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No respires

No respires

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  • Titulo original: Don't breathe
  • Dirección: Fede Alvarez
  • Género: Suspenso-Thriller
  • Protagonistas: Jane Levy - Stephen Lang
  • País: Estados Unidos Año: 2016
  • Duracion: 88'
  • Elenco: Dylan Minnette - Jane Graves - Daniel Zovatto
  • IMBD
  • Tipo: Película

Ficha

Resumen

Tres jóvenes entran ilegalmente en la casa de un hombre ciego (Stephen Lang), creyendo que podrán ejecutar el robo perfecto. Pero están equivocados, porque en la tierra de la oscuridad... el ciego es rey. Nueva película del director uruguayo Fede Álvarez tras su aclamado debut en Hollywood con Posesión Infernal (2013).

Trailer

Comentario de Cartelera.com.uy

En pocas palabras...: Quizás lo más notable de No respires es que le alcanzan una casa y un puñado de personajes para construir un relato efectivo que se vive desde la butaca como una verdadera montaña rusa.

Jugando en la oscuridad

Digamos de entrada que muy probablemente no estaríamos ocupándonos de esta película si no fuera que sus principales responsables (director, guionistas y director de fotografía) son uruguayos. No porque sea una película prescindible o menor, sino porque sería una película más (u otro éxito más del cine de Hollywood, de los que se estrenan cada fin de semana) sino fuera porque Fede Álvarez, Rodo Sayagués y Pedro Luque son los primeros montevideanos en colocar un número uno en la taquilla de Estados Unidos (y probablemente en Uruguay, donde acaba de estrenarse) durante dos fines de semana seguidos.

¿Acaso el único mérito de estos uruguayos es haber recaudado sólo en su país de producción más de 60 millones de dólares con una película que costó 10? Claro que no. Aún si la suerte, el éxito del marketing o el boca a boca no hubiesen acompañado su estreno, No respires seguiría siendo una buena película en su género y un excelente segundo film de Álvarez dentro de una industria que suele fagocitar talentos. Tras debutar en el largometraje nada menos que con una remake de Evil dead, sorteando con éxito la atenta mirada de los fanáticos del género y de los admiradores de aquel clásico de culto dirigido por Sam Raimi (productor de la nueva versión de 2013), Álvarez perfectamente podría haber aceptado dirigir una entrega más de cualquiera de las franquicias de superhéroes que abundan en Hollywood, o cualquier guion de horror berreta de los que han bastardeado el género en años recientes. El camino más fácil, digamos. Sin embargo optó por dirigir una película original, de guion propio junto a su habitual co-guionista Sayagués y de bajo presupuesto (para los estándares de Hollywood, claro está), para la cual volvió a contar con la confianza de Sam Raimi y su socio Robert Tapert y de Sony Pictures, que la distribuye mundialmente. La jugada tenía su riesgo comercial, sin duda, pero prevaleció la integridad artística. Y finalmente el éxito acompañó.

La premisa es simple: en los suburbios de Detroit (un paisaje desolado que parece casi un rincón del tercer mundo), tres jóvenes ladrones irrumpen en la casa de un veterano de guerra ciego (Stephen Lang) con la intención de llevarse una fortuna bien guardada. No imaginan la pesadilla en la que se están metiendo; el hombre no sólo no es tan indefenso como parecía sino que esconde mucho más que 300.000 dólares en su casa. Conviene no revelar nada más.

La película es terriblemente efectiva. Como ejercicio de suspenso (con varios momentos de violencia y horror y algún detalle bizarro capaz de provocar la risa y el asco) no da respiro durante los 80 minutos que dura. Ese es su principal logro. Los giros de la trama se suceden cada pocos minutos, al punto de volverse casi imposible anticipar cómo va a terminar la cosa. Ese es mérito indudable de Álvarez y su co-guionista, pero también de Pedro Luque, el excelente fotógrafo de películas como La casa muda (2011) y Dios local (2015), y de la serie de HBO El hipnotizador (2015), que aquí ejecuta un despliegue de movimientos de cámara con más de un momento prodigioso dentro de una locación casi única, arreglándoselas además para generar tensión con escasa y - en algún pasaje - nula iluminación. La música del español Roque Baños también contribuye a la efectividad del relato.

Quizás lo más notable de No respires es que le alcanzan una casa (con varios recovecos, eso sí) y un puñado de personajes durante una noche fatal para construir un relato efectivo que se vive desde la butaca como una verdadera montaña rusa. Aquí no hay nada sobrenatural ni ningún despliegue de chirriantes efectos visuales para empalagar la visión del espectador. Todo es muy orgánico y muy primario: hacer el menor ruido posible, anticipar en qué zona de oscuridad se esconde la amenaza, llegar a tiempo para cerrar (o abrir) una puerta, intentar zafar de un techo de vidrio antes de que se quiebre en pedazos, correr más rápido... Y, quizás lo más interesante, sin hacerle las cosas fáciles a la audiencia en términos de identificación moral, porque ninguno de los personajes es un santo, si bien es claro con quién o quiénes logramos empatizar al final.

Claro que para meterse en el juego hay que aceptar un par de licencias, como por ejemplo que a un militar entrenado y ciego que sobrevivió a una guerra se le puede engañar fácilmente (al menos al comienzo) conteniendo la respiración a escasos pasos, o casi todo lo que sucede en los últimos 20 minutos desafiando la credulidad del espectador. Pero nada de eso arruina la experiencia, perfectamente servida desde el punto de vista narrativo y cinematográfico por un director que comenzó a hacer cine como un juego, correteando con sus amigos y con una cámara por las calles de Pocitos. Da toda la sensación de que Álvarez y su equipo siguen concibiendo - por suerte - al cine como un gran juguete (ahora un poco más caro) con el cual entretenerse y entretener al espectador.


Por Enrique Buchichio para Cartelera.com.uy

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