartelera.com.uy
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