En pocas palabras...: El director de Sexto Sentido y Señales toca fondo con una fábula para adultos tan ridícula como pretenciosa. Solo Paul Giamatti logra mantener a flote este fiasco.
El fabulador
Uno podría decir que es una decepción si esperase algo bueno, pero en realidad La Dama en el Agua es la confirmación de una decadencia que ya se venía anticipando desde Señales (2002) y La Aldea (2004). Ambas películas conservaban, todavía, ciertas habilidades narrativas y algún rasgo de originalidad en la manera como planteaban su historia (una invasión extraterrestre desde la perspectiva de una familia sesgada por la tragedia; una comunidad rural que debía superar sus propios miedos para salvar la vida de uno de sus miembros), pero empezaron a notarse algunos rasgos preocupantes que se ven amplificados hasta la exasperación en esta nueva película.
En primer lugar esa pedante insistencia en ubicar a personajes que han perdido la fe frente a desafíos que los hagan “volver a creer” (el psicólogo Bruce Willis en Sexto Sentido; el pastor Mel Gibson en Señales; el conserje Paul Giamatti acá) para de esta manera saturar a su audiencia con mensajes obvios sobre el rol que cumple cada uno en esta vida (y en el Universo). Es lo que podríamos llamar el síndrome del pastor frustrado (Shyamalan fue a colegio católico) que trata a su público (y a sus personajes) como idiotas incrédulos a los que pretende empujar hacia la fe.
No habría nada de malo en esto si por lo menos creyera que uno no es tan idiota como él supone. En La Dama en el Agua, se ve en la obligación de resumir su fábula en un prólogo con la forma de un cuentito para niños (de hecho la historia surgió de un relato que le contaba a sus hijas a la hora de dormir) por si alguien después no entiende (¿?) lo que está a punto de ver. Obviedades y subrayados abundan durante toda la película: la suerte de ninfa que viene del “Mundo Azul” a recordarle a los seres humanos que deben volver a unirse eligió como puerta de entrada un condominio habitado por vecinos de todas las razas (creo que sólo falta un albino), y como guardián a un tartamudo marcado por una tragedia familiar que, en su presencia, deja de tartamudear (por cierto, Giamatti es la única razón por la cual esta película no resulta del todo ridícula).
Hay toques de humor fuera de lugar (el personaje del crítico de cine se supone que es una pequeña revancha personal de Shyamalan contra quienes han criticado negativamente sus películas); golpes de efecto de clase B para sobresaltar a su audiencia (cualquiera se asusta si, en medio de un silencio abrumador, salta un bicho en medio de la pantalla y el sistema Dolby nos aturde con un rugido); efectos visuales truchos (este muchacho tiene problemas con los monstruos en sus películas, como ya le sucedió con los extraterrestres al final de Señales) y, lo peor, una terrible falta de humildad; además de insistir con su capricho de actuar, el director se reserva el rol de un escritor al que la ninfa le predice el futuro: “vas a escribir una gran historia que inspirará a un gran líder de esta nación que hablará maravillas de vos y tu nombre será recordado por generaciones y generaciones...”
Uno –incluso el propio Shyamalan- tiene derecho a creer(se) lo que quiera, pero estoy seguro de que La Dama en el Agua no será esa historia por la que será recordado.
Por Enrique Buchichio para Cartelera.com.uy |