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Relatos salvajes

Relatos salvajes

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  • Titulo original: Relatos salvajes
  • Dirección: Damián Szifron
  • Género: Comedia dramática
  • Protagonistas: Ricardo Darín - Oscar Martínez - Leonardo Sbaraglia
  • País: Argentina-España Año: 2014
  • Duracion: 122'
  • Elenco: Darío Grandinetti - Érica Rivas - Rita Cortese - Julieta Zylberberg
  • Sitio oficial IMBD
  • Disponible en: DVD
  • Tipo: Película

Ficha

Resumen

Un ingeniero experto en demoliciones; la moza y la cocinera de un parador de mala muerte; un enigmático episodio que transcurre íntegramente en el interior de un avión; un casamiento que avanza hacia la catástrofe; una negociación oscura en el marco de una tragedia familiar; y una inusual historia de acción en la ruta. De la imaginación del guionista y director de Los Simuladores y Tiempo de Valientes, llega una película integrada por seis historias independientes que combinan suspenso, humor y violencia.

Trailer

Comentario de Cartelera.com.uy

En pocas palabras...: Si el placer de ir al cine implica, muchas veces, ver escenas increíbles ejecutadas brillantemente, entonces Relatos salvajes es un placer casi constante.

Perdiendo el control

Nueve años le tomó a Damián Szifron (Buenos Aires, 1975) estrenar su tercera película, y eso contribuye seguramente a convertirla en la película argentina más esperada del año. Pero no sólo eso; el trailer es espectacular, y si uno tiene en cuenta que detrás de lo que promete está el mismo hombre que creó Los simuladores (2002) y Tiempo de valientes (2005), la expectativa aumenta. La distribuidora Warner apuesta a eso y al atractivo elenco para augurar un récord de taquilla que, si se da, no hará otra cosa que confirmar a Szifron como el cineasta argentino del momento.

Lo orígenes televisivos del director (que también fue guionista de un par de episodios de Mujeres asesinas y creador de otra serie original, Hermanos y detectives) se notan en la creación de seis historias independientes que perfectamente podrían funcionar como capítulos unitarios de una serie sobre un tema común (en este caso, algo así como "seres humanos comunes impulsados, a partir de eventos de la vida cotidiana, hacia extremos de violencia y locura"). Esos capítulos o historias independientes (acá no hay ningún cruce entre ellas, ningún personaje de alguna de las historias aparecerá en ninguna de las otras) funcionan bien en general aunque con diferentes grados de interés. Lo que las caracteriza, además de ese tema en común y una clara tendencia que bordea (y a veces traspasa) los límites del sarcasmo más brutal, es su planteo formal frecuentemente brillante.

Se nota que Szifron y sus colaboradores (especialmente su director de fotografía Javier Juliá) han planificado hasta el más mínimo detalle cada plano, cada movimiento de cámara con el objetivo de asombrar a su espectador. Porque no solo las historias son, en general, atrapantes sino que están narradas de manera impecable desde el punto de vista cinematográfico. Es tal el impacto que producen en ese sentido (en el más estricto sentido de "espectáculo cinematográfico") que se le perdonan fácilmente todos sus puntos flacos o debilidades dramáticas, que las tiene, viéndose eclipsadas por una puesta en escena demoledora.

La primera historia (la del avión) comienza muy bien pero se torna altamente inverosímil. No es posible tomarse en serio lo que propone, y pronto queda claro que su función es dejar boquiabierto al espectador de entrada nomás. La segunda (la del parador en la noche de lluvia) es igualmente débil, por más que siempre es un placer ver a Rita Cortese haciendo casi cualquier personaje. Las motivaciones de los personajes son presentadas de entrada y sin preámbulos, de manera directa y obvia en el caso de la joven moza, y de manera más ambigua en el caso de la cocinera. El tercero en discordia se hace odiar muy fácilmente. Y el desenlace es, además de previsible, intrascendente; el cuento termina y no deja nada más que una buena actuación (de nuevo, Cortese) y un par de buenos chistes de humor negro sobre veneno para ratas.

El tercer episodio (el de Leonardo Sbaraglia en la ruta) es uno de los mejores. Haciendo honor al título de la película, se trata de un cuento desquiciado sobre los instintos más salvajes y primitivos del hombre (sí, del género masculino en particular), con apuntes sobre las diferencias de clase y las imprevisibles ramificaciones de la violencia como solución de conflictos, con consecuencias macabras. El cuarto episodio (el de Darín) está muy bien y genera, además, ese raro placer catártico de ver en pantalla lo que más de una vez hubiese uno querido hacer ante la impotencia del maltrato burocrático y otras injusticias sociales, sobre todo en un mal día. Es como una versión porteña de Un día de furia, aquella excelente película con Michael Douglas. Y si bien el final no convence, es otra ironía de Szifron, en este caso sobre la exposición mediática y los héroes que son capaces de generar las redes sociales y los medios de comunicación.

El quinto episodio es también muy bueno, sobre todo por la brillante actuación de Oscar Martínez como padre de familia acomodada que intenta "comprar" por todos los medios una solución a un entuerto de su hijo adolescente. Quienes hayan visto la película - también argentina - Sin retorno (2010) entenderán por qué la historia les suena familiar. Aquí Szifron (que dirige de manera más convencional y menos impactante) se despacha - siempre con ironía - contra la corrupción en las clases altas, la policía y la justicia de su país.

Y finalmente, aplicando aquella máxima que expresa el especialista en guiones Robert McKee (Brian Cox) en Adaptation ("El último acto es la película. Podés tener imperfecciones, problemas, pero sorprendelos al final y tendrás un éxito"), Szifron deja para el final el más delirante y divertido de los episodios (si uno acepta que una boda que se vuelve sangrienta pueda resultar divertida, claro). Cuenta para ello con una excelente comediante como es Érica Rivas, encarnando a un personaje al que se le va la moto a 300 kilómetros por hora, convirtiendo un evento que es pura pose y apariencia en una fiesta delirante al mejor estilo Álex de la Iglesia.

Si el placer de ir al cine implica, muchas veces, ver escenas increíbles ejecutadas brillantemente, entonces Relatos salvajes es un placer casi constante. Si no llega a resultar memorable es quizás porque no dejan de ser seis historias independientes e irregulares, con diversos grados de interés.


Por Enrique Buchichio para Cartelera.com.uy

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