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Señales

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Título Original: Signs
País: Estados Unidos
Año: 2002
Género: Suspenso-Misterio-Ciencia ficción
Duración: 1h46'
Calificación: Todo público
Dirección: M. Night Shyamalan
Protagonistas: Mel Gibson - Joaquin Phoenix
Elenco: Rory Culkin - Patricia Kalember - Cherry Jones

El granjero Graham Hess (Mel Gibson) era un hombre profundamente religioso... hasta que perdió a su esposa en un accidente. Desde entonces nada ha sido igual, y se ha dedicado a trabajar su campo y criar a sus hijos (Rory Culkin, Abigail Breslin) acompañado de su hermano (Joaquin Phoenix). Todo lo que Graham creía acerca del mundo cambia abruptamente cuando descubre un mensaje – un intrincado diseño de círculos y líneas delineado en su campo de maíz. A medida que investiga este misterio, lo que descubre cambiará para siempre su vida y la de su familia.

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Comentario de Cartelera.com.uy

Encuentros cercanos de algún tipo

Es difícil no salir de ver Señales sin sensaciones encontradas. A quienes dicen que está todo mal, simplemente no les creo; algo les tiene que haber gustado. Lo que pasa es que, en estos tiempos, parece que la gente entra al cine con una idea muy clara de lo que va a ver, y si esa idea no se ve totalmente reflejada en la pantalla, entonces la película “es mala”. ¿Dónde ha quedado la capacidad de asombro, muchachos?

Esto no quiere decir que Señales me haya parecido una maravilla, ni mucho menos. Creo que había más ingenio y más “clima” en las obras anteriores de Shyamalan (Sexto sentido y El protegido), que acá repite algunas de sus marcas de fábrica, y que lamentablemente posee una tendencia hacia el trascendentalismo que, al final, incomoda a cierta parte del público.

Pero nadie va a perder la dignidad al admitir que la película entretiene. Imposible aburrirse con un relato que está bien construido, que diseña superficial pero eficazmente a sus personajes, y que se gana la complicidad del espectador casi desde el principio. Si algo confirma Shyamalan es que es un narrador hábil e interesante, y que maneja el suspenso como pocos directores de la actualidad. No le tiene miedo a contar una historia con apenas un puñado de actores, una locación base, sin recurrir a efectos visuales y con un estupendo despliegue de recursos técnicos (atención al diseño de la banda sonora y al empleo del fuera de cuadro como elemento dramático).

Con eso, y un par de actores infantiles bien aprovechados (está especialmente bien Rory Culkin, el hermanito menor de Macaulay), el director de origen indio logra lo que podría definirse como una buena combinación de varios clásicos de la ciencia ficción, desde La Guerra de los Mundos hasta E.T., sin dejar de lado a Encuentros cercanos del tercer tipo (no en vano le llaman “el nuevo Spielberg”) y varios filmes de clase B de los años ’50. ¿Cuál podría ser la diferencia a favor de Shyamalan? Que le aporta a su historia un dramatismo que suele estar ausente en la mayoría de ejemplos del género; su inminente invasión extraterrestre, de última, importa menos que el conflicto emocional del protagonista y su entorno (los hijos, el hermano, el vecino que cambió su vida para siempre, incluso el recuerdo de su esposa muerta). De acuerdo, es difícil creerse un primer plano de Mel Gibson compungido, pero una escena dramática no es sólo un actor, es también movimientos de cámara, iluminación, montaje, una música que entra en el momento justo, la reacción de otro actor. Y Shyamalan casi siempre es capaz de combinar todos esos elementos para que el resultado comprometa al espectador con la suerte de esos personajes.

¿Flaquezas? Sí, las hay. Principalmente, de nuevo, esa necesidad de otorgarle una trascendencia espiritual (Shyamalan, como todo hindú, es un hombre sumamente religioso) a lo que podría haber sido simplemente un drama humano común en una situación extraordinaria. Y desde un punto de vista estrictamente cinematográfico, creo que el nivel global del film hubiese sido superior si se hubiera jugado (sobre todo hacia el final) a sugerir más que a mostrar. Creo que por realizar una concesión al imaginario colectivo (los extraterrestres son...) el director pierde credibilidad y distrae la atención del espectador. Habría que preguntarse cómo hubiese reaccionado el público si la decisión de Shyamalan hubiera sido otra (concretamente, no mostrar); tal vez muchos se hubieran quedado con ganas de ver más. Eso nunca puede saberse; toda decisión implica esos riesgos.


Por Enrique Buchichio para Cartelera.com.uy
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