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  • Titulo original: 3
  • Dirección: Pablo Stoll
  • Género: Comedia dramática
  • Protagonistas: Humberto de Vargas - Sara Bessio
  • País: Uruguay-Argentina-Alemania Año: 2012
  • Duracion: 1h55'
  • Elenco: Anaclara Ferreyra Palfy - Néstor Guzzini - Matías Ganz - Santiago Pedrero
  • Sitio oficial
  • Disponible en: DVD
  • Tipo: Película

Ficha

Resumen

A Rodolfo (Humberto de Vargas) la vida le parece vacía y fría en su casa, donde siente que sobra. Por su parte, su primera esposa Graciela (Sara Bessio) y la hija adolescente de ambos, Ana (Anaclara Ferreyra Palfy), están viviendo momentos definitorios de sus vidas. Sutilmente, Rodolfo tratará de ocupar el lugar que tenía junto a ellas y dejó hace diez años. 3, la nueva película de Pablo Stoll (25 Watts, Whisky, Hiroshima) es una comedia sobre tres personas y su absurda condena: ser una familia.

Trailer

Comentario de Cartelera.com.uy

En pocas palabras...: 3 establece una notoria madurez para un cineasta todavía joven, y al mismo tiempo exhibe una rara frescura y capacidad lúdica que es cualquier cosa menos predecible. Las actuaciones de su trío protagónico son estupendas.

Otra forma de bailar

"Hiroshima - nuevo orden" se lee en el pizarrón detrás de Jorge Temponi, quien era Javi en 25 Watts y ahora es profesor de historia en un colegio secundario. Alfonso Tort ya no es el inexperto y manipulable Seba de aquella comedia barrial en blanco y negro, sino un jugador de fútbol 5 que mete el peso y se va a las manos. Hay lamparitas que bien podrían ser de 25 watts, y alguien toma whisky. Y aunque las fotos ahora se sacan con celular, el retrato familiar es casi tan imperfecto y forzado como el que simulaban Jacobo, Herman y Marta en la rambla de Piriápolis.

En un juego de títulos muy felliniano, 3 se llama 3 porque iba a ser la tercera película dirigida por Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll. Además de que tiene tres protagonistas, claro, miembros de una familia disfuncional (o desarmada, para ser más precisos) que de a poco va rearmándose un poco a la fuerza. Como se sabe, la temprana muerte de Rebella dejó trunco el proyecto, dando paso al primer trabajo en solitario de Stoll, una comedia musical muda llamada Hiroshima que de algún modo marcó un punto de inflexión en la filmografía de quien es, a esta altura, el realizador menor de 40 años más prolífico del cine uruguayo.

Tras ese experimento tan personal y tan desconcertante para mucha gente, Stoll vuelve a terrenos más familiares retomando precisamente aquel proyecto trunco, aquella película número 3 que ahora es su cuarta película. Es probable que 3 fuese muy diferente si hubiese sido dirigida a cuatro manos entre Stoll y Rebella; nunca lo sabremos, y poco importa. Lo cierto es que establece una notoria madurez para un cineasta todavía joven y al mismo tiempo exhibe una rara frescura y capacidad lúdica que es cualquier cosa menos predecible.

Tiene sentido, quizás, en una película donde gran parte del protagonismo recae en una adolescente de 15 años (Anaclara Ferreyra Palfy), por más que ella ya no se sienta una niña y esté en pleno proceso de convertirse en mujer. Tiene sentido, también, en una película en la que su madre (una mujer todavía hermosa aunque algo apagada por las rutinas de la vida, por el trabajo y las responsabilidades) comienza a recuperar el esplendor ante la ilusión de un nuevo romance a edad madura. Y tiene absoluto sentido, también, en una película cuyo protagonista masculino (un estupendo Humberto de Vargas) no encaja en el rol de padre, ni de ortodoncista, ni de marido ni de ex marido, e insiste en jugar al fútbol con chiquilines mucho más jóvenes que él. Un cuarentón que no encaja en ningún lado, ni siquiera en su nueva familia, y que tras su aspecto y comportamiento de paparulo esconde una incomodidad e inconformismo casi juveniles, como si tuviera un otro interior peleando por emerger en cualquier momento, aunque sea el momento menos indicado y de la manera más torpe.

Una vez más, la construcción de los personajes y su mundo interior y exterior están elaborados a partir de riquísimos detalles (una vez más, como en Whisky, el director de arte Gonzalo Delgado Galiana es también co-guionista de la película). Y, como en Whisky, ese mundo habitado con desordenada normalidad va cambiando progresivamente ante la intromisión (permitida, como la de Marta en el apartamento de Jacobo, o forzada, como la de Rodolfo en este caso) de alguien externo que pretende dejar su marca. Reconquistar territorios. Establecer un nuevo orden. Una nueva forma. Ya no hay casi planos fijos, sino mucho movimiento de cámara y hasta algún plano secuencia prodigioso (como ese en que Graciela descubre la gran intromisión en su propia casa). Y, en el marco de una banda de sonido cuidadosamente diseñada (Daniel Yafalián es el responsable en este rubro), hay mucho rock & roll, algo que contrasta claramente con la grisura y la parquedad estética que se le achaca frecuentemente al cine de la productora Control Z y a gran parte del cine uruguayo en general.

¿Parquedad? ¿Grisura? No puede haber más color en 3, ni más movimiento ni inquietud delante y detrás de cámara. Cuánto de todo eso habla (o no) de cómo somos los uruguayos, de si somos grises, rutinarios o bajoneantes, es algo que queda a criterio de cada uno. Es cierto, Graciela bien podría ser una versión de Marta si ésta se hubiera casado y formado una familia (más teniendo en cuenta el parecido físico entre Mirella Pascual y Sara Bessio), y eso habla, en cierta forma, de una especie de continuidad; de que, nos guste o no y más allá de las circunstancias, todos somos más o menos los mismos y nos parecemos un poco, sobre todo en nuestras imperfecciones. Muchas veces no sabemos por qué hacemos lo que hacemos, y nos mandamos cualquiera con tal de llamar la atención o de buscar nuestra propia identidad, o alguna forma de felicidad que nos haga sentir vivos.

En esa búsqueda están los protagonistas de 3, y en esa búsqueda cada uno de ellos tiene algún momento de revelación: Ana alejándose con un encendedor después de su ligera conquista; Graciela pintándose los labios con un brillo especial en los ojos, por primera vez en mucho tiempo; Rodolfo dando unos patéticos pasos de baile entre sus plantas liberadas. Cada uno bailando a su modo, solos o acompañados, en calzoncillos o con vestido de fiesta. A los tumbos o con coreografía. Cada uno buscando (como lo han hecho antes otros en el cine uruguayo) su propia forma de bailar.


Por Enrique Buchichio para Cartelera.com.uy

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