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Creed: corazón de campeón

Creed: corazón de campeón

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  • Titulo original: Creed
  • Dirección: Ryan Coogler
  • Género: Drama
  • Protagonistas: Michael B. Jordan - Sylvester Stallone
  • País: Estados Unidos Año: 2015
  • Duracion: 133'
  • Elenco: Tessa Thompson - Phylicia Rashad - Andre Ward - Tony Bellew
  • Sitio oficial IMBD
  • Disponible en: DVD
  • Tipo: Película

Ficha

Resumen

Adonis Johnson (Michael B. Jordan) nunca conoció a su famoso padre, el campeón mundial de pesos pesados Apollo Creed, quien murió antes de que él naciera. Pero es innegable que lleva el boxeo en la sangre, por eso viaja a Filadelfia, el lugar donde se llevó a cabo la legendaria pelea de su padre con un duro principiante llamado Rocky Balboa (Sylvester Stallone), quien terminaría siendo su gran amigo. Adonis le pide a Rocky, quien lleva tiempo retirado del mundo del boxeo, que sea su entrenador…

Trailer

Comentario de Cartelera.com.uy

En pocas palabras...: Creed usa la película original (Rocky) como obvia inspiración, lo que saca un poco de frescura; pero por otro lado, su delicadeza al lidiar con los personajes es tan grande que la inversión emocional del espectador jamás deja de ser recompensada.

Episodio VII: El despertar de la fuerza

Me despierto y estamos en enero del año 2016. Salgo a la calle y, efectivamente, es enero de 2016. Pero... voy al cine y me pregunto: ¿estamos en 1976? ¿Seguimos en los 70s? No solo las sagas de Star Wars y Mad Max (iniciadas en los años 1977 y 1979, respectivamente) descienden del llamado New Hollywood para salvar la decadencia del cine norteamericano de nuestros días. ¿No es Spotlight una actualización de Todos los hombres del presidente para recordarnos lo que son verdaderos periodistas? O El Renacido, que toma la historia de Hugh Glass, ya retratada en una película de 1971 llamada Man in the Wilderness, dirigida por Richard C. Sarafian y protagonizada por Richard Harris. ¿Y el caso de Los 8 más odiados? Todos sabemos lo importante que son los 70s para su director, Quentin Tarantino. Es entonces cuando nos llega el curioso caso de Creed.

Fue en 1976 (y la cuenta da 40 años) cuando Rocky Balboa (Sylvester Stallone) entró en el imaginario colectivo de los cinéfilos de todo el mundo. Precozmente fracasado en sus sueños de boxeador, Rocky trabajaba como cobrador para un gangster local, coqueteaba con la tímida Adrian (hermana de su alcohólico amigo Paulie) y se veía frustrado por no ser tomado en serio por su entrenador Mickey. Desde entonces, vimos al héroe volverse campeón de los pesos pesados, derrotar a Clubber Lang, testificar la masacre de su adversario-después-mejor-amigo Apollo en manos de Drago, vengarlo en plena Unión Soviética (¿o qué fue aquello?), entrenar a un muchacho y después ser obligado a enfrentarlo y, finalmente, regresar al ring jubilado para combatir a Mason Dixon. Si, fueron demasiadas peleas, desafíos y pérdidas que inevitablemente despertaron un profundo cariño por el personaje, y, por lo tanto, es interesante percibir como la decisión tomada en este nuevo capítulo es inesperada: aquí, Rocky se vuelve un personaje secundario en su propio universo, cediendo el protagonismo a un personaje nuevo, Adonis Creed (Michael B. Jordan).

Como el nombre y apellido claramente indican, Adonis (o Donnie, como prefiere ser llamado) es hijo de Apollo, fruto de una relación extramatrimonial que el ex campeón tuvo con una fan. Huérfano y solo en el mundo, él acaba siendo adoptado por Mary Anne, viuda de su padre, volviéndose ejecutivo de una empresa en Los Ángeles. Atraído por el mundo del boxeo, Donnie se dedica a combates amateurs en rings improvisados hasta finalmente decidir volverse profesional, un objetivo que lo lleva a buscar la ayuda del viejo Rocky. ¿Pero por qué Adonis se muestra determinado a entregarse a un deporte violento y obviamente peligroso? ¿Por aprecio al ring? ¿Como forma de sacar la rabia acumulada a lo largo de los años? ¿Por voluntad de probar ser superior al padre que no conoció, saliendo de su sombra?

Un poco de todo, sin duda, a pesar de que esta última motivación se acabe presentando como más fuerte que las demás gracias a una escena increíblemente evocativa, todavía en el primer acto de la narrativa, que muestra al muchacho visionando una de las peleas de Rocky y Apollo proyectada en la pared y finalmente aproximándose a la imagen para ejecutar algunos movimientos que, gracias a un encuadramiento preciso, parecen colocarlo en una confrontación con el padre fallecido. Este pasaje, además, es atípico en una saga que, por más eficiente que sea (sobresalientes tanto la película original como Rocky Balboa), nunca se distinguió mucho por construir simbolismos visualmente sofisticados.

