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Película
Los abrazos rotos
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Titulo original: Los abrazos rotos
Género: Drama
País: España
Año: 2009
Duración: 2h08'
Calificación: +15 años
Idioma: Español
Director: Pedro Almodóvar
Protagonistas: Penélope Cruz , Lluís Homar
Elenco: Blanca Portillo, José Luis Gómez, Tamar Novas
Web oficial: Sitio web de la película
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Resumen:
En este almodovariano homenaje al género noir y al melodrama, un director de cine (Lluís Homar) recuerda el brutal accidente en el que no sólo perdió la vista sino también a Lena (Penélope Cruz), la mujer de su vida. Una historia de amour fou, dominada por la fatalidad, los celos, el abuso de poder, la traición y el complejo de culpa.





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Comentario de Cartelera.com.uy
En pocas palabras…: Una obra auto referencial que es, en definitiva, la menos inspirada en la etapa reciente de Almodóvar. Sigue siendo un director inquieto, en más de un sentido audaz e inconformista, pero esta vez no conmueve.

De pasiones y ombligos

Hay una escena en Los Abrazos Rotos que, a la luz de ciertos acontecimientos posteriores, no deja de ser un tanto premonitoria: el personaje de Mateo (Lluís Homar), un director de cine, está en la playa junto a su actriz y amante (Penélope Cruz) leyendo El País; lee algo que no le agrada en relación a la película que acaba de filmar y arroja furioso el diario, cuyas páginas vuelan por la arena arrastradas por el viento.

A esta altura ya es célebre la polémica suscitada entre Pedro Almodóvar y ese diario madrileño, en particular su crítico cinematográfico Carlos Boyero, a propósito de la última película del director. Quien quiera ponerse al tanto encontrará los enlaces en esta misma página. Lo que no deja de ser significativo es que un director de cine dedique tanto tiempo y tantas palabras en primera persona a refutar la opinión de un crítico de cine, por menos agradable que ésta sea. Almodóvar parece haber olvidado que, desde el momento en que estrena una película, se expone a la opinión – a veces descarnada e implacable – de quienes la vean, incluyendo, claro está, a los críticos de cine. Y en tanto esa opinión no sea difamatoria u ofensiva (entendiendo por ofensa un daño a la moral o a la dignidad de alguien), todo lo que el afectado pueda hacer o decir a su favor está de más.

Es un tema delicado y complejo, pero al mismo tiempo bastante simple: un director de cine hace películas, y un crítico de cine escribe y opina sobre ellas. Hay directores de cine buenos y malos, humildes y egocéntricos, así como hay críticos de cine mediocres, que se ubican por encima de las películas y de los directores que las dirigen, y otros excelentes, que aportan elementos para que el espectador siga reflexionando sobre las películas mucho después de dejar el cine. Nada debería interferir entre ellos, ni egos ni odios. Pero Boyero despotrica contra Almodóvar y Almodóvar despotrica contra Boyero. En el medio, lo que queda es una película sin discutir.

Esa película se llama Los Abrazos Rotos, y es la obra más auto referencial de Almodóvar. El manchego homenajea al cine como nunca lo había hecho antes, y convierte en héroe de su homenaje a un director de cine que se ha quedado ciego, y al que han destruido su reputación, su vida y su película. Esa película se parece mucho, muchísimo, a Mujeres al Borde de un Ataque de Nervios (1988), el primer éxito internacional de Almodóvar y una comedia brillante por diversas razones, entre ellas su perfecto guión y un estupendo elenco encabezado por Carmen Maura. En Volver (2006), todo un homenaje al amor materno ambientado en La Mancha (donde nació Pedro), Almodóvar se reencontraba con Maura, su primera musa, y Penélope Cruz asumía su lugar por derecho propio. Los Abrazos Rotos confirma su estatus como actual musa almodovariana, reinventada permanentemente por su director a imagen y semejanza de varias divas del séptimo arte, desde Audrey Hepburn hasta Lana Turner.

Del mismo modo que Penélope es varias mujeres en una sola (actriz, secretaria, hija, amante), Los Abrazos Rotos son varias películas, o varias historias, que confluyen en una sola. Como un rompecabezas que cuesta armar hasta que predomina una imagen o un color que nos sirve de guía. O como una sala de montaje donde hay muchas escenas, y varias tomas, como pedazos de una misma fotografía, de las que pueden salir diferentes películas según cómo sean editadas. Y según quién las edite. Cine negro, melodrama, comedia dentro del drama, cine dentro del cine. Amores, pasiones, obsesiones, traiciones, mentiras, verdades. Todo con el característico sello Almodóvar, que suele incluir diálogos imposibles, revelaciones inesperadas, mucha música de fondo (siempre brillante, gentileza de Alberto Iglesias) y colores fuertes. Mucho rojo, mucho objeto de diseño, mucha obra de arte, mucho arte.

Mateo (o Harry Caine, según el seudónimo que usa el protagonista una vez que “Mateo ha muerto”) no es Almodóvar, por más que es éste quien habla a través de Mateo cuando dice que “las películas hay que terminarlas, aunque sea a ciegas”. Todo esto del director de cine ciego me hace acordar a aquella película de Woody Allen, La Mirada de los Otros (Hollywood ending, 2002), en la que el propio Allen encarnaba a un director de cine que se quedaba ciego en pleno rodaje, terminando su película a tientas. Al final, la película en cuestión era un mamarracho y un fracaso para el estudio que la financiaba, pero en Francia terminaba siendo un éxito. Era una broma muy personal de Allen, cuyo cine siempre ha sido más admirado en Europa que en Estados Unidos. Lo mismo puede decirse de un tiempo a esta parte del cine de Almodóvar, algo que él mismo se ocupa de recordar en la polémica con El País.

Pero más allá de qué tipo de cine les guste a los franceses (reconociendo que hay franceses de todo tipo y con todo tipo de gustos), lo cierto es que Almodóvar sigue siendo un director relativamente inconformista (en el sentido de que no se conforma con volver a hacer una y otra vez la misma película, algo en lo que suelen incurrir varios autores consagrados), y que no deja indiferente a casi nadie, ya sea porque sus películas apasionan o porque irritan y hasta molestan. Los Abrazos Rotos no irrita ni molesta, salvo algún momento fugaz, pero sí me parece hasta cierto punto una de las menos inspiradas. Una obra donde la auto referencia casi permanente puede confundirse con cierta carencia de ideas nuevas, por más que nos depare algunas sorpresas muy regocijantes (como esos cameos de Chus Lampreave, Kiti Manver, Rossy de Palma y hasta de Lola Dueñas, inefable en su rol de rígida lectora de labios).

Pero no es el “ombliguismo” de Almodóvar lo que molesta, en definitiva, sino la falta de convicción en la construcción de sus personajes y de las pasiones que supuestamente los mueven. Casi todo en Los Abrazos Rotos es una representación artificiosa, una muy cuidada puesta en escena al servicio de una historia que finalmente no conmueve, ya sea porque la pasión entre Mateo y Lena no es creíble o porque la revelación más trascendente en la vida de un personaje se asume con la misma naturalidad con la que se toma el desayuno.

En el medio quedan algunos momentos y algunas imágenes para el recuerdo: la lágrima sobre el tomate, el “doblaje” del making off (otra vez, Lola Dueñas), la comicidad de Carmen Machi dentro de “Chicas y maletas”, Blanca Portillo (haga lo que haga), los cinco minutos desgarradores de Ángela Molina, y esas dos manos intentando retener la imagen del último beso, del último abrazo.


Por Enrique Buchichio para Cartelera.com.uy