Un hombre serio

Un hombre serio

  • Titulo original: A serious man
  • Dirección: Joel Coen -Ethan Coen
  • Género: Comedia
  • Protagonistas: Michael Stuhlbarg - Richard Kind
  • País: Estados Unidos-Inglaterra-Francia Año: 2009
  • Duracion: 1h46'
  • Elenco: Fred Melamed - Sari Lennick - Aaron Wolff - Jessica McManus
  • Sitio oficial IMBD
  • Disponible en: DVD
  • Tipo: Película

Ficha

Resumen

Esta genial película de los hermanos Coen es una comedia muy seria (o un drama muy cómico) ambientada en Minnesota en 1967. Larry Gopnik (Michael Stuhlbarg) es un profesor universitario y padre de familia judío cuyo mundo comienza a desmoronarse a partir del momento en que su esposa le habla de divorcio. En medio de su creciente desesperación, Larry buscará respuestas en su religión... aunque no necesariamente las encontrará.

Comentario de Cartelera.com.uy

En pocas palabras…: Una farsa genial, con aires de tragedia, que resulta en una brillante alegoría sobre la condición humana. Una más para el podio de lo mejor de los Coen.

Preguntas sin respuesta

“Había en el país de Us un hombre llamado Job. Este hombre era íntegro y recto, temeroso de Dios y alejado del mal.” Así comienza el relato del Antiguo Testamento conocido como Libro de Job, donde se describen las penurias que asolan al personaje titular sin que éste logre entender por qué pecados Yahveh (Dios para los judíos) lo está castigando.

Así como lo hicieron hace una década con la Odisea de Homero, adaptándola al sur de los Estados Unidos durante la Gran Depresión (¿Dónde estás hermano?, 2000), los hermanos Coen ofrecen ahora su propia versión del Libro de Job. Solo que aquí Job se llama Larry Gopnik (Michael Stuhlbarg), vive en Minnesota en 1967, y da clases de física en una universidad. Su vida es aparentemente normal: es un miembro respetado de su comunidad, está casado y tiene dos hijos (el menor, Danny, está a punto de tener su bar mitzvah). De solo verlo uno se da cuenta que se trata de un hombre íntegro y recto, temeroso de Dios y alejado del mal…

Sin embargo, cosas extrañas comienzan a suceder: un estudiante coreano (David Kang) se queja de un trato “injusto” e intenta sobornarlo; el vecino racista (Peter Breitmayer) invade su patio y luce amenazante; alguien envía cartas anónimas tratando de perjudicar su reputación universitaria; y sobre todo su esposa (Sari Lennick), aparentemente sin previo aviso, empieza a perder la paciencia y a hablarle de divorcio mientras anuncia su relación con Sy Ableman (Fred Melamed), un hombre mayor. Ah, además su misterioso hermano Arthur (Richard Kind) se la pasa en el baño y está empeñado en descubrir los secretos del universo. Todo el mundo de Larry comienza a desmoronarse y, al igual que Job, recurre a su creador en busca de respuestas.

Pero Dios, como se sabe, no atiende en persona sino a través de sus representantes en la Tierra. Es así que Larry se entrevista con diversos rabinos en un intento por hallar respuestas a sus múltiples y crecientes preguntas. Y los rabinos, como casi todos quienes rodean a Larry, son prácticamente unos dementes que hablan incoherencias no haciendo otra cosa que acrecentar sus dudas. ¿Y qué si no hay respuestas para sus preguntas? ¿Y qué si no hay un motivo para nuestros padecimientos? ¿Será que Larry está pagando algún pecado involuntario, o por los pecados de algún antepasado, como parecería sugerir ese maravilloso prólogo con raíces en el folclore judío? Los Coen, creo yo, arrojan todas esas posibilidades sobre la mesa y el resultado es una suerte de intrincado mecanismo de relojería que, muy coherentemente, no ofrece respuestas claras al espectador (el final, como sucedía con el final de Sin Lugar para los Débiles, de seguro va a incomodar y frustrar a unos cuantos...).

Es tal vez el proyecto más personal para los hermanos cineastas, que crecieron en un suburbio judío de Minneapolis, Minnesota, en los mismos años ’60 en que se ambienta la película. Seguramente fumaron marihuana a escondidas y escucharon Jefferson Airplane, y hasta es posible que al menos a uno de ellos los haya corrido algún compañerito más grande, como le sucede al pequeño Danny (Aaron Wolff). Y, sobre todo, es bien factible que hayan absorbido toda una galería de tipos humanos muy judíos que vuelcan aquí con un sentido hilarante de la caricatura, de la mano de un perfecto casting de desconocidos que rinde a la perfección.

Un Hombre Serio es claramente una farsa (y una de las más divertidas que hayan pergeñado los creadores de Barton Fink, Fargo, El Gran Lebowski y Quémese Después de Leerse) pero poseedora de un innegable aire fatalista que la convierten casi en una tragedia. De hecho la fotografía de Roger Deakins, plagada de claroscuros, así como la inquietante música compuesta por Carter Burwell, así parecen sugerirlo. Sería, en todo caso, una tragedia judía. Aunque, como sucede con las buenas leyendas – sean o no bíblicas –, su significado trasciende la limitación religiosa para convertirse en una brillante alegoría sobre la condición humana. Una más para el podio de lo mejor de los Coen.


Por Enrique Buchichio para Cartelera.com.uy

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