Y es aquí que entra la genialidad de entregar el comando del proyecto al joven cineasta Ryan Coogler, que se había estrenado en la dirección con la notable Fruitvale Station (ganadora en Sundance y película en la que ya trabajara con Jordan). Trayendo energía y ambición renovadas a una franquicia con cuatro décadas de existencia, Coogler demuestra su poderío narrativo al escenificar (con la ayuda de la excelente directora de fotografía Maryse Alberti, colaboradora de Darren Aronofsky en El luchador, entre otras) la primera gran pelea de Adonis en un único y largo plano que nos tira al ring junto al muchacho, acercando, alejando y girando la cámara de acuerdo con el foco de cada golpe y resaltando, con eso, la brutalidad del combate. De esta misma manera, anteriormente, Coogler y Alberti ya habían llevado al público a percibir la fuerza de un golpe sobre un luchador al hacer caer la cámara junto con el atleta, subrayando no solo la velocidad y el impacto de la caída sino también el efecto en su rostro. Hay, claro, algunos artificios visuales descartables a lo largo de la película (como los escritos que exhiben las estadísticas de los boxeadores en la pantalla), pero estas son más que compensadas por las demás decisiones narrativas de Coogler y compañía.

Adonis, además, es un protagonista que le hace justicia al peso emocional que Rocky mostraba en la original: humilde (pero explosivo) y normalmente sensato, él es interpretado por Jordan como un joven seguro como luchador (noten cómo comienza a sacarse los guantes, en su primera pelea, al percibir que ya noqueó a su oponente), pero lo bastante inteligente como para saber que esta seguridad no debe bloquearlo en cuanto a sus limitaciones (y su nerviosismo antes de otro combate funciona simultáneamente como alivio cómico y como manera de humanizarlo todavía más).

También se encuentra con Bianca (Tessa Thompson), un apoyo emocional tan importante como el que Adrian le ofrecía a Rocky, y la relación de la pareja es retratada por Coogler y su coguionista Aaron Covington sin artificios dramáticos tontos: cuando discuten, por ejemplo, la discusión parece realmente tener el propósito de llevarlos a un entendimiento, permitiendo que ambos expresen sus puntos de vista. Además de eso, es notable como Bianca jamás es retratada como "la enamorada del héroe", siendo una mujer independiente y con su propios proyectos y obstáculos.

Para completar, claro, tenemos al Rocky de Sylvester Stallone: actor cuyo talento fue siempre más allá que Rambo, Cobra u otros héroes de acción (de pensar lo contrario, ver hoy mismo Tierra de policías), podría interpretar al boxeador en piloto automático, pero consigue sugerir nuevamente la complejidad emocional del hombre y también su naturaleza amable a través de escenas que otros intérpretes tendrían dificultades para vender al público. Observen, por ejemplo, cómo agarra la silla que mantiene al lado de la lápida de su esposa y noten la naturalidad del gesto, como si ya lo hubiese ejecutado miles de veces a lo largo de los años; y perciban, también, cómo nos lleva a aceptar, a través de sus modos dulces y vulnerables, que Rocky es realmente un tipo de persona que conversaría con las lápidas que marcan los nombres de las personas amadas, en un instante que Stallone también emplea para demostrar la súbita percepción del personaje acerca de la propia solitud. Hombre de filosofías simples, pero que resuenan en Adonis justamente por eso ("el hombre en el espejo es tu mayor oponente"), Balboa es lo bastante atento como para preocuparse por un derrotado y también lo suficientemente humano como para, al recibir una noticia difícil, mostrarse abatido, triste y amedrentado.

Basándose en la dinámica entre Adonis y Rocky - que, claro, no demoran en establecer una relación que remite a la de un padre y un hijo - Creed usa la película original como obvia inspiración en su propia estructura (también hay un campeón que le ofrece una chance única a un luchador desconocido), lo que saca un poco de frescura; pero por otro lado, su delicadeza al lidiar con los personajes es tan grande que la inversión emocional del espectador jamás deja de ser recompensada. Y así, cuando los acordes del tema ya clásico de Bill Conti son incorporadas a la música del compositor Ludwig Göransson, se vuelve difícil resistir las memorias que traen y la forma cómo éstas hacen eco en la nueva trama.

Con eso, la apuesta de los realizadores de transformar el viejo protagonista en secundario y elegir un nuevo personaje para que lidere el centro de la narrativa se termina revelando como acertada, lo que tal vez nos lleve a ignorar la magnitud del riesgo asumido por la serie. Así que, 1976 o 2016, es un gusto verte de nuevo, Rocky.


Por Juan Manuel Fábregas para Cartelera.com.uy

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