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Moonrise Kingdom: un reino bajo la luna

Moonrise Kingdom: un reino bajo la luna

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  • Titulo original: Moonrise Kingdom
  • Dirección: Wes Anderson
  • Género: Comedia romántica
  • Protagonistas: Jared Gilman - Kara Hayward
  • País: Estados Unidos Año: 2012
  • Duracion: 1h34'
  • Elenco: Bill Murray - Frances McDormand - Bruce Willis - Edward Norton
  • Sitio oficial IMBD
  • Tipo: Película

Ficha

Resumen

La nueva película de Wes Anderson (Los excéntricos Tenenbaum, Viaje a Darjeeling) está ambientada en una isla de la costa de Nueva Inglaterra en el verano de 1965. Cuenta la historia de una chica y un chico de 12 años que se enamoran, hacen un pacto secreto y se escapan a terrenos salvajes e inexplorados. Comienza entonces una persecución por parte de las autoridades - y los padres de la chica - y la comunidad de la pacífica isla se ve trastornada irremediablemente.

Trailer

Comentario de Cartelera.com.uy

En pocas palabras...: La forma y el estilo de Wes Anderson se tragaron al contenido, y el contenido es siempre más o menos el mismo. Moonrise Kingdom es una película casi siempre fría y artificial, que no levanta ni con la presencia de un elenco de lujo.

Crecer duele

Hay un viejo comentario que dice que todos los directores de cine hacen siempre la misma película, una y otra vez. Es probable que en muchos casos (tal vez la gran mayoría) eso no sea cierto, pero en el caso de Wes Anderson casi podría decirse que sí. Con algunas diferencias y varios altibajos, al menos desde Rushmore (1998) - no vi Bottle Rocket (1996), su primer largo - este director nacido en Houston, Texas, en 1969 viene haciendo películas que, aunque diferentes en la superficie, versan sobre los mismos temas y exhiben prácticamente el mismo estilo, las mismas obsesiones, los mismos recursos.

Rushmore era genial, Los excéntricos Tenenbaums (2001) era muy buena, inteligente y divertida (sobre todo gracias a la maravillosa composición de Gene Hackman como padre irresponsable de tres hijos superdotados), pero a partir de Vida acuática (2004), aunque manteniendo su originalidad narrativa y un evidente e inteligente sentido del humor, comenzó a repetirse (la disfunción familiar es sin duda el gran tema de sus películas) pero sobre todo a colocar - queriéndolo o no - la elaborada ingeniería visual de su cine por sobre la reconocible humanidad y emotividad de sus personajes. En pocas palabras: la forma y el estilo se tragaron al contenido, y el contenido es siempre más o menos el mismo.

Los personajes de Anderson suelen ser niños o jóvenes brillantes, creativos, generalmente peleados o distanciados de padres y/o madres, que emprenden viajes intrincados o aventuras delirantes (puede ser al fondo del mar, o a la India) como forma de encontrarse a sí mismos y de reivindicar, si es posible, su pertenencia a algún lugar, sobre todo a algún lugar afectivo. El director suele presentarlos fríamente, como si se tratase de una disección o de un estudio clínico, generalmente de la mano de un narrador que puede ser (o no) un personaje de la película. Desde el punto de vista formal, los escenarios principales donde se desarrollarán los acontecimientos también nos son presentados de una forma frontal, frecuentemente a través de un largo y prodigioso plano secuencia que hace uso de maquetas (como si se tratase de juegos didácticos infantiles o de casas de muñecas) para recorrerlos casi en su totalidad.

Moonrise Kingdom no es la excepción, el problema es que esos y otros recursos (los temas musicales clásicos o anticuados, por ejemplo) ya no sorprenden, son previsibles y solapan cualquier rasgo de emoción que pueda existir (de hecho, existe) en la ternura o conflictividad de sus personajes. En este caso, además, llevando hasta la casi exasperación cierta teatralidad (o falta de naturalidad) en las actuaciones de los chicos, interpretados por los debutantes Jared Gilman y Kara Hayward. Es cierto que los diálogos que les han escrito el propio Anderson y Roman Coppola (hijo de Francis, hermano de Sofia y primo de Jason Schwartzman, actor fetiche de Anderson que aquí, por supuesto, reaparece) no los ayudan, con frases como "Eso suena a poesía" y comportamientos de adultos (como fumar pipa, por ejemplo) que dan como resultado algunas situaciones un tanto forzadas como bailar en la playa al son de una canción francesa (el año es 1965, así que todo es posible, ¿no?).

Hay, sin embargo, algo interesante que Anderson introduce, creo, por primera vez: la sexualidad de sus protagonistas, en este caso incipiente porque se trata de dos preadolescentes. En particular el momento en que Sam le perfora la oreja a Suzy, para colocarle unos aretes que él mismo le confeccionó, es una clara alusión a la pérdida de la virginidad en el marco de una historia de amor en fuga, la de dos chicos de 12 años que sólo desean estar juntos contra la incomprensión del mundo adulto. La mirada de Anderson también se posa - como suele hacerlo - en esos adultos que de pronto se dan cuenta que han fallado como ejemplo a esos chicos, en este caso quizás con un poco más de amargura que en otras de sus películas. Todo en el marco de una inminente tormenta, la más destructiva de la segunda mitad del siglo XX, según las autoridades climatológicas.

Anderson sigue siendo un director con una personalidad innegable, fácilmente reconocible (demasiado reconocible, en realidad), pero cuyas historias y sus personajes lucen cada vez más como figuritas de cartón recortadas sobre postales nostálgicas, con cada vez menos rasgos de humanidad que los hagan identificables para el espectador como seres humanos (hay apenas algún rasgo de humanidad de carne y hueso en algún momento aislado, como la conversación entre Suzy y su madre en la bañera, o la de Sam y el capitán Sharp en el carromato donde vive este último). Increíblemente la excepción es su anterior El fantástico Sr. Zorro (2009), que era una versión animada del cuento de Roald Dahl; allí los personajes efectivamente eran figuritas de cartón animadas sobre ilustraciones (como un libro de cuentos que cobraba vida ante nuestros ojos), pero había emoción, sensibilidad y un goce total de la propuesta estética de principio a fin, siempre al servicio de la historia.

Claramente ese no es el caso de Moonrise Kingdom, una película que no levanta ni con la presencia de un elenco de lujo donde figuran Bill Murray, Frances McDormand, Bruce Willis, Edward Norton y Tilda Swinton, nada menos.


Por Enrique Buchichio para Cartelera.com.uy

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