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El código Enigma

El código Enigma

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  • Titulo original: The imitation game
  • Dirección: Morten Tyldum
  • Género: Drama
  • Protagonistas: Benedict Cumberbatch - Keira Knightley
  • País: Reino Unido-Estados Unidos Año: 2014
  • Duracion: 114'
  • Elenco: Matthew Goode - Rory Kinnear - Charles Dance - Mark Strong
  • Sitio oficial IMBD
  • Tipo: Película

Ficha

Resumen

Como líder de un variado equipo de académicos, lingüistas, campeones de ajedrez y oficiales de inteligencia, el matemático y analista criptográfico Alan Turing (Benedict Cumberbatch) fue reconocido por haber descifrado los códigos teóricamente inviolables de la máquina alemana Enigma durante la Segunda Guerra Mundial. A pesar de ayudar a ganar la guerra y salvar miles de vidas, Turing terminó sus días perseguido y criminalizado brutalmente por su homosexualidad.

Trailer

Comentario de Cartelera.com.uy

En pocas palabras...: La película funciona como thriller de espionaje en tiempos de guerra y también como retrato biográfico de una personalidad atormentada y brillante, una estupenda labor protagónica de Benedict Cumberbatch.

Rompiendo códigos

Alan Turing tenía 41 años cuando se quitó la vida en 1954, dos años después de haber sido condenado por "indecencia grave y perversión sexual" bajo una ley de 1885. La misma ley por la que el gran autor Oscar Wilde había sido condenado a dos años de prisión y trabajos forzados más de 50 años antes. La misma ley por la que, en Gran Bretaña, unos 49.000 hombres fueron procesados por la misma razón que Wilde y Turing: eran homosexuales.

Esto no es un spoiler, esto es parte de la historia. Y es la razón esencial por la que la vida de Turing resulta una gran contradicción producto de la doble moral de una sociedad hipócrita y conservadora. Porque el extraordinario matemático y criptógrafo - que había nacido en Londres en 1912 - hizo dos contribuciones que marcaron el siglo XX: inventó la máquina que logró descifrar los códigos nazis, permitiendo vencer al ejército alemán y poner fin a la Segunda Guerra Mundial, y sentó las bases para la informática moderna. Prácticamente en un mismo proceso se convirtió en héroe de guerra y en inventor de la computadora, y sin embargo fue destruido por el mismo país que ayudó a salvar.

Solo eso justifica la existencia de esta película que reivindica su lugar en la historia (como también lo hacía, a su manera, la obra de teatro Rompiendo códigos, de Hugh Whitemore, que en Uruguay tuvo a Roberto Jones como protagonista). Pero una pieza cinematográfica debe funcionar más allá de la mera reivindicación, debe funcionar narrativamente. Y El código Enigma funciona, más allá de algunos clichés necesarios y de algunos giros dramáticos previsibles. Funciona como thriller de espionaje en tiempos de guerra (una guerra que casi no se ve, pero de la que se da cuenta a través de material de archivo, de algunas escenas que muestran los efectos de los bombardeos sobre Londres, y de varios enunciados de los personajes), y como retrato biográfico de una personalidad atormentada y brillante. El Turing que compone muy bien Benedict Cumberbatch es un genio antisocial, que usa tanto su inteligencia como su ironía para relacionarse con los demás (hay varios apuntes de humor en ese sentido, que funcionan bastante bien como contrapeso de los aspectos más dramáticos del asunto). Y es también, por supuesto, tanto un héroe silencioso como una víctima de la intolerancia.

El guión de Graham Moore (basado en un libro de Andrew Hodges) cumple básicamente con las reglas de una biopic, aunque en este caso concentrándose puntualmente en dos episodios decisivos en la vida de su personaje: los años que estuvo al servicio del ejército británico y del M16 (servicio secreto inglés), liderando el equipo que intentaba descifrar los códigos de la comunicación nazi, y la investigación policial que llevó a su terrible condena algunos años después. A eso agrega algunos flashbacks con los que ilustra la primera adolescencia de Turing, cuando se moldeó su fascinación por las matemáticas y conoció a alguien que marcaría su vida y su sensibilidad. De manera que hay tres tiempos narrativos que se intercalan permanentemente, aportando información de forma progresiva hacia un angustiante desenlace.

En definitiva, lo terrible de la historia de Turing no es que a un brillante matemático que ayudó a ganar la guerra lo castraran químicamente, empujándolo al suicidio. Esa es la gran contradicción, el caso célebre (como lo fue el de Oscar Wilde hacia fines del siglo XIX) que permite denunciar la tragedia mayor: la condena de esos 49.000 hombres que - de acuerdo al Estado y la ley inglesa - desafiaban la moral y los códigos sociales de su tiempo.


Por Enrique Buchichio para Cartelera.com.uy

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