El sospechoso

El sospechoso

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  • Titulo original: Rendition
  • Dirección: Gavin Hood
  • Género: Drama-Thriller
  • Protagonistas: Jake Gyllenhaal - Reese Witherspoon
  • País: Estados Unidos-Sudáfrica Año: 2007
  • Duracion: 2 horas
  • Elenco: Alan Arkin - Peter Sarsgaard - Omar Metwally - Meryl Streep
  • Sitio oficial IMBD
  • Disponible en: DVD
  • Tipo: Película

Ficha

Resumen

El sudafricano Gavin Hood, ganador de un Oscar por Tsotsi, realiza su debut en el cine norteamericano con este thriller sobre las políticas antiterroristas de Estados Unidos. Jake Gyllenhaal es un analista de la CIA que se ve forzado a cuestionar su tarea tras presenciar un interrogatorio brutal y poco ortodoxo a un egipcio-americano (Omar Metwally) sospechoso de terrorismo. Reese Witherspoon es la esposa que hará todo lo que esté a su alcance para hallar a su marido, quien desapareció durante un vuelo desde Ciudad del Cabo a Washington, DC.

Comentario de Cartelera.com.uy

En pocas palabras…: Un thriller político bastante crítico hacia los métodos anti terroristas de Estados Unidos y sus aliados, en la misma línea de Syriana, Munich y Leones por Corderos (aunque mucho más efectiva que esta última).

Trabajo sucio

El título original (Rendition) proviene del término extraordinary rendition (rendición extraordinaria), que se refiere a procedimientos ilegales por parte de la CIA (sobre todo después del 11 de setiembre de 2001) mediante los cuales algunos sospechosos de terrorismo son enviados fuera de Estados Unidos para su encarcelamiento e interrogatorio. Se trata, generalmente, de países en los que la tortura es una práctica común de las autoridades para arrancar confesiones a sus detenidos. Según el ex agente de la CIA Bob Baer, cuyo libro “See no Evil” inspiró la película Syriana (2005), “si usted quiere un interrogatorio serio, usted envía el prisionero a Jordania; si usted quiere que sea torturado lo envía a Siria, y si usted quiere que sea desaparecido y no volverlo a ver, usted lo envía a Egipto” (Fuente: Wikipedia).

Precisamente Egipto podría ser el país a donde es transferido Anwar El-Ibrahimi (Omar Metwally), que es egipcio de nacimiento aunque vive en Estados Unidos desde hace 20 años y está casado con una norteamericana rubia (Reese Witherspoon). Lo cierto es que el país nunca se determina, sólo se indica que es en el norte de África (también podría ser Marruecos) donde, se sabe, tanto los atentados terroristas como la tortura son una lamentable realidad cotidiana. El guión de Kelley Sane no se concentra sólo en la situación del detenido (cuya inocencia uno presume) y la de su sufrida y embarazada esposa, que intenta averiguar su paradero desde Chicago y luego Washington; paralelamente hay un seguimiento de Khalid (Mohammed Khouas), un joven posiblemente adoctrinado por un movimiento radical islámico, y su enamorada Fatima (Zineb Oukach), que para colmo es la hija del jefe de inteligencia local (Yigal Naor) encargado de los interrogatorios. La narración se complementa, ambas historias son igual de importantes, y sobre el final se comprobará que están más interconectadas de lo que parecía.

La película, con la que el sudafricano Gavin Hood (ganador del Oscar a la mejor película extranjera por Tsotsi) hace su debut en Hollywood, se inscribe dentro de la misma línea de un cine reciente y moderadamente crítico hacia la política anti terrorista de la administración Bush, la misma de la ya exhibida Leones por Corderos, de Robert Redford, y de las aún no estrenadas entre nosotros In the Valley of Elah, de Paul Haggis, y Redacted, de Brian De Palma. Moderadamente, dije. Porque si bien es evidente que la película cuestiona los métodos anti terroristas –y en particular estas “rendiciones extraordinarias” que se saltean la legalidad internacional y la propia Constitución de los Estados Unidos- lo hace anotando, desde la perspectiva de las autoridades que las aprueban, la necesidad de recurrir a ellas como forma de evitar males mayores (como lo sería la concreción de un atentado terrorista). Si bien eso ayuda a darle credibilidad a los personajes (quiero decir, sería lamentable que Meryl Streep fuera retratada sencillamente como una bruja venenosa sin otras motivaciones que hacerle la vida imposible a pobres ciudadanos de origen árabe) no deja de ser una exposición de argumentos algo ambigua, como la que ofrecía Leones por Corderos. Es como si la película sólo se atreviera a sostener que está mal torturar a un sospechoso sólo si es inocente. ¿Y si no es inocente, entonces sí, bienvenida la tortura?

Al mismo tiempo, es bastante sintomático que quienes hacen el trabajo sucio son los cómplices extranjeros, mientras que el agente de inteligencia estadounidense (Jake Gyllenhaal) sólo se limita a observar. “Estados Unidos no tortura”, dice Meryl desde su límpida cocina, algo que ha quedado ferozmente desmentido con el triste episodio de Abu Ghraib y con los testimonios de quienes han escapado del campo de concentración de Guantánamo. Pero es cierto, al menos si uno se guía por lo que se ve en Rendition: Estados Unidos no tortura, sólo se aprovecha de la tortura que aplican otros países menos civilizados. Sin embargo no deja de ser muy gráfica la indiferencia que en definitiva se le demuestra a la esposa en los corredores de Washington, donde hasta los representantes y funcionarios más preocupados dan la espalda al ciudadano común antes de enfrentar a su propio gobierno. O sea que sí, aunque con cierta debilidad, la película es finalmente crítica; al menos es mucho más efectiva que la de Redford, donde estaba ausente el drama.

No es el caso de Rendition, que antes que un film liberal o de denuncia es un thriller político bastante eficaz y, sobre todo, entretenido. Tiene un muy buen comienzo y un entramado narrativo casi siempre tenso y no carente de sorpresas. Y posee un buen elenco donde, extrañamente (o no), quienes más convencen son los actores de origen árabe (especialmente el debutante Metwally, sobre quien recae la fuerza emocional de la película). Es cierto que el personaje de Gyllenhaal no es del todo creíble, y la película es consciente de ello (“parece que tuviera 12 años”, dice Streep cuando ve una foto del agente al que le está a punto de encomendar un interrogatorio clave); y hay algunos facilismos –sobre todo en el desenlace- de esos que provocan alguna mueca de desaprobación o, al menos, de duda. Pero es que todo debe conducir hacia cierto tipo de final feliz, por suerte no un final groseramente emotivo pero al menos uno donde quien debe hacer lo correcto finalmente lo hace y en el que todo vuelve más o menos a su lugar.

No es el caso de los cientos de sospechosos que siguen bajo custodia de la CIA en prisiones secretas alrededor del mundo, sin acceso a abogados, ni siquiera a una acusación formal en su contra. Pero claro, ellos no están casados con Reese Witherspoon…


Por Enrique Buchichio para Cartelera.com.uy

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