Carancho

Carancho

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  • Titulo original: Carancho
  • Dirección: Pablo Trapero
  • Género: Drama-Thriller-Romance
  • Protagonistas: Ricardo Darín - Martina Gusman
  • País: Argentina-Chile-Francia Año: 2010
  • Duracion: 1h47'
  • Elenco: Carlos Weber - José Luis Arias - Fabio Ronzano
  • Sitio oficial IMBD
  • Disponible en: DVD
  • Tipo: Película

Ficha

Resumen

Sosa (Ricardo Darín) es un abogado especialista en accidentes de tránsito a punto de recuperar su matrícula. Se mueve entre guardias de hospitales, servicios de emergencias y comisarías en busca de posibles clientes. Luján (Martina Gusman) es una joven doctora recién llegada a la ciudad que trabaja en guardias de hospitales y servicios de emergencias. Una noche, tras un accidente, se conocen: ella está tratando de salvar una vida, él de convertir al accidentado en su cliente...

Comentario de Cartelera.com.uy

En pocas palabras…: Un thriller urbano oscuro, denso, pesimista, con grandes brillos formales (sobre todo en fotografía, sonido y montaje) y un retrato hiperrealista de ambientes y personajes que encierra una historia de amor. Muy buen cine, a pesar de algún efectismo.

A ras del suelo

carancho. m. Arg., Bol., Perú y Ur. Ave del orden de las Falconiformes, de medio metro de longitud y color general pardusco con capucho más oscuro. Carroñera, vive al borde de los bosques y en campo abierto, y con frecuencia se alimenta de animales que han sido atropellados en la carretera.

De la desgracia ajena siempre hay alguien que se alimenta. Detrás del flagelo de los accidentes de tránsito (22 víctimas promedio por día en Argentina, 8.000 al año) hay todo un negocio que involucra a abogados, jueces, policías, enfermeros, médicos, aseguradoras. Se mueve mucho dinero en indemnizaciones, pero solo una pequeña parte va a las víctimas de los accidentes, sobre todo si son pobres y no tienen quien defienda sus intereses. En este submundo urbano se ambienta Carancho, sexta película del argentino Pablo Trapero (Mundo Grúa, Nacido y Criado, Leonera) y uno de los títulos más notables que hayan llegado de la vecina orilla últimamente.

Si bien las leyendas iniciales – que ofrecen datos estadísticos como los que se mencionan en el párrafo anterior – hacen prever un drama de denuncia social, por suerte la historia toma otro rumbo. Y aunque la película cumple en llamar la atención sobre ciertos tipos de corrupción (algo que Trapero ya había hecho con la policía de la provincia de Buenos Aires en su segunda película, El Bonaerense) lo que básicamente cuenta es una historia de amor entre dos perdedores que están tratando de sobrevivir. Esa historia de amor tiene algunos rasgos interesantes: tanto Sosa como Luján son dos seres solitarios, de cuyo pasado sabemos poco y nada y que se necesitan como al oxígeno. Sin embargo, falta química entre Ricardo Darín y Martina Gusman como para que terminemos de creernos la pasión que se desata entre ambos. Es una pasión contaminada, es cierto, y en el universo frío, desolador y deshumanizante en que se mueven no hace falta mucho para que algún gesto de preocupación o de cariño sea suficiente.

Pero los aspectos más atractivos de este thriller condenadamente urbano son aquellos que lo convierten en un ejemplo rioplatense de cine noir hiperrealista, lleno de sordidez, personajes reconocibles, miserias humanas y carroñeros (“carancho” se le llama a quien hace el trabajo de Sosa: buscar clientes entre víctimas del tránsito, ya sea en la escena misma del accidente o en salas velatorias u hospitales). Nunca el Gran Buenos Aires había sido retratado en cine de esta manera (exceptuando quizás, otra vez, a El Bonaerense), envuelto en una nocturnidad que fascina e inquieta a la vez. La cosa se pone buena cuando los protagonistas salen a la calle y se sumergen en ese mundo caótico y cruel de las ambulancias, las salas de emergencia, los vidrios rotos, las “fundaciones” que en realidad son fachada de estudios jurídicos truchos. Un mundo del que quieren escapar desesperadamente.

Trapero, y su estupendo director de fotografía Julián Apezteguía, filman esos escenarios (tanto interiores como exteriores) con una precisión y plasticidad poco frecuentes, acechando a sus personajes en primeros planos claustrofóbicos. Desde el punto de vista visual, Carancho (que fue filmada en digital y ampliada a 35 milímetros para su exhibición) no tiene nada que envidiarle a las mejores producciones hollywoodenses, solo que allá una película como esta sería impensable. En parte por su focalización en algunos temas y ambientes propios de este tercer mundo, y en parte por su pesimismo: Carancho es una película violenta, sucia, por momentos sangrienta, que no le aplica anestesia ni a sus personajes ni a sus espectadores. En ese sentido Trapero es coherente: si vamos a sumergirnos en una historia jodida, hagámoslo en serio. Como director, es un tipo muy seguro de sus medios, que además se da el lujo de exhibir cierto virtuosismo formal en varios planos secuencias, algunos de gran complejidad.

Si Carancho no es la gran película que podría haber sido es, en parte, por el elenco: hay alguna actuación secundaria algo afectada (como la de José Luis Arias) y ciertos tics recurrentes de Martina Gusman (pareja de Trapero y productora ejecutiva de la película), quien por lo general – y como ya lo demostró en Leonera (2008) - es una actriz de carácter. Darín, cuyo personaje es algo así como una mezcla entre el Marcos de Nueve Reinas (2000) y el Benjamín Espósito de El Secreto de sus Ojos (2009), corre el riesgo de ser siempre Darín, aunque no hay forma de no creerle haga lo que haga. Pero más que nada por un par de baches narrativos: una zona, promediando la película, luce algo estancada, y el final es - además de previsible - más bien efectista.

Pero más allá de esos reparos – y si el trago amargo pudo digerirse - uno deja la sala con la sensación de haber visto muy buen cine, y de haberse sumergido por casi dos horas en un submundo lejano y cercano a la vez. Con la tranquilidad, además, de haber salido ileso.


Por Enrique Buchichio para Cartelera.com.uy

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