Harry Potter y el prisionero de Azkaban

Harry Potter y el prisionero de Azkaban

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  • Titulo original: Harry Potter and the prisoner of Azkaban
  • Dirección: Alfonso Cuarón
  • Género: Aventura-Fantasía
  • Protagonistas: Daniel Radcliffe - Rupert Grint - Emma Watson
  • País: Estados Unidos Año: 2004
  • Duracion: 136'
  • Elenco: Gary Oldman - Robbie Coltrane - Michael Gambon
  • IMBD
  • Disponible en: Flow | Cablevisión
  • Tipo: Película

Ficha

Resumen

Harry Potter y el Prisionero de Azkaban es la tercera adaptación de la célebre serie de novelas escritas por J.K. Rowling. En esta ocasión, Harry (Daniel Radcliffe) y sus amigos Ron y Hermione (Rupert Grint, Emma Watson) regresan, ya adolescentes, por su tercer año en la Academia Hogwarts de Magia y Hechicería. Allí se verán forzados a afrontar sus miedos más temidos, al tiempo que deberán enfrentarse al peligroso y enigmático mago Sirius Black (Gary Oldman), quien ha escapado de la prisión de Azkaban y se cree que está buscando a Harry.

Comentario de Cartelera.com.uy

La magia se renueva

Leer un libro y ver una película son experiencias completamente distintas –ya se sabe-, y pueden ser igualmente gratas en distintos niveles. Yo no leí Harry Potter y el Prisionero de Azkaban, tercer volumen en la exitosa serie de la británica J.K. Rowling; pero si su lectura resulta tan entretenida como ver la película entonces debe tratarse de un libro formidable.

A los seguidores de la escritora tal vez no los haya sorprendido el estilo, que –más allá de la historia que esta vez cuenta- debe mantenerse más o menos igual desde La Piedra Filosofal. En cambio, la incorporación del mexicano Alfonso Cuarón (La Princesita, Y tu mamá también) en el rol de director debería significarle a los espectadores de cine una sorpresa más que agradable. Y es lógico que así sea.

Sin ánimo de caer en odiosas comparaciones –aunque de hecho eso precisamente estoy haciendo-, Chris Columbus es un director prolijo y eficiente, capaz de cumplir con todas las reglas de la industria para lograr un producto comercial que contente a un público amplio y sin pretensiones (como lo hizo en Mi Pobre Angelito, Papá por Siempre, El Hombre Bicentenario y Quédate a mi lado); es un tipo poco original, más bien proclive a lo sensiblero y con cierto sentido del humor y del “timing” cinematográfico.

Cuarón, en cambio, es un realizador talentoso que, por el sólo hecho de ser latinoamericano, posee un estilo bastante alejado de las reglas tradicionales de la gran industria. Es –al menos ante los ojos de un espectador- tan profesional y efectivo como Columbus, con la diferencia de que despliega mucho más inventiva visual y logra atrapar la atención y la complicidad del espectador con recursos narrativos casi siempre sorprendentes. Por estas y otras razones es que esta tercera entrega de Harry Potter luce mucho más fresca y atractiva, casi como una renovación.

Bien apoyado en un preciso guión de Steve Kloves (quien también había adaptado al cine los dos primeros libros), Cuarón se las ingenia para que cada escena sea una fiesta, más allá del tono que desee imprimirle a cada una. Quiero decir que cuando se propone divertir, divierte; cuando se propone asustar, asusta; y cuando se propone emocionar, emociona. Y además está llena de detalles (tanto literarios como visuales) mucho más jugosos: los personajes, al menos varios de ellos, resultan mucho menos previsibles de lo esperado después de dos películas donde los esquemas más o menos se repetían; el humor es mucho más bizarro que lo que Columbus podría permitirse (la segunda secuencia, la del autobús, es un delirio capaz de desubicar a más de uno); y el tono general es mucho más oscuro y por momentos tenebroso, al punto de que ya no se trata de “una película para niños” (yo diría que no es recomendable –ni probablemente disfrutable- para menores de 9 años).

No es casual que el propio Harry y sus amigos hayan madurado. Literalmente. Los actores están más creciditos, más lindos, más compenetrados, mientras que los personajes –si bien todavía, al menos, no fuman ni beben ni se drogan, ni tienen inquietudes sexuales- viven una rebeldía y una inquietud propia de esos años de pubertad en que, sin haber dejado de ser del todo niños, ya creen que pueden valerse por sí mismos. Y de hecho lo hacen; hasta han aprendidos trucos mucho más complejos y divertidos.

El resto del elenco, como siempre, sigue reuniendo a la plana mayor de actores y actrices británicos, aunque nunca como esta vez había rendido tan parejamente talentos como los de Michael Gambon, Emma Thompson, Maggie Smith, Robbie Coltrane, Alan Rickman, David Thewlis, Timothy Spall, Julie Christie, Julie Walters y, por supuesto, Gary Oldman, que ciertamente aparece poco pero deja su huella en el papel del impredecible Sirius Black.

Hay tal vez una razón definitiva para que Harry Potter y el prisionero de Azkaban sea una película tan sorprendente y disfrutable: a diferencia de lo que pasa en la mayoría de las películas, donde el conflicto se resuelve en los últimos 15 minutos, su clímax –entendiéndose por clímax la secuencia culminante donde empieza a desentrañarse el conflicto principal- dura casi toda la segunda mitad de la película!! Creo no equivocarme –uno suele perder la perspectiva del tiempo cuando lo está pasando tan bien- pero esa secuencia, aquí, dura no menos de 40 minutos en los que se acumulan revelaciones y vueltas de tuerca que potencian el goce del espectador (goce que ya venía, a decir verdad, bastante motivado), al punto de que uno no quiere que la aventura termine. Insólito.

 


Por Enrique Buchichio para Cartelera.com.uy

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