Capitán de mar y guerra: la costa más lejana del mundo

Capitán de mar y guerra: la costa más lejana del mundo

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  • Titulo original: Master and Commander: the far side of the world
  • Dirección: Peter Weir
  • Género: Drama histórico
  • Protagonistas: Russell Crowe - Paul Bettany
  • País: Estados Unidos Año: 2003
  • Duracion: 2h18'
  • Elenco: Billy Boyd - Lee Ingleby - George Innes - James D'Arcy
  • IMBD
  • Disponible en: VHS DVD
  • Tipo: Película

Ficha

Resumen

Ubicada en la época de las guerras Napoleónicas, este drama épico tiene a Russell Crowe en el papel de “Lucky” Jack Aubrey, famoso capitán guerrero de la Armada Británica creado por el escritor Patrick O’Brian. Súbitamente su nave, el Surprise, es atacada por un enemigo superior, por lo que con el barco muy dañado y gran cantidad de heridos entre la tripulación, Aubrey se debate entre cumplir con su deber o con su amistad, mientras inicia una persecución de alto riesgo para capturar a su enemigo, a través de dos océanos. Master and Commander tuvo 10 nominaciones al Oscar, incluyendo mejor película y mejor director (Peter Weir). Obtuvo el premio a la mejor fotografía (Russell Boyd) y a la mejor edición de sonido (Richard King).

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Comentario de Cartelera.com.uy

La cacería

El australiano Peter Weir posee una carrera tan irregular como interesante. No se puede decir que la suya sea una obra personal, pero a lo largo de las tres últimas décadas ha realizado un conjunto de filmes por lo general –y como mínimo- atendibles, con algunos picos de talento y creatividad. A veces cuesta creer que quien hizo aquella inicial Picnic en las rocas colgantes (1975) sea el mismo director de una comedia romántica como Matrimonio por conveniencia (1990) o de una fábula original como The Truman Show (1998), pero es que los buenos profesionales suelen ser así de prolíferos.

Con Capitán de mar y guerra, Weir amplía el alcance de su filmografía hacia un género poco frecuentado en los últimos años. Hollywood hizo toda una tradición de las grandes aventuras épicas sobre héroes de alta mar, con ejemplos más o menos rigurosos –y más o menos comerciales- como El Halcón de los Mares (1940), con Errol Flynn, o las múltiples versiones de Motín a Bordo (la más reciente de las cuales fue dirigida por otro australiano, Roger Donaldson, en 1984). Y es bienvenido el rigor con que Weir asume la empresa; habría que ser un gran conocedor para evaluar más ampliamente el resultado desde un punto de vista histórico, pero si algo bueno puede decirse del guión de Weir y John Collee (basado en las novelas de Patrick O’Brian) es que no abruma al espectador con datos innecesarios. Alcanza un breve prólogo escrito sobre la pantalla para ubicarnos en el contexto histórico y entender cuál es la misión que los personajes tienen entre manos.

A partir de allí, o sea desde el comienzo mismo, lo que importa es la acción, y acción entendida como acumulación de acontecimientos, drama, conflicto, no necesariamente despliegue físico de masas –que también existe, por cierto, y siempre bien resuelto. El interés de Weir es sacarle jugo al vínculo entre los personajes, particularmente entre el disciplinado aunque cordial capitán Jack Aubrey que interpreta Russell Crowe y su variada tripulación, que incluye desde niños a los que aún les faltan años para afeitarse hasta ancianos curtidos por el sol de muchos mares. Y, en un segundo plano no menor, a la amistad entre ese capitán y el doctor de abordo, magníficamente encarnado por el inglés Paul Bettany (compañero de reparto de Crowe en Una mente brillante). Ese personaje funciona un poco como la conciencia del capitán, como esa voz que le dice, de repente, lo que Aubrey no quisiera escuchar. Y también como un escape a tantas tensiones; es interesante ver cómo esa amistad incluye la recreación musical de dos aficionados a las cuerdas (Aubrey toca el violín y el doctor el violonchelo). En todos estos aspectos, la historia es no sólo creíble y atrapante, sino por momentos reveladora de las múltiples facetas del ser humano enfrentado a situaciones extremas.

Después está la acción, claro, donde el despliegue es estupendo. Weir se muestra muy hábil a la hora de coordinar y filmar batallas navales, luchas contra el mar embravecido, o un pequeño recreo en una isla olvidada en el fin del mundo. Y lo hace, además, sin basar su película en la espectacularidad escenográfica o en el mero lucimiento técnico. De hecho, muchas de las escenas son presentadas en planos más bien cerrados, sobre fondo oscuro que oprime a los personajes contra la cámara. En una producción barata uno podría pensar que es un recurso inteligente para disimular las carencias de presupuesto, pero tratándose de una película de costo millonario sólo hay que entender que Weir sencillamente prefiere transmitir las emociones que sacuden a sus personajes a facilitar el lucimiento de su equipo técnico.

Lo anterior no quiere decir que la película no descolle en todos sus rubros. Desde la dirección artística de William Sandell hasta el vestuario de Wendy Stites, pasando por la fotografía de Russell Boyd (premiada con el Oscar) y el montaje de Lee Smith, cada área ofrece lo mejor de sí para, sumadas, redondear un logro cinematográfico de primer nivel. El clima intimista y reflexivo que por momentos adquiere la película puede llevar a muchos espectadores a sentir “aburrimiento”, o cierta decepción vinculada, posiblemente, a las expectativas generadas vaya a saber uno dónde. Pero conviene tenerlo presente: esto no es La Maldición del Perla Negra.

PD: para quienes se queden con ganas de más aventuras en alta mar, aunque sea en otro medio, les recomiendo fervientemente La cacería, del escritor uruguayo Alejandro Paternain. Con extraordinario rigor histórico y gran nervio narrativo, la novela describe la persecución entre una fragata inglesa y otra lusitana en tiempos de los corsarios de Artigas. Un pedazo de nuestra historia que seguramente muchos quisieran descubrir.


Por Enrique Buchichio para Cartelera.com.uy

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