Perdidos en Tokio

Perdidos en Tokio

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  • Titulo original: Lost in translation
  • Dirección: Sofia Coppola
  • Género: Comedia dramática
  • Protagonistas: Bill Murray - Scarlett Johansson
  • País: Estados Unidos-Japón Año: 2003
  • Duracion: 1h42'
  • Elenco: Giovanni Ribisi - Anna Faris
  • Sitio oficial IMBD
  • Disponible en: VHS DVD
  • Tipo: Película

Ficha

Resumen

Bob Harris (Bill Murray) es un actor de cine estadounidense más o menos conocido que, en medio de una crisis matrimonial, llega a Tokio para filmar un comercial de whisky. Charlotte (Scarlett Johansson), de la misma nacionalidad, acaba de graduarse de la universidad y no sabe muy bien qué hacer con su vida. Incapaces de conciliar el sueño, Bob y Charlotte merodean por el hotel hasta que una noche se conocen en el bar… Por esta, su segunda película, Sofia Coppola (hija de Francis) obtuvo el Globo de Oro a la mejor comedia y el Oscar al mejor guión original.

Comentario de Cartelera.com.uy

Perdidos y encontrados

Hay que incluir el nombre de Sofia Coppola, guionista y directora de esta película, entre los grandes creadores del cine independiente norteamericano. Hija de uno de los mayores directores del cine de los años ’70, Francis Ford Coppola, para quien realizó una inolvidablemente pésima actuación como hija de Michael Corleone en El Padrino III, Sofia había debutado en la dirección de largometrajes con la sorprendente Las Vírgenes Suicidas (1999), adaptación de una novela de Jeffrey Eugenides que está editada en video y se ve muy seguido en cable.

Lost in Translation, en cambio, es un guión original basado en experiencias propias durante algunas estadías en la capital de Japón. Más que inspirarse en situaciones específicas –aunque algo de eso hay-, lo que ha hecho Sofia Coppola es recuperar sensaciones, estados de ánimos y atmósferas que cualquiera que haya estado en tránsito en un aeropuerto, o como huésped en un hotel de lujo de alguna gran ciudad, sabrá reconocer inmediatamente. Esa mezcla de jet lag, confusión y aparente estado de suspensión del tiempo y hasta cierto alejamiento de la realidad cotidiana, se combinan aquí con la magia de una ciudad donde se confunden la modernidad extrema, casi absurda, con ritos y costumbres ancestrales que rescatan la espiritualidad del ser humano. Es en esa suerte de limbo que dos almas se encuentran, en medio de japoneses que les hablan en su propio idioma y de crisis personales más o menos profundas.

No sé muy bien cómo lo logra, pero Coppola convierte al espectador en un viajero –como Bob Harris- recién llegado a Japón, sobresaltado por la tecnología, la empalagosa amabilidad de los anfitriones, y la molesta complicidad de otros viajeros circunstanciales que se creen en la obligación de mantener conversación con uno simplemente porque vienen del mismo país. A Bob Harris parece no importarle nada de eso; ha llegado a Tokio para filmar un comercial de whisky por el que le pagarán dos millones de dólares, y sólo pretende matar el tiempo en el bar del hotel mientras ansía la hora de tomar el avión de regreso. Pero jamás pensó que, en medio de su crisis de edad madura, se iba a topar con Charlotte, quien ya debería tener suficientes problemas siendo una joven mujer que aún no ha dejado del todo de ser una adolescente, pero además está casada con un fotógrafo egocéntrico que no le presta la debida atención. O sea, dos personas en crisis, varadas en un hotel de lujo, en una ciudad que parece fabricada para perderse en ella y despertar en los sitios más insólitos.

Lo que podría haber sido una historia de amor convencional con diferencia de edad en el medio se convierte, en manos de una directora con gran sensibilidad y un ojo increíble para registrar gestos, situaciones y ambientes, en algo mucho más simple y a la vez complejo: el retrato de una relación de futuro tan incierto que ni siquiera importa; lo que importa aquí son los días y las horas que Bob y Charlotte pasan juntos en Tokio, mientras el comercial termina de filmarse y mientras el marido de ella regresa de una misión laboral fuera de la ciudad. Y lo que sucede en esas horas es la más pura, legítima, sorprendente y reveladora comunicación que puede producirse entre dos personas, cualquiera sean sus sexos, edades, e intenciones. Bob y Charlotte conectan de una forma que no logran descifrar, y que prácticamente no requiere palabras para explicarse. Simplemente la pasan bien juntos, y se divierten como tal vez no lo hayan hecho en sus vidas. Cuando, en medio de una sesión de karaoke, Bob agarra el micrófono y canta “More than this... there’s nothing”, mirando de reojo a Charlotte, uno sabe exactamente de lo que está hablando.

Sería terrible quedarse en la superficie y no dejarse arrastrar por las sensaciones que propone esta película. El humor está ahí, y hay diálogos formidables –y formidablemente dichos-, pero su poder de seducción radica más que nada en los silencios y las contemplaciones, en la mirada de los protagonistas posadas sobre imágenes capaces de permanecer en la memoria por largo tiempo: la fachada animada de un edificio; la amigable locura de los adolescentes en una sala de video juegos; un fax que se activa a una hora inoportuna; una novia japonesa en un parque, obviamente, japonés; una multitud de transeúntes tapados de paraguas transparentes; una sesión de gimnasia acuática... Lost in translation (“perdido en la traducción”, excelente título) es una película plagada de imágenes que uno quisiera vivir, de sonidos sugestivos (la música de Kevin Shields y Brian Reitzell es una maravilla) que llenan el alma, y de momentos que uno cree merecer vivir algún día.

Contiene, por si fuera poco, la mejor actuación en la carrera de Bill Murray, un actorazo habitualmente confundido con, apenas, un buen comediante. Bill Murray es casi siempre Bill Murray, pero esta vez, además, es un señor maduro con mucha sensibilidad y el tono exacto entre calidez e ironía. A su lado, Scarlett Johansson es una muñeca frágil que uno quisiera correr a consolar, si no fuera que Bob Harris anda por allí en la vuelta para darle un beso en la frente.

Estamos, sin dudas, ante una de las mejores películas del año.


Por Enrique Buchichio para Cartelera.com.uy

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