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Retratos de una obsesión

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Título Original: One hour photo
País: Estados Unidos
Año: 2002
Género: Drama-Suspenso
Duración: 1h35'
Calificación: +12 años
Dirección: Mark Romanek
Protagonistas: Robin Williams - Connie Nielsen
Elenco: Robin Williams - Connie Nielsen - Eriq La Salle - Michael Vartan - Gary Cole - Dylan Smith

Quizás el comprador común y corriente no le preste mucha atención a Sy Parrish (Robin Williams), el hombre que se encuentra detrás del mostrador en la sección de revelado de fotos. De hecho, quizás jamás lo haya visto. No obstante, Nina Yorkin (Connie Nielsen) se percata de su presencia. Lo saluda con una sonrisa y le deja —y confía— los preciosos momentos de su vida familiar.
Sy ha visto los amorosos abrazos que Nina comparte con su marido Will (Michael Vartan). Ha presenciado cada vacación y día festivo. Si cualquier cosa, o alguien, irrumpe o interfiere con la percepción que Sy tiene de una familia perfecta, una familia de la cual siente que forma parte (como la de los Yorkin), entonces él también siente esa intrusión. De la misma forma en la que siente la responsabilidad de preservar los momentos perfectos, se siente obligado de corregir los imperfectos...
Un inquietante ejercicio de suspenso psicológico que ofrece a Robin Williams una oportunidad de demostrar que –cuando quiere- es algo más que un payaso. Vale la pena verlo.

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Miércoles 25 de Enero   |  18:15
Comentario de Cartelera.com.uy
Un hombrecillo oscuro

Parece que el 2002 marca la revelación definitiva de otro Robin Williams. Al tipo se lo vincula con la comedia desde Mork & Mindy, pasando por productos cinematográficos como Popeye, Pescador de ilusiones, Papá por siempre, o La jaula de los pájaros, para no hablar de las insoportables Flubber o Patch Adams. Pero lo cierto es que desde temprano el actor ha probado registros dramáticos (El Mundo según Garp, La Sociedad de los Poetas Muertos, El Agente Secreto), hasta llegar a su rol ganador de un Oscar por En busca del destino.
Algunos de los gestos ensayados en varias de esas actuaciones son reconocibles en su interpretación de Sy Parrish, el atento, amable, solitario y finalmente amenazante empleado de la tienda de revelados que encarna en Retratos de una obsesión. Habrá que estar atentos al astuto asesino serial que hace en Insomnia, junto a Al Pacino, para ver hasta qué punto Williams realmente ha ampliado su registro. El actor parece decidido a cambiar su imagen, y a juzgar por esta ópera prima de Mark Romanek, lo está logrando.

Si su retrato de este hombrecillo oscuro realmente llama la atención e inquieta tempranamente al espectador, es por su externa “normalidad”; lo vemos como alguien cercano, con quien podríamos cruzarnos varias veces al día sin jamás llegar a sospechar que esconde un peligro (cuando el personaje “malo” de una película lo lleva escrito en la frente, ¿cuál es la gracia?). Y porque, fundamentalmente, actor y guión lo introducen como un ser solitario, más bien patético, con quien desarrollamos una particular relación de simpatía similar a la que producía aquel chef que encarnaba maravillosamente Bob Hoskins en El Viaje de Felicia (1999), de Atom Egoyan.
En otras palabras, el hombre nos da pena; es, en definitiva, un perdedor, un solitario en desesperada necesidad de amor, calidez, y familia. Tal vez un incomprendido. Y cuando el cine nos proporciona individuos a quienes podemos condenar y comprender con la misma facilidad –es decir, cuando no nos hace las cosas fáciles dividiendo al mundo en blanco y negro- la experiencia se vuelve algo extrañamente gratificante.

Claro que Williams no está solo en este inquietante ejercicio de suspenso: el debutante Romanek aporta una narración segura, parcialmente engañosa, que nos revela las distintas facetas de su personaje, incluyendo a su escurridiza, retorcida imaginación y también a sus múltiples tormentos, donde se adivina un pasado muy distante de la felicidad que suelen derrochar las fotografías familiares que revela.
Pero también nos dibuja la otra cara, la de la familia victimizada, donde la perfección de esas fotografías esconde en realidad conflictos que no suelen quedar atrapados en los portarretratos. Hay quizás, hacia el final, una necesidad de explicación que se vuelve algo forzada, pero aún allí el director logra mantener el control de un relato que nunca se le escapa de las manos.

Por Enrique Buchichio para Cartelera.com.uy
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