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500 días con ella

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Título Original: (500) Days of Summer
País: Estados Unidos
Año: 2009
Género: Comedia romántica
Duración: 1h35'
Calificación: Todo público
Dirección: Marc Webb
Protagonistas: Joseph Gordon-Levitt - Zooey Deschanel
Elenco: Matthew Gray Gubler - Geoffrey Arend - Chloe Moretz

Cuando Tom (Joseph Gordon-Levitt), un desventurado redactor de tarjetas, es de repente abandonado por su novia Summer (Zooey Deschanel), hace un repaso a través de varios períodos de sus 500 días juntos para tratar de entender cómo es que la relación no funcionó. (500) Days of Summer es en principio otra historia de amor, el típico “chico conoce a chica”... Y justo cuando uno está a punto de preguntarse si realmente hace falta otra comedia romántica llena de referencias a la cultura y, sobre todo, a la música pop (al estilo de Juno, Nick and Norah's Infinite Playlist o Adventureland), descubre que esta no es la típica historia de amor; es mucho más disfrutable, original, inteligente e incluso emotiva. Y entonces uno se pregunta: ¿por qué no?

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Comentario de Cartelera.com.uy

En pocas palabras…: Una irresistible comedia romántica que desafía algunas convenciones del género, gracias a un tratamiento fresco y original, una deliciosa banda sonora y dos protagonistas perfectos.

(Esta no es) una típica historia de amor

Una “nota de autor” al comienzo de la película advierte que estamos ante una obra de “ficción”, y que “cualquier semejanza con personas vivas o muertas es pura coincidencia”. Es una leyenda que suele incluirse al final de los créditos rodantes, siempre al final de la película, nunca al principio. Por eso llama un poco la atención. Pero entonces leemos: “Especialmente contigo, Jenny Beckman. Perra.” Además de subvertir por completo el significado de aquella advertencia, la “nota de autor” da cuenta de cierto tono que recorrerá la película (sarcástico, agridulce), y de que probablemente estemos ante una forma de catarsis de al menos uno de los dos guionistas, Scott Neustadter y Michael H. Weber.

(500) Days of Summer es en principio otra historia de amor, el típico “chico conoce a chica” que suele incluir romance, complicaciones, desencuentros, y finalmente una declaración (generalmente en público) de lo imposible que resulta vivir sin la otra persona, seguida de un beso y aplausos de los presentes (que generalmente suelen ser desconocidos de la pareja). Y justo cuando uno está a punto de preguntarse si realmente hace falta otra comedia romántica llena de referencias a la cultura y, sobre todo, a la música pop (al estilo de Juno, Nick and Norah's Infinite Playlist o Adventureland), descubre que (500) Days of Summer no es la típica historia de amor; es mucho más disfrutable, original, inteligente e incluso emotiva. Y entonces uno se pregunta: ¿por qué no?

Es cierto, muchos de los elementos clásicos del género están allí: “el chico” efectivamente conoce a “la chica” (de lo contrario no habría historia), el romance, las complicaciones y los desencuentros se suceden, pero por suerte no hay declaración en público ni aplausos al final. El protagonista tiene, como suele ocurrir en estos casos, un par de amigos que ofician de consejeros irónicos, de esos que le bancan la cabeza pero al mismo tiempo le suelen decir aquello que “el chico” no quiere escuchar; solo que en este caso se suma una tercera consejera inusual: la hermanita menor, que en varios aspectos pareciera mucho más madura de lo que indicaría su edad.

Pero aún en este –como en otros- lugares comunes, suele haber un uso original y significativo de los mismos. El protagonista, por ejemplo, es redactor de tarjetas de salutaciones (cumpleaños, casamientos, Día de San Valentín, etc.), y esto permite un juego muy divertido entre sus estados de ánimo y las frases que crea para las tarjetas, donde los primeros resultan sumamente inspiradores para lo segundo. Y, sobre todo, hay cierta inversión de roles en la que “la chica” no es la típica heroína romántica de este tipo de películas. Summer (que así se llama ella) dice no creer en el amor, mientras que Tom (como nos explica un narrador neutral que recuerda mucho al de Magnolia) siempre consideró que no sería realmente feliz hasta conocer a la mujer de sus sueños. (500) Days of Summer se convierte así en una desprejuiciada reflexión sobre la perdurabilidad del amor, sobre lo inútil que puede llegar a ser esa obsesión de mucha gente por ponerle nombre a las relaciones (el famoso “¿somos novios o qué?”) y sobre los efectos de los estados de ánimo en la vida diaria.

El director debutante Marc Webb (un realizador con experiencia en videos musicales y algún cortometraje) le imprime al asunto un aire muy fresco y desenvuelto, y se permite jugar con varios elementos narrativos y audiovisuales, como cuando introduce una secuencia musical coreografiada para reflejar el optimismo y la alegría de su protagonista, o como cuando convierte a éste en personaje de alguna película europea en blanco y negro para denotar su depresión o tristeza. En otros momentos recurre a la animación, o a la división de la pantalla para contar en paralelo, ante una situación determinada, las expectativas de Tom y lo que sucede en realidad. Es un tratamiento no del todo original pero efectivo, generalmente sorprendente y oportuno. Todo esto, sumado a un montaje que avanza y retrocede en el tiempo durante esos “500 días de Summer”, da como resultado una comedia romántica sumamente disfrutable. Y no, no es la típica historia de amor.

Tal vez se deba a la deliciosa banda sonora (Regina Spektor, The Smiths, Doves, Simon & Garfunkel, Carla Bruni), tal vez a las referencias cinéfilas que abarcan desde El Graduado hasta El Séptimo Sello. Quizás sea gracias al perfecto carisma de Joseph Gordon-Levitt (aquel chico de 3rd Rock from the Sun, ahora convertido en una de las mayores promesas de su generación), o a que Zooey Deschanel, una joven de increíbles ojos azules especialista en encarnar a “chicas raras”, finalmente parece haber encontrado a la “chica rara” definitiva. Lo cierto es que a medida que avanza la película uno se descubre inmerso en un regocijo poco común, deseando que no termine. Es un mérito raro de encontrar en estos tiempos.

Pero la película termina, y tuvo su duración justa, y su tono justo, y sus actuaciones justas. Y uno sabe que lo que acaba de ver no es una gran película, pero sí una película pequeña e irresistible, que de seguro va a volver a ver. Y uno espera volver a encontrar algo así antes de que pase demasiado tiempo. Como cuando se deja atrás un amor y se está listo para descubrir el amor siguiente. Así como pasan las estaciones: primero el verano, después el otoño, etcétera.


Por Enrique Buchichio para Cartelera.com.uy
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