El Gran Hotel Budapest

El Gran Hotel Budapest

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  • Titulo original: The Grand Budapest Hotel
  • Dirección: Wes Anderson
  • Género: Comedia
  • Protagonistas: Ralph Fiennes - Tony Revolori
  • País: Estados Unidos-Alemania Año: 2014
  • Duracion: 100'
  • Elenco: F. Murray Abraham - Mathieu Amalric - Adrien Brody - Willem Dafoe - Jeff Goldblum
  • IMBD
  • Tipo: Película

Ficha

Resumen

En la nueva comedia de Wes Anderson (Viaje a Darjeeling, Moonrise Kingdom), Gustave H. (Ralph Fiennes), un legendario conserje de un famoso hotel europeo de entreguerras, entabla amistad con Zero Moustafa (Tony Revolori), un joven empleado al que convierte en su protegido. Ambos se ven involucrados en el robo y la recuperación de una pintura renacentista de valor incalculable, y en la batalla que enfrenta a los miembros de una familia por una inmensa fortuna. Como telón de fondo, los levantamientos que transformaron Europa durante la primera mitad del siglo XX.

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Trailer

Comentario de Cartelera.com.uy

Zero en conducta

 

El primer elogio que se le puede hacer a la nueva película de Wes Anderson es que parece haber logrado algo inimaginable: conformar no sólo a quienes ya eran fanáticos incondicionales de su estilo sino también a quienes nos habíamos cansado un poco del mismo. Seamos claros: el tipo posee un rasgo distintivo y una personalidad cinematográfica única, algo que lo distingue claramente en el panorama del cine de autor estadounidense, pero en sus últimas películas al menos desde Viaje a Darjeeling (2007) - y con la clara excepción de la maravillosa y animada El fantástico Sr. Zorro (2009) - el uso de su forma narrativa había caído en la reiteración anodina, y su construcción de personajes en la más pura artificialidad. El colmo de todo eso - al menos para mí - fue su anterior Moonrise Kingdom (2012), un romance infantil mezclado con relato de aventuras que resultaba profundamente irritante.

 

Por eso me acerqué con cautela - y también con mucha curiosidad, a partir de los elogios que había recibido desde su estreno en el Festival de Berlín - a esta El Gran Hotel Budapest. Y fue una grata sorpresa. Casi todos los clichés de Wes Anderson están allí: la voz narradora que forma parte de la historia, los personajes más bien caricaturales, las escenas casi siempre planteadas como cuadros animados, el preciosismo en la puesta en escena y el detallismo en la dirección de arte, etc. Pero por una vez - o al menos desde Vida acuática (2004) - todos esos recursos están en función de una anécdota que funciona, de unos personajes arquetípicos pero efectivos, de una comedia tan divertida como original. En definitiva: tienen sentido.

 

Para empezar, por el fascinante contexto histórico-geográfico en que el director elige ambientar el relato: la Europa central del siglo XX, con especial atención en su primera mitad de entreguerras. No es nada casual que Anderson se haya inspirado en las obras del escritor y biógrafo austríaco Stefan Zweig (1881-1942), un intelectual de origen judío muy popular entre 1920 y 1930, que huyó de Austria ante el ascenso del nazismo y terminó sus días en Brasil, donde se suicidó junto a su segunda esposa convencido del eventual triunfo de Hitler en la Segunda Guerra Mundial.

 

Hay un claro comentario político por detrás del relato humorístico de las aventuras del Sr. Gustave H y su protegido, un chico indio llamado Zero. Y ese comentario podría resumirse más o menos así: la burguesía europea hizo caso omiso al ascenso del nazismo, mientras se daba la gran vida en un clima de fiesta y derroche con reminiscencias de la Belle Époque, y la Segunda Guerra fue un gran trauma que dejó al continente hecho pedazos y en clara decadencia, mientras surgían nuevas políticas y nuevos estados tras la expansión socialista soviética. A pesar de lo que el título de la película - y el nombre del hotel - podría sugerir, no estamos en Hungría sino en un país inventado de nombre Zubrowka, que bien podría ser una versión ficcional de la propia Hungría, Bulgaria, Polonia, Austria, Alemania, o una suma de varias de sus partes.

