El cadáver de la novia

El cadáver de la novia

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  • Titulo original: Tim Burton's Corpse bride
  • Dirección: Tim Burton -Michael Johnson
  • Género: Animación
  • Protagonistas: Johnny Depp - Helena Bonham Carter
  • País: Estados Unidos-Reino Unido Año: 2005
  • Duracion: 1h14'
  • Elenco: Emily Watson - Richard Grant - Albert Finney - Tracey Ullman
  • Sitio oficial IMBD
  • Disponible en: VHS DVD
  • Tipo: Animación

Ficha

Resumen

La historia comienza cuando, por accidente, el joven Victor pronuncia las palabras del rito matrimonial a campo abierto. En ese momento, del suelo se levanta el cadáver en descomposición de una novia (con vestido harapiento incluido) y le reclama que ahora debe casarse con ella. El problema es que Victor está comprometido con otra mujer y ahora debe resolver este conflicto de la mejor manera posible. El Cadáver de la Novia es una nueva producción animada de Tim Burton, empleando la misma técnica artesanal de animación cuadro a cuadro que dio vida a su anterior El Extraño Mundo de Jack (1993), dirigida por Henry Selick.

Comentario de Cartelera.com.uy

Macabro cuento de hadas

Tim Burton lo ha hecho de vuelta. El mejor realizador de cine fantástico activo en Hollywood se ha sacado el gusto de hacer una película que va a contrapelo del cine de hoy por dos costados: 1) no apela a la tecnología digital para animar a sus criaturas, sino que se recurre a la vieja, querida y artesanal animación cuadro a cuadro, o stop motion, que el propio Burton había utilizado en sus anteriores producciones El Extraño Mundo de Jack (1993) y Jim y el Durazno Gigante (1996), ambas dirigidas por Henry Selick; y 2) celebra la vida tanto como la muerte, o la vida después de la muerte, o la vida antes de la muerte... en fin. En todo caso, El Cadáver de la Novia (título que puede espantar a más de uno, aunque no debería) es una celebración original y festiva que confirma el bizarro talento de su creador.

No es la primera vez que la muerte inspira la imaginación de Burton, quien llamó tempranamente la atención cuando era un animador para los estudios Disney con uno de sus primeros cortos, Frankenweenie (1984), en la que un Victor Frankenstein adolescente devolvía a la vida a su mascota Sparky. Como no podía ser de otra manera, la Disney lo despidió por malgastar sus recursos en películas como ésta, a las que el estudio consideraba “no apropiadas” para una audiencia familiar. No podrían haberle hecho un mejor favor: al año siguiente, Burton estaba debutando como director de largometrajes con una comedia al servicio de Pee-wee Herman (La Gran Aventura de Pee-wee) y, poco después, expandiría su coqueteo con la muerte a través de Beetlejuice (1988), la hilarante historia de un matrimonio de fantasmas que contrata los servicios de un “bio-exorcista” (exorcista de vivos) para ahuyentar a los nuevos ocupantes de su casa. Después vendría el ruido y el éxito de Batman (1989), un suceso comercial que no se le subiría a la cabeza. Su siguiente paso (El Joven Manos de Tijera) fue una conjunción perfecta entre lo macabro y el cuento de hadas, probablemente la mejor definición de su obra, además de un tierno homenaje a su admirado Vincent Price (que murió poco después) y su primera colaboración con quien se convertiría en su actor fetiche: Johnny Depp.

Los villanos resentidos de Batman Vuelve (una Gatúbela y un Pingüino que regresan de la muerte para vengarse de quienes los arrojaron como basura); la alocada vitalidad de Ed Wood en contraste con la mortuoria agonía de Bela Lugosi; la estupidez humana desafiada por la violencia irracional de los marcianos (¡Marcianos al ataque!); la amenazante figura del jinete sin cabeza degollando a los habitantes de Sleepy Hollow; y hasta la cercanía de la muerte de un padre como camino hacia la reconciliación y el reencuentro con la fantasía (El Gran Pez), son probablemente la respuesta cinematográfica de este “freak” nacido en el suburbio de Burbank, California (igualito al que acogía y luego repudiaba a Eduardo Manos de Tijera), a una adolescencia seguramente vapuleada por sus compañeritos de “high school” que se reirían de su palidez y de su pelo revuelto (mismos signos que lo caracterizan ahora que está arañando los 50 años).

Todo el cine de Burton (a excepción de ese mal paso comercial que fue El Planeta de los Simios) clama a gritos su independencia y su diferenciación del establishment, aún desde dentro del propio establishment (sus películas son producidas y distribuidas por las grandes compañías de Hollywood). Pero una pose o una filosofía no alcanzarían sin una propuesta estética que la sustente, es decir, sin buen cine. El Cadáver de la Novia, que no es necesariamente una película “para niños”, tiende un puente entre dos mundos claramente diferenciados: el de los vivos, gris, sombrío, casi como una versión victoriana de Sleepy Hollow; y el de los muertos, un vecindario colorido con mucho de carnaval en Día de Muertos, donde todo el mundo parece estar pasándola bomba. El contraste visual y sonoro entre estos dos universos paralelos es uno de los grandes aciertos de la película, y en eso también juega un rol fundamental la música de Danny Elfman, viejo colaborador del director, por más que los personajes cantando se nos antoje una vieja manía del cine animado un poco pasada de moda.

Burton siempre ha sido, de algún modo, un poco cada uno de sus personajes. Tiene tanto del inventor que dejó inconcluso a Eduardo Manos de Tijera como del investigador excéntrico de Sleepy Hollow; tanto del cineasta artesanal incomprendido que fue Ed Wood como del eterno contador de fábulas de El Gran Pez. Y el Burton que hizo El Cadáver de la Novia es un poco todos ellos juntos, empeñados en darle vida a unos muñequitos articulados a los que hay que fotografiar pacientemente, cada día, para lograr apenas dos segundos de película. Por eso su homenaje a un maestro de la animación stop motion como Ray Harryhausen (el piano que toca Victor tiene la marca “Harryhausen” en una placa) se carga de significación.

De la misma manera, Johnny Depp siempre ha sido de algún modo cada uno de los personajes en los que Burton lo ha colocado. Es que es imposible imaginar a otro actor que pudiera ser Edward, Ichabod Crane, Ed Wood y, sí, este Victor Van Dort atrapado entre una “viva novia muerta” y una prometida “muerta en vida”.

Tal vez faltó un poco más de rigurosidad en el guión, sobre todo en el desenlace y en la excesiva caricatura de algunos personajes (particularmente el despreciable Barkis Bittern). Pero cualquier observación se compensa con la magia de la animación, la formidable fotografía de Pete Kozachik, la estupenda música de Elfman, y ese macabro humor que Tim Burton trae en la sangre desde los suburbios de Burbank.


Por Enrique Buchichio para Cartelera.com.uy

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