Bourne: el ultimátum

Bourne: el ultimátum

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  • Titulo original: The Bourne ultimatum
  • Dirección: Paul Greengrass
  • Género: Acción-Thriller
  • Protagonistas: Matt Damon - Julia Stiles
  • País: Estados Unidos Año: 2007
  • Duracion: 1h51'
  • Elenco: Joan Allen - David Strathairn - Paddy Considine - Scott Glenn
  • Sitio oficial IMBD
  • Disponible en: VHS DVD
  • Tipo: Película

Ficha

Resumen

En Identidad Desconocida (2002) trató de descubrir quién era. En La Supremacía Bourne (2004) vengó el asesinato de su novia. Ahora, el asesino secreto Jason Bourne (Matt Damon) regresa a casa y tiene únicamente estas palabras para sus perseguidores: “Me acuerdo de todo.” Su búsqueda lo llevará por Moscú, París, Madrid, Londres, Tánger y finalmente Nueva York, donde todo comenzó y donde debe terminar.

Comentario de Cartelera.com.uy

En pocas palabras…: Un film de acción impactante y sin pausa, que carece de profundidad psicológica pero la compensa con una trama atrapante a través de medio mundo.

Cacería global

Uno deja el cine un poco aturdido, con la sensación de haber pasado las últimas dos horas en una pista de autos chocadores. La acción es trepidante y constante desde la primera escena, en que Bourne es perseguido por policías en Moscú. La cosa seguirá más o menos así –con apenas unos pocos momentos de calma- hasta un impactante final en Nueva York, donde la travesía de Bourne comenzó… por más que él no lo recuerde.

Esta tercera entrega de la serie (basada en una novela de Robert Ludlum) lleva a Bourne también por París, los subterráneos de Londres, las calles de Madrid y los techos de Tánger (Marruecos). Se trata de una cacería realmente global, a medida que altas autoridades de la CIA intentan dar con él y eliminarlo; que él mismo intenta reconstruir los vestigios de su pasado para descubrir su verdadera identidad; y que recibe ayuda de solo unas pocas personas, mientras van detrás de él todos y cada uno de los asesinos desperdigados por el mundo al servicio de la Central de Inteligencia; después de todo, así como el propio Bourne, ellos fueron entrenados para matar y no fallar en el intento.

El británico Paul Greengrass vuelve a hacer gala del estilo visual que cultivó en la segunda parte de la trilogía (La Supremacía Bourne) y que le valió una nominación al Oscar como mejor director este año por United 93: la cámara nerviosa, el montaje frenético (excelente, por cierto) y una proximidad que convierte al espectador en partícipe de la acción, como si estuviera a bordo de ese vehículo o en el mismo cuartucho donde Matt Damon le está partiendo la cara a su perseguidor de turno. Lo que falta es la profundidad psicológica y emocional de los personajes que nos haga interesar por ellos más allá de las peripecias físicas y los riesgos que éstas implican. Damon se esfuerza, en un personaje que a esta altura le queda como anillo al dedo, pero lo suyo pasa más bien por la destreza y habilidades del personaje (contra el que no puede ni la CIA entera). Como film de acción es excelente, pero todo sucede tan rápido y muchas cosas se resuelven de manera tan fácil (para no hablar de la inmunidad de Bourne, que sale vivo de casi cualquier situación) que en definitiva sólo interesa por su tenso y enérgico despliegue físico. Claro que quien busque sólo eso saldrá ampliamente recompensado.

Para quien lea las noticias y esté un poco al tanto de lo que pasa en el mundo, por otro lado, la trama de la película no evita las connotaciones políticas de la actual “guerra contra el terrorismo” llevada adelante por Estados Unidos después del 11 de setiembre de 2001. La CIA como órgano de estado dispuesto a todo (y todo quiere decir TODO, incluso el secuestro, la tortura y el asesinato de inocentes) a cambio de una dudosa seguridad nacional no es más que el fiel reflejo de una práctica habitual, como lo han demostrado los vuelos clandestinos desde Medio Oriente, las prisiones secretas en varios puntos del planeta, el escándalo de Abu Ghraib y el campo de concentración que es Guantánamo. Y cuando las cámaras de seguridad y los agentes secretos persiguen a un periodista (Paddy Considine) -porque amenaza revelar una verdad comprometedora- por la estación de Waterloo en Londres, deteniendo a un peatón inocente a su paso, es imposible no pensar en el brasileño Jean Charles de Menezes, asesinado de siete tiros en la cabeza por la policía londinense el 22 de julio de 2005, tras haberlo seguido hasta el metro bajo sospecha de ser un terrorista. Por supuesto Menezes era inocente, pero eso no pareció importarle a una fuerza de seguridad cuya doctrina –como la de la CIA- es “tirar a matar” y, en todo caso, preguntar después. Y si es posible no hacerse preguntas, mejor. Todo sea en nombre de la seguridad nacional.


Por Enrique Buchichio para Cartelera.com.uy

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