Borat

Borat

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  • Titulo original: Borat: cultural learnings of America for make benefit glorious nation of Kazakhstan
  • Dirección: Larry Charles
  • Género: Comedia
  • Protagonistas: Sacha Baron Cohen - Ken Davitian
  • País: Estados Unidos Año: 2006
  • Duracion: 1h24'
  • Elenco: Luenell - Pamela Anderson - Bob Barr - Alan Keyes
  • IMBD
  • Disponible en: DVD
  • Tipo: Película

Ficha

Resumen

Sacha Baron Cohen, la estrella y creador del programa de HBO "Da Ali G Show", lleva por primera vez su personaje del periodista kazajo Borat Sagdiyev a la gran pantalla. Dejando atrás su país natal, Kazajistán, Borat viaja a los Estados Unidos para hacer un documental. En sus idas y venidas por el país, Borat conoce a gente real en situaciones reales con hilarantes resultados. Su estrafalario comportamiento genera fuertes reacciones a su alrededor, exponiendo los prejuicios e hipocresías de la cultura norteamericana.

Comentario de Cartelera.com.uy

En pocas palabras...: Un falso documental bastante transgresor e irregular que desafía lo políticamente correcto. A veces gracioso, a veces patético, su mayor logro es desnudar la hipocresía, el racismo y la xenofobia del estadounidense promedio.

¿De qué te reís?

Borat (cuyo título original se traduciría en algo así como “aprendizajes culturales de Estados Unidos para beneficio de la gloriosa nación de Kazajstán”) es a la corrección política lo que el cine porno es al sexo. Me explico: la pornografía se atreve a mostrar todo aquello que las “buenas costumbres” indican que es inmoral, pues Borat Sagdiyev (personaje creado por el comediante británico Sacha Baron Cohen para su programa de TV “The Ali G Show”) se atreve a decir todo aquello que los políticamente correctos dicen que no debería decirse. Sus blancos predilectos son (en orden de menciones): los judíos, las mujeres y los gitanos.

Antes de acusar a Baron Cohen de antisemita conviene mencionar que él mismo es judío, y no sólo de origen y crianza (vivió en un kibutz en Israel) sino que también es practicante. O sea que, en primer lugar, se está riendo de sí mismo, con lo cual me hace acordar a aquel chiste de Seinfeld sobre un hombre que quiso convertirse al judaísmo para poder hacer chistes de judíos sin sentirse culpable. El problema es que Baron Cohen asume el personaje de un desprolijo reportero de la televisión de Kazajstán (ex República Socialista Soviética), con lo cual su burla puede ser confundida con una ofensa hacia ciertos estereotipos tercermundistas que exacerban el choque cultural con Occidente, que es en definitiva de lo que el comediante se está burlando.

Si se es totalmente honesto, Baron Cohen no es mucho más ofensivo que algunos de los sketches más radicales de, por ejemplo, Saturday Night Live. Pero como pasa siempre que hay mucho circo mediático, la película ha llamado la atención a partir de una serie de demandas y acusaciones que van desde la del pequeño pueblo rumano donde se filmó el falso pueblo del que es residente Borat, hasta las del propio gobierno de Kazajstán, que tuvo sus razones para ofenderse... (¿o acaso Uruguay no protestó cuando una malísima película de Steven Seagal nos describió como un país que alberga terroristas, entre otros disparates?).

Es cierto que varias de las bromas de la película lucen un poco desproporcionadas, pero también es cierto que muchas de ellas tienen como intención desnudar la hipocresía, el racismo y la xenofobia del principal objetivo de la película, que es la sociedad estadounidense. Hay que ver lo que se le responde a Borat cuando pregunta cuál es la mejor arma para matar a un judío, o si esa camioneta que le están mostrando sufriría mucho daño en caso de atropellar a un grupo de gitanos. Hay que tener en cuenta que el método de este falso documental fue el de interceptar a desprevenidos individuos que creían realmente estar interactuando con un reportero de un lejano país asiático, sin tener la menor idea de que iban a pasar a ser “personajes” de una comedia muy bizarra y políticamente muy incorrecta. Teniendo eso en mente, hay escenas muy reveladoras sobre la cabeza y la moral del estadounidense promedio, que es un ser bastante mediocre, ignorante e intolerante (si alguien necesita pruebas, fíjense en quién gobierna ese país desde hace siete años, reelección incluida). Cuando cerca del final Borat llega desmoralizado a una ceremonia evangélica, uno se pregunta si realmente el más excéntrico es ese falso periodista que viaja con una gallina en la maleta.

Por cierto que Borat es grosero y desprolijo (a su lado Torrente, el personaje del español Santiago Segura, luciría como un caballero), y por cierto que su sentido del humor no es para el gusto de todos. Pero Baron Cohen es un tipo muy gracioso que puede, con un gesto o una mirada, ser mucho más divertido que con un comentario grueso (dicho en frases torpemente construidas a partir del pobre inglés del personaje). La comedia (que está dirigida por Larry Charles en el mismo estilo semi-documental con que realizó los episodios de Curb your Enthusiasm, la serie de Larry David) alcanza algún momento de comedia física realmente desagradable (esa lucha de Borat y su productor, ambos desnudos, en la cama del hotel), pero en todo caso es un recordatorio de que la sutileza no es su principal objetivo.

Quizá su mayor mérito, más allá de algún chiste más o menos efectivo, sea su desafío frontal a “mantener la compostura” y reírse de lo que supuestamente no hay que reírse. Desde ese punto de vista es una película transgresora.


Por Enrique Buchichio para Cartelera.com.uy

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