La vida y ¿nada más?
Desde hace dos o tres años tengo la sensación de que vengo escribiendo lo mismo ante cada nueva película de Woody Allen, casi como si se tratase de la misma película. Y es que en parte lo siento así: una buena idea, o un buen chiste, que se estira por casi dos horas entre diálogos más o menos ocurrentes, generalmente bien actuados. Solo que, en este caso, hasta la buena idea faltó a la cita.
Y miren que lo digo con lástima, porque considero que Allen es uno de los grandes creadores del cine norteamericano de los últimos 30 años. Pero aquella magia, aquel talento, aquellas historias y aquellos personajes que volveríamos a ver una y otra vez en joyitas como Annie Hall (1977), Manhattan (1979), La Rosa Púrpura del Cairo (1985), Hannah y sus Hermanas (1986), La Otra Mujer (1988), Crímenes y Pecados (1989), Sombras y Niebla (1991), Maridos y Esposas (1992), Disparos sobre Broadway (1994), Dulce y Melancólico (1999), sencillamente ya no están.
Lo peor es que todo lo demás está ahí: los títulos con la misma tipografía en blanco sobre fondo negro, la música de jazz, el elenco en orden alfabético (casi inevitablemente encabezado por el propio Allen), los personajes que intelectualizan casi todo lo que les pasa, por supuesto Nueva York. Pero, y ¿qué más?
Tal vez tienen razón quienes afirman que Woody debería tomarse un año sabático y pensar mejor su próxima película; quizás sea cierto eso de que escribir una película por año se está volviendo un trámite repetitivo y carente de ingenio y sorpresa. Claro, un señor que está a punto de cumplir 70 años se ha ganado el derecho de hacer lo que quiera, pero uno no necesariamente tiene por qué prestarle atención eternamente. Hasta el año pasado yo era uno de los que sostenían que, a pesar de todo, valía la pena seguir esperando la siguiente película de Allen; después de Anything Else no estoy tan seguro de ello.
Por Enrique Buchichio para Cartelera.com.uy |