 

Pero ese es el trasfondo, que aparece anotado tanto en la época de esplendor del Grand Budapest como en su ruinoso presente, desde el cual se nos narra la historia. También en algunos oscuros personajes secundarios - claramente en el hijo encarnado por Adrien Brody como en su violento mandadero, el temible Willem Dafoe - que operan como verdaderos agentes del fascismo dispuestos a todo para conseguir sus objetivos. No debe ser nada casual, tampoco, que el héroe de esta historia sea un inmigrante de piel oscura en una Europa dominada por defensores de lo ario. Y si nos ponemos intertextuales, es al menos curioso que su mejor amigo y mentor, Gustave H, sea interpretado por Ralph Fiennes, quien fue un sádico oficial nazi en La lista de Schindler (1993).

 

Como es habitual en los filmes de Anderson, hay mucha referencia cinéfila, musical, artística y literaria que podrá ser disfrutada por quienes las detecten. Lo bueno de la película es que funciona en sí misma más allá de esas referencias, de las que se nutre sabiamente, generando un universo propio y una lógica tan absurda como encantadora. Aunque no hay aquí una aproximación necesariamente emotiva hacia los personajes (como sí la había en trabajos anteriores, quizás más serios, como Los excéntricos Tenenbaum, Vida acuática, o Darjeeling), sí permanece cierta sensación agridulce, como cuando se rememora un tiempo pasado con un dejo de nostalgia. Es un rasgo característico de todas las películas de Anderson: los personajes siempre parecen estar fuera de su tiempo (ya sea el tiempo en que se ambienta la película o el de su producción), como añorando glorias pasadas, o preservando viejos recuerdos de la infancia como quien guarda pequeños objetos en una caja. De ahí probablemente surge la conexión emocional que sus obras producen, al menos en cierta parte del público, más allá de lo arquetípico y a veces mecánico de sus personajes y sus relatos.

 

Pero esta vez todo eso funciona, decía, al servicio de una historia muy efectiva que funciona muy bien como comedia absurda (al menos durante gran parte del relato) pero que también incorpora elementos del suspenso, el romance y la intriga detectivesca. Todo servido en una bandeja de confites muy colorida, en tonos pastel, que toma prestado del vodevil teatral, del relato literario y hasta de los cartoons y el mundo de la historieta. Si uno hace el esfuerzo de recordar visualmente la película después de verla, probablemente aparezca una sucesión de cuadros a la manera de los retratos de personajes que llenan el afiche con caras famosas.

 

Y ese es otro de los méritos de Anderson; como Woody Allen, Spielberg, Scorsese y algunos pocos más, es uno de esos cineastas capaces de convocar a todo un elenco de prestigiosos intérpretes dispuestos a aparecer aunque sea unos escasos minutos en la pantalla. Allí hay viejos conocidos del director, como Brody, Dafoe, Jeff Goldblum, Bill Murray, Edward Norton, Jason Schwartzman, Tilda Swinton y Owen Wilson, junto a algunas caras nuevas en su filmografía como Fiennes, F. Murray Abraham, Mathieu Amalric, Harvey Keitel, Jude Law, Saoirse Ronan, Lea Seydoux y Tom Wilkinson. Pero ninguno de ellos (salvo, quizás, el bon vivant que hace Fiennes) acapara la atención tanto como el sorprendente Tony Revolori, un casi debutante de ojos saltones que, a diferencia de otros personajes juveniles en la obra de Anderson, genera una empatía inmediata y duradera en el espectador.

 


Por Enrique Buchichio para Cartelera.com.uy

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