Flores rotas

Flores rotas

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  • Titulo original: Broken flowers
  • Dirección: Jim Jarmusch
  • Género: Comedia dramática
  • Protagonistas: Bill Murray - Jeffrey Wright
  • País: Estados Unidos-Francia Año: 2005
  • Duracion: 1h44'
  • Elenco: Sharon Stone - Tilda Swinton - Frances Conroy - Jessica Lange
  • Sitio oficial IMBD
  • Disponible en: VHS DVD
  • Tipo: Película

Ficha

Resumen

En este film del aclamado escritor y director Jim Jarmusch, ganador del Grand Prix en el Festival de Cine de Cannes 2005, Bill Murray es Don Johnston, un soltero empedernido como pocos que acaba de ser abandonado por su última amante, Sherry (Julie Delpy). Y si bien está listo y resignado a quedarse sólo nuevamente, se verá empujado a reflexionar sobre su pasado cuando reciba una misteriosa carta de amor. La carta, que proviene de una anónima y antigua amante, le informa de la existencia de un hijo de 19 años que, tal vez, esté buscando a su padre. Alentado por su vecino y único amigo Winston (Jeffrey Wright), detective amateur y hombre de familia, Don se embarca en una travesía larga y complicada: rastrear a cuatro antiguas novias (Sharon Stone, Frances Conroy, Jessica Lange y Tilda Swinton), una de las cuales puede ser la autora de esa misteriosa carta y, por lo tanto, madre de su desconocido hijo.

Comentario de Cartelera.com.uy

En pocas palabras… Jim Jarmusch vuelve a sorprender con una película minimalista donde los pequeños detalles, varios personajes episódicos, y un casi imperturbable Bill Murray, nos conducen hacia una travesía extraña y sugestiva.

Tanto tiempo

Sobre el logo de Focus Features suena una máquina de escribir, y en el primer plano de la película una dama enguantada arroja un sobre rosado en un buzón. Si el cine pudiera transmitir aromas uno podría asegurar que ese sobre está levemente perfumado. Ese sobre tendrá un largo recorrido antes de caer por el buzón de la puerta de Don Johnston (“con T”), un playboy veterano que, si bien no ha abandonado del todo sus viejos hábitos, está comenzando a demostrar cierto desgaste no tanto físico sino emocional. Como que vive una especie de depresión no declarada. Hasta podría decirse que tiene ciertos celos de la bochinchera pero cálida vida familiar de su vecino y único amigo Winston (una muy disfrutable viñeta de Jeffrey Wright). Pero Don no lo admitirá nunca; prefiere pasar sus tardes y sus noches en su sofá mirando la tele mientras las mujeres entran y salen (sobre todo salen) de su vida.

Justamente Don está mirando La Vida Privada de Don Juan, una vieja película en blanco y negro, cuando Sherry (Julie Delpy) hace sus maletas y se va. “Soy como tu amante, excepto que ni siquiera sos casado”, le dice ella, vestida de rosado con ligero aspecto de azafata. Don parece lamentar la despedida, pero tampoco hace nada para detenerla. “Y bueno…”, habrá que seguir atendiendo los pequeños detalles de la tranquila vida suburbana. Como abrir estos sobres que insisten en caer por el buzón…

Así, tan inesperadamente como llega esa carta rosada escrita a máquina, el pasado de Don (junto a la natural curiosidad y avidez detectivesca de Winston) convierte su inerte existencia, por unos días, en una extraña búsqueda a la que ni siquiera él mismo le encuentra sentido. ¿Por qué tendría que tomarse en serio, en primer lugar, una carta anónima que le anuncia que es padre de un hijo de 19 años? ¿Para qué quisiera reencontrar tantos años después a cuatro –en realidad cinco- de sus ex amantes y ahora posibles madres de ese hijo improbable? ¿Cómo van a reaccionar ellas al abrir la puerta y enfrentarse a lo que ha hecho el paso del tiempo con aquel viejo Don Juan?

Algunas de estas preguntas tendrán su respuesta, y otras no. A Jim Jarmusch lo que le interesa es lanzar a su personaje hacia una suerte de viaje de reconocimiento, visitando fantasmas de su pasado, más que encontrar respuestas a las preguntas más obvias. ¿Quién escribió esa carta? ¿Existe o no ese hijo? Y sobre todo, ¿cómo será la vida de Don después de ese viaje? Quien busque las respuestas a esas preguntas saldrá ligeramente decepcionado/a.

Lo que propone el autor es una comedia melancólica y extraña que enfrenta a su protagonista (un Bill Murray sobrio y casi imperturbable, cada vez más alejado de su imagen de comediante) a la agridulce realidad de su existencia. Sin dar lecciones ni trivializar el argumento (algo imposible en Jarmusch), y sobre todo sin perder el sentido del humor y la gracia, Don Johnston termina enfrentado a lo que ha hecho con su vida, y sobre todo a las posibilidades de rehacerla. Cerca del final, cuando alguien le pida una reflexión filosófica, dirá algo así como que el pasado ya pasó, el futuro es una incógnita, y por lo tanto lo único que tenemos es esto (este momento). Y precisamente al final, lo que Don tendrá a su alrededor será una encrucijada de caminos hacia varias direcciones.

Uno puede sacar las conclusiones que quiera sobre ese pensamiento, sobre esa imagen y sobre la película en sí, pero es inevitable pensar que Jarmusch –quien ya pasó los 50 (nació en 1953)- ha alcanzado una nueva etapa de madurez en la exploración de uno de sus temas favoritos: la comunicación (o falta de comunicación) entre las personas. El vacío de una existencia que se ve alterada ante la irrupción de alguien con una perspectiva diferente. En el cine de Jarmusch esto puede venir en la forma de una lejana prima húngara (Extraños en el Paraíso), un turista italiano (Roberto Benigni en Down by Law) o una pareja de adolescentes japoneses camino a Graceland (Mystery Train). En Broken Flowers este disparador se llama Winston (que también tiene acento extranjero aunque no se determina de dónde). Pero de alguna manera –en un interesante juego de idas y vueltas- el propio Don se convierte también en motor de revisiones para esas mujeres que continuaron sus vidas después de Don, y a las que, al igual que él, se les irán acumulando varias sensaciones encontradas después de esta visita inesperada. Son cuatro viñetas muy disfrutables a cargo de cuatro estupendas actrices: (por orden de aparición) Sharon Stone, Frances Conroy, Jessica Lange y una irreconocible Tilda Swinton.

Como lo ha demostrado siempre, Jarmusch –verdadero sinónimo del concepto “cine independiente”- ofrece una forma cinematográfica original y coherente. Sus habituales planos fijos y los constantes fundidos a negro con que termina cada escena están allí; la música acompaña sutilmente el estado de ánimo del personaje (en este caso, gentileza una vez más de Winston, quien, atento a todos los detalles, le ha preparado a Don un CD con canciones para el viaje); y la narración sigue siendo calma, minimalista y atenta a los pequeños detalles, tanto que parece imposible que algo altere esa cadencia. Pero además Jarmusch ha filmado la que posiblemente sea su película visualmente más bella hasta el momento, muy cuidada en la composición de las imágenes y poblada de símbolos que se repiten a lo largo del camino (de los cuales el color rosa es apenas el más notorio). Pero se trata de una belleza fría, calculada, casi irreal. Una belleza demasiado perfecta por momentos, tanto que empieza a doler. Como ese ramo de rosas que se marchita irremediablemente en la sala.


Por Enrique Buchichio para Cartelera.com.uy

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