Foxcatcher

Foxcatcher

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  • Titulo original: Foxcatcher
  • Dirección: Bennett Miller
  • Género: Drama
  • Protagonistas: Steve Carell - Channing Tatum
  • País: Estados Unidos Año: 2014
  • Duracion: 134'
  • Elenco: Mark Ruffalo - Sienna Miller - Vanessa Redgrave - Anthony Michael Hall
  • Sitio oficial IMBD
  • Disponible en: Netflix
  • Tipo: Película

Ficha

Resumen

Basada en hechos reales, Foxcatcher cuenta la oscura y fascinante historia de la trágica relación entre un excéntrico millonario y dos hermanos, campeones de lucha libre. El luchador Mark Schultz (Channing Tatum), ganador de la medalla olímpica de oro, es invitado por el rico heredero John Du Pont (Steve Carell) a mudarse a su propiedad, para ayudarlo a entrenar un equipo para las Olimpíadas de Seúl de 1988. Schultz aprovecha la oportunidad, ansioso por salir de la sombra de su hermano mayor Dave (Mark Ruffalo), un prominente entrenador de lucha y también medallista olímpico. Mientras la relación entre Mark y du Pont se profundiza, los tres se encaminan hacia una tragedia que nadie podía prever. Basada en hechos reales, la película le valió a Bennett Miller el premio al mejor director en el Festival de Cannes 2014.

Trailer

Comentario de Cartelera.com.uy

En pocas palabras...: Son las dos sobrias y contenidas actuaciones de Channing Tatum y Mark Ruffalo sobre las que se cimenta la gran fuerza emocional de la historia. No es una fuerza emocional declarada ni declamatoria; está escondida en los pequeños detalles, en medio de una tensión que se va construyendo lentamente.

Tragedia americana

Como ya lo hizo en Capote (2005), su extraordinario debut como director de cine de ficción, Bennett Miller vuelve en Foxcatcher a diseccionar meticulosamente un episodio real, oscuro y trágico de la sociedad estadounidense. Aquí también conviven dos mundos, dos clases sociales bastante opuestas como sucedía en aquel antecedente, que retrataba el proceso de investigación que llevó a Truman Capote a escribir su célebre novela A sangre fría (1966). La relación entre el autor - intelectual, acomodado, abiertamente gay y famoso - con uno de los asesinos de una familia rural era el núcleo de aquella película, que daba cuenta de cómo Capote (un brillante Philip Seymour Hoffman) manipulaba a su entrevistado, en definitiva un pobre tipo solitario que había cometido un crimen, estirando incluso el proceso legal para obtener una confesión que se hacía desear.

En Foxcatcher, tercera película de ficción de Miller, también conviven dos estratos sociales: por un lado el de los hermanos Schultz, dos atletas de origen humilde y clase trabajadora, y por otro el de John du Pont, heredero de una familia millonaria de Pennsylvania, filatelista, ornitólogo, filántropo, amante de las armas y entusiasta del deporte amateur, que en la década de 1980 estableció en la extensa propiedad de su familia (la granja Foxcatcher que da título a la película) un centro de entrenamiento en lucha libre. Hasta allí llegaron, bajo diferentes circunstancias, los hermanos Mark y Dave Schultz, estableciéndose entre los tres una relación tensa, que se fue enrareciendo con el paso del tiempo hasta derivar en tragedia.

Hay algunas diferencias, sin embargo: esta vez el crimen no fue cometido por el "desclasado", el perdedor, el pobre tipo. Tal vez haya espectadores que prefieran no saber quién apretó el gatillo, pero la historia - si bien no muy conocida por estos lados - es real y forma parte de la crónica roja estadounidense de fines del siglo XX. Los hermanos Schultz eran medallistas olímpicos, por lo que el caso no pasó inadvertido en el mundo del deporte ni de la oligarquía norteamericana, de la que Du Pont era un conocido representante. En definitiva, Foxcatcher no es un thriller de suspenso donde lo que importa al final es revelar la identidad del culpable. De lo que se encarga el minucioso guión de E. Max Frye y Dan Futterman (este último colaborador de Miller en Capote) es de delinear dos personalidades complejas y contradictorias, pero al mismo tiempo con carencias en común (tanto Mark Schultz como Du Pont son dos individuos con el orgullo herido, que no obtenían todo el reconocimiento que creían merecer).

Esponsorear a un equipo de lucha libre y entrenarlo para llegar a competir en las Olimpíadas de Seúl de 1988, era para Du Pont su forma de contribuir a la mejor gloria de Estados Unidos. De darle esperanzas. Du Pont se consideraba a sí mismo un patriota, pero era ante todo un hijo que no había logrado ganarse el respeto ni la aprobación de su madre, una vieja dama amante de los caballos para quien la lucha libre era un deporte "bajo". Por qué Du Pont insistía en ganarse su reconocimiento de esa manera es, de algún modo, uno de los misterios que rodeaban la personalidad del heredero, un hombre de conducta errática, adicto al alcohol y a las drogas y con serios problemas de paranoia a medida que la historia avanza.

La película no se mete (apenas lo sugiere mínimamente) con un costado probable del asunto: la fascinación de Du Pont por sus atletas, y en especial por Mark, podía esconder una atracción homoerótica muy reprimida. Después de todo, John era un soltero ya maduro con una particular fascinación por el contacto físico con hombres musculosos y en malla. Hay una escena notable que lo resume todo, en cierto modo: cuando su madre (una muy veterana Vanessa Redgrave) visita brevemente el entrenamiento del equipo Foxcatcher, su hijo asume abruptamente el rol de entrenador (algo que nunca había sido realmente y que a esa altura ejercía claramente Dave Schultz, hermano mayor de Mark) y hace una exhibición de lucha junto a un joven atleta. Allí suceden dos cosas: por un lado Dave se da cuenta de que el extraño comportamiento de John es una desesperada búsqueda de aceptación y admiración, y por el otro, la señora Du Pont abandona el lugar apenas ve a su hijo boca abajo contra el piso debajo de otro hombre. Hay cosas tan obvias que es mejor no ver...

Al igual que en Capote, Miller (que entre ambas películas se tomó un descanso con la mucho más optimista y ligera Moneyball, de 2011) se toma el tiempo debido para ir construyendo los acontecimientos, las relaciones humanas, el paso del tiempo. Hay una casi imperceptible tensión que va creciendo lentamente, hasta un estallido de violencia final seco, austero, casi ridículo. Tan ridículo como casi todo lo que hace o dice Du Pont, un irreconocible Steve Carell disimulado tras mucho maquillaje, feos dientes y una prótesis nasal que colaboran en alejarlo del bufón simpático al que nos tiene acostumbrados. Sin embargo, son las dos sobrias y contenidas actuaciones de Channing Tatum y Mark Ruffalo (como Mark y Dave, respectivamente) sobre las que se cimenta la gran fuerza emocional de la historia. No es una fuerza emocional declarada ni declamatoria, por supuesto; está escondida en los pequeños detalles, en los mínimos gestos, en las pocas palabras que pronuncia Mark ante las preguntas directas de su hermano, y en la envidiable vida familiar de Dave, que es precisamente lo único que Du Pont no tiene ni puede comprar.

A fin de cuentas, lo que aquí se narra son los entretelones de una típica tragedia americana, tan absurda y dolorosa como previsible en una sociedad que hace culto al éxito, a la gloria y a las armas.


Por Enrique Buchichio para Cartelera.com.uy

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