Milk

Milk

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  • Titulo original: Milk
  • Dirección: Gus Van Sant
  • Género: Drama
  • Protagonistas: Sean Penn - Emile Hirsch
  • País: Estados Unidos Año: 2008
  • Duracion: 2h08'
  • Elenco: Josh Brolin - Diego Luna - Alison Pill - James Franco
  • Sitio oficial IMBD
  • Disponible en: DVD
  • Tipo: Película

Ficha

Resumen

Harvey Milk (1930-1978) fue el primer hombre abiertamente homosexual en ser elegido para un cargo público en California, como miembro del Consejo de Supervisores de San Francisco. Sean Penn (que ganó su segundo Oscar por este trabajo) lo encarna de manera brillante en esta biografía, que da cuenta de una trayectoria extraordinaria y de un momento crucial en la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos y en el mundo.

Comentario de Cartelera.com.uy

En pocas palabras…: Algo atípico: buen cine testimonial y militante con la forma de una producción mainstream de Hollywood, nominaciones al Oscar incluidas. Gran trabajo protagónico de Sean Penn.

El alcalde de la calle Castro

«Si una bala atraviesa mi cerebro, dejen que esa bala destruya las puertas de todos los armarios». Harvey Milk

El alcalde de la Calle Castro, le llamaban. O al menos así le gustaba a Harvey Milk que lo llamaran. En 1970 había cumplido 40 años considerando que no había hecho nada de lo cual se sintiera orgulloso. Ocho años después, tras un fuerte activismo por los derechos de los gays y una ascendente carrera política como supervisor de San Francisco, caería asesinado por el odio irracional de Dan White, un típico “all american boy”, ex policía y bombero católico, conservador y padre de familia, que alguna vez dijo respetar “los derechos de todas las personas, incluso de los gays”, como si se refiriese a una clase diferente de personas. Su acto brutal, que también se cobró la vida del alcalde de San Francisco George Moscone, convirtió a Milk en un verdadero mártir, algo así como el equivalente gay de un Martin Luther King. Que exista un día nacional en conmemoración de King pero no uno que recuerde a Milk habla a las claras de hasta qué punto Estados Unidos sigue siendo un país oficialmente homofóbico.

Las primeras imágenes son documentos fílmicos de archivo, probablemente de la policía, de los años 40, 50 o 60. En ellas se muestran fichajes y redadas de ciudadanos en bares para homosexuales, esos “antros” donde durante décadas se condenó a refugiarse a miles y miles de hombres que tenían prohibido –por la censura social o legal- demostrar su interés por otros hombres en la vía pública. Son imágenes terribles, tan humillantes y vergonzosas como los interrogatorios anticomunistas de la caza de brujas, los baños para negros en el sur racista, o los judíos deambulando por el gueto de Varsovia. Un capítulo más en la persecución del diferente. Es un prólogo oportuno para contar la historia de Milk, un ex republicano que asumió tempranamente su homosexualidad pero mantuvo ocultas, “en el armario”, sus relaciones afectivas. Sonaba lógico, sobre todo en un país donde ir de la mano con otro hombre te podía costar ser apuñalado 15 veces al grito de “maricón”, como le sucedió a Robert Hillsborough el 21 de junio de 1977, no lejos de la calle Castro.

Pero algo ocurrió entre el registro de esas imágenes de archivo y la llegada de Harvey Milk a San Francisco. El 28 de junio de 1969, en el pub Stonewall Inn del barrio Greenwich Village de Nueva York, cientos de gays, lesbianas, travestis y transexuales se hartaron de ser acosados, humillados y arrestados gratuitamente por la policía e iniciaron una revuelta que duró varios días. Así comenzó el movimiento moderno por los derechos LGBT en Estados Unidos y alrededor del mundo. De ahí que el 28 de junio se siga considerando como fecha “del orgullo gay”. Poco después, del otro lado del país, Milk instaría a otros gays y lesbianas a “salir del closet” como forma de combatir la invisibilidad y “la conspiración del silencio”. Sobre todo en el marco de la campaña homofóbica llevada adelante en el estado de California por el senador John Briggs, autor de una iniciativa que pretendía convertir en ley el despido de todos los docentes homosexuales del sistema educativo. Y por la cantante Anita Bryant, fanática religiosa que a mediados de los 70 inició una “cruzada” para “salvar a nuestros niños” de los homosexuales. Porque claro, como “los homosexuales no se pueden reproducir tratan de reclutar a nuestros hijos"…

Tanto Briggs como Bryant aparecen en Milk como verdaderos antagonistas del personaje titular, Briggs representado por el actor Denis O'Hare y la siniestra Bryant por ella misma, que aparece en imágenes televisivas de la época. Y si bien Milk es el indudable héroe, él no se consideraba un político o un candidato con ansias de poder, sino parte de un movimiento que inevitablemente debía ganar poder para pelear con más herramientas por sus derechos. El guión de Dustin Lance Black logra condensar perfectamente su trayectoria, entrelazándola con detalles de su vida privada y amorosa (después de todo se trataba de eso, de defender el derecho de todos más allá de lo que cada uno haga en su cama y con quién). Para ello recurre al testimonio del propio Milk, que dejó una grabación para el caso de que fuera asesinado (las amenazas contra su vida fueron constantes desde que se convirtió en figura pública), y al retrato del reducido séquito que lo acompañó en su campaña. Allí se lucen especialmente las actuaciones de Alison Pill como su jefa de campaña Anne Kronenberg, y de Emile Hirsch como el vivaz y juvenil Cleve Jones.

La película posee sobre todo un gran valor testimonial, y es también -a 30 años de los hechos- un llamado a la acción y a la reivindicación de derechos humanos básicos que siguen siendo amenazados. Gus Van Sant luce como el director ideal para un proyecto semejante, que es cine testimonial y militante con la forma de una producción mainstream de Hollywood. Habiendo comenzado su carrera como director con Mala Noche (1985), una apasionada historia de amor homosexual filmada con bajísimo presupuesto, Van Sant se convirtió rápidamente en uno de los más dignos representantes del llamado cine independiente norteamericano, sobre todo gracias a películas tan contraculturales como Drugstore Cowboy (1989), Mi Mundo Privado (1991) y Las mujeres también se ponen tristes (1994). Sin embargo no demoró en dar el salto a la gran industria, primero con la comedia negra Todo por un sueño (1995) pero sobre todo con En busca del destino (1997), que le valió su primera nominación al Oscar. Milk tiene poco que ver con la obra más reciente de este cineasta inquieto, dentro de la cual habría que ubicar experimentos tan interesantes como Gerry (2002), Last Days (2005) y sobre todo Elefante (2003), con la que conquistó la Palma de Oro del Festival de Cannes. Con Milk vuelve a Hollywood por la puerta grande, incluyendo ocho nominaciones al Oscar que probablemente resulten en un segundo premio de la Academia para el extraordinario Sean Penn.

No es la primera vez que Milk asiste a la entrega del Oscar: en 1985 el cineasta Rob Epstein recibió el premio al mejor documental por The Times of Harvey Milk (1984), que narraba la misma historia pero recurriendo a material de archivo y al testimonio de quienes lo conocieron.


Por Enrique Buchichio para Cartelera.com.uy

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