Lejos del paraíso

Lejos del paraíso

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  • Titulo original: Far from heaven
  • Dirección: Todd Haynes
  • Género: Drama
  • Protagonistas: Julianne Moore - Dennis Quaid
  • País: Estados Unidos-Francia Año: 2002
  • Duracion: 1h47'
  • Elenco: Julianne Moore - Dennis Quaid - James Rebhorn - Dennis Haysbert - Patricia Clarkson
  • Disponible en: DVD
  • Tipo: Película

Ficha

Resumen

Hartford, Connecticut, invierno de 1957. La aparente perfección de la vida de Cathy Whitaker (Julianne Moore), madre de dos hijos y ama de casa de clase media-alta, da un vuelco radical cuando descubre un secreto oculto por su marido (Dennis Quaid) durante largo tiempo. Su jardinero negro (Dennis Haysbert) se convertirá en el mejor apoyo de la protagonista. Y en una época en que las apariencias y el prejuicio racial y sexual rigen la sociedad norteamericana (quizá tanto como hoy mismo), la actitud de Cathy la conduce inevitablemente a un enfrentamiento con su entorno.

Tanto los críticos como el propio director y guionista Todd Haynes (Velvet Goldmine) coinciden en nombrar al realizador Douglas Sirk (Imitación a la vida, 1959) como referente directo del estilo que Lejos del Paraíso homenajea e imita: el de los melodramas en Technicolor del Hollywood de los años ‘50. La perfecta ambientación para un ejercicio de estilo que es, en realidad, una fascinante y madura aproximación a los prejuicios sociales y a la constante represión de la auténtica felicidad. Dentro de un elenco excelente donde sorprende Dennis Quaid, Moore confirma por qué es una de las mejores actrices norteamericanas contemporáneas.

Comentario de Cartelera.com.uy

Belleza americana

"Es pecado avergonzarse de lo que uno es. Y es aún peor mentir, simular."
Juanita Moore en el papel de Annie Johnson
Imitación de la vida (1959)

Cine de mujeres, le llamaban. Como si existiera un tipo de cine para cada sexo. Pero aparentemente no estaba bien visto si un hombre, en los años '50, iba al cine a ver un título llamado Sublime obsesión, o Imitación de la vida. Un cine sobre mujeres apasionadas, sufridas, que lloraban y hacían llorar. Verdaderos melodramas.

Ay, lo que estaba bien visto y lo que no. Lo que está bien visto y lo que no. En aquella época, es probable, la gente simulaba más que ahora, mentía más que ahora. Se avergonzaba, para seguir el razonamiento de Annie Johnson, de lo que era. De lo que verdaderamente era. Así como, en Imitación de la vida, la joven Susan Kohner repudiaba a su madre negra y simulaba ser blanca (gracias a que su padre lo era), otra gente repudiaba a los blancos que trataban a los negros, o a los homosexuales, o a los judíos, o a los... La gente siempre odió con mucha facilidad. La gente odia lo que no conoce, prejuzga a quienes no conoce. La gente teme, y entonces odia.

De todo eso se trata la nueva película de Todd Haynes, uno de los realizadores más notables surgidos en los años '90 junto a gente como Paul Thomas Anderson (Magnolia) y Todd Solondz (Felicidad). Su trayectoria es curiosa: estudió cine como parte de su programa de semiótica en la universidad, a comienzos de los '80; realizó su debut como director en 1987 con Superstar: la historia de Karen Carpenter, un mediometraje de 43 minutos interpretado enteramente por muñecas Barbie. Como utilizó las canciones de los Carpenters sin pagar los derechos, Haynes debió retirar el film de circulación comercial, pero pasó a convertirse en un objeto de culto underground, sobre todo dentro de la comunidad gay.

Luego dirigió Poison (1992), que narraba tres historias independientes sobre personajes que se encontraban fuera de su ambiente por diversas circunstancias. Como fue financiada en parte por una institución oficial, Haynes se vio envuelto en una controversia frente a sus patrocinadores, que acusaban a la película de "obscena". Esa notoriedad no hizo más que acrecentar su imagen como el más célebre representante del "nuevo cine gay" surgido a comienzos de los años '90, luego del primer impacto del SIDA. Pero entonces el propio Haynes sacudió a su propia comunidad al realizar A salvo (1995), un drama suburbano sobre un ama de casa (Julianne Moore, en su primera colaboración juntos) que sufre de una extraña "enfermedad ambiental". Poco después confirmó su talento extraordinario al dirigir Velvet Goldmine (1998), una fascinante revisión de la era del glam rock.

Lejos del paraíso, su cuarto largometraje, le valió elogiosas críticas y numerosos premios (entre ellos una nominación al Oscar por su guión original), y reafirma su posición en Hollywood como un autor personal, independiente y desafiante. Le siguen preocupando los individuos en conflicto con su entorno, y reelaborar los códigos del melodrama "a lo Douglas Sirk" es una forma de decir que aquellos prejuicios, aquellos odios, aquellas represiones, siguen todavía vigentes.

La diferencia es que ahora, al menos, se puede hablar de ello sin ser públicamente censurado. En el Hollywood de los años '50 no había personajes homosexuales (¿a quién podía ocurrírsele?), y una película de Douglas Sirk podía hablar de racismo, como lo hace Imitación de la vida (1959), pero ese nunca era el drama central. Las películas representaban a la sociedad norteamericana de clase media alta pero sin desnudarla; era hasta donde se podía (o quería) llegar. De alguna manera eran el equivalente de entonces a algo como Belleza americana, cuyo cuadro familiar suburbano desechó toda corrección política para hablar de las verdaderas frustraciones. Habían pasado 40 años.

En Lejos del paraíso, Cathy Whitaker despierta los prejuicios de su comunidad cuando traba amistad con su jardinero negro (Dennis Haysbert), pero al mismo tiempo descubre deseos ocultos en su propio hogar, que en la superficie exhibe la perfección de una tapa de revistas. A partir de allí su mundo se desmorona, pero se desmorona silenciosamente, como corresponde. Cuando su mejor amiga intuye que Cathy sufre algún serio problema doméstico, su gesto máximo consiste en decirle que puede contar con ella para lo que sea, pero inmediatamente se retira hacia el auto y se va. De eso no se habla.

El desgarro interior de la protagonista contrasta notablemente con el colorido y la perfección de ambientes, vestuarios y paisajes. Es en ese sentido que Haynes cubre de sentido dramático la extrema estilización de su película; no se trata sólo de recrear un género, sino de ponerlo al servicio de una historia sobre la vergüenza, la mentira y la simulación. De esta manera, Lejos del paraíso es al mismo tiempo una fiesta para los ojos y oídos (la música de Elmer Bernstein recrea también cierta nostálgica sonoridad) y un movilizador cuadro de personajes enfrentados a sus propios deseos, miedos y prejuicios. No hay buenos y malos, sino -como en todo melodrama típico- seres humanos vulnerables que no pueden evitar hacerse daño unos a otros.

Quienes no conozcan los antecedentes en los que se inspira, podrán encontrar Lejos del paraíso más bien anticuada, desde el diseño de los títulos hasta los diálogos y la acción de sus personajes. Y es que, en parte, de eso se trata: de filmar como se hacía antes para poder decir que, en muchos aspectos, todavía no hemos alcanzado la modernidad.

Por Enrique Buchichio para Cartelera.com.uy

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