Babel

Babel

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  • Titulo original: Babel
  • Dirección: Alejandro González Iñárritu
  • Género: Drama
  • Protagonistas: Brad Pitt - Cate Blanchett
  • País: Estados Unidos-México Año: 2006
  • Duracion: 2h22'
  • Elenco: Gael García Bernal - Koji Yakusho - Adriana Barraza - Rinko Kikuchi
  • IMBD
  • Disponible en: VHS DVD
  • Tipo: Película

Ficha

Resumen

En las arenas remotas del desierto marroquí se escucha el disparo de un rifle. Ese disparo detona una serie de acontecimientos que relacionarán cuatro historias: la de una pareja estadounidense que lucha por sobrevivir en Marruecos, la de dos niños marroquíes involucrados en una trágico incidente, la de una niñera mexicana que está cruzando la frontera ilegalmente hacia México con dos niños estadounidenses, y la de una adolescente japonesa sordo-muda cuyo padre es buscado por la policía en Tokio. Aún cuando los separan culturas tan opuestas y distancias tan marcadas, cada uno de estos grupos de personas se acerca a toda velocidad hacia un destino compartido de aislamiento y profunda tristeza. En tan solo unos días, cada uno de ellos enfrentará la terrible sensación de encontrarse perdido: perdidos en el desierto, perdidos en el mundo, perdidos en sí mismos. Premio al Mejor Director en el Festival de Cannes 2006. Globo de Oro a la mejor película dramática de 2006.

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Comentario de Cartelera.com.uy

En pocas palabras…: Si algún mérito tiene González Iñárritu (además de la conducción de un buen elenco donde hay estrellas y actores no profesionales) es el de haber sido capaz de dar a una película menor y pretenciosa la forma de un cine supuestamente original e importante.

La aldea y el mundo

Según el Antiguo Testamento (Génesis 11,1-9), Babel fue la torre erigida en la llanura de Shinar, en Babilonia, por los descendientes de Noé (sí, el del arca). Sus constructores querían que la torre alcanzara el cielo, pero este acto de soberbia causó la ira de Dios, que interrumpió la construcción y los dispersó por toda la faz de la tierra, forzándolos a hablar diferentes lenguas. Desde entonces, pues, la humanidad se encuentra dividida por numerosas barreras idiomáticas que dificultan su comunicación.

A partir de esta idea tan bíblica el mexicano Alejandro González Iñárritu consideró oportuno cerrar una suerte de “trilogía sobre el dolor” iniciada con sus dos primeras películas: Amores Perros (2000) y 21 Gramos (2003). Al igual que esos dos antecedentes, Babel cuenta con un guión del también mexicano Guillermo Arriaga en el que vuelve a jugar con los tiempos narrativos (aunque no tan alevosamente como en Amores Perros y 21 Gramos) para deconstruir su historia en pequeñas piezas de un rompecabezas y lograr componer al final una imagen completa, con cada pieza encajando en su lugar. También repite la excusa narrativa de enhebrar varias historias a partir de un mismo incidente (en las dos primeras era un trágico accidente de tránsito), solo que esta vez el recurso parece más caprichoso y más forzado.

A esta altura debería advertir que si aún no viste la película podés dejar de leer aquí, porque voy a comentar algunos giros de la historia.

Que un disparo en el desierto de Marruecos tenga, en cuestión de horas, repercusiones hasta las calles de Tokio es, por lo menos, poco creíble; en realidad es una excusa (atada con alambre) para lograr que el comentario de la película sea de alcance lo más universal posible (aquello de “pinta tu aldea y pintarás el mundo” no fue suficiente en este caso). De esta manera, lo que le sucede a una pareja norteamericana de viaje por el noroeste africano afecta a su empleada mexicana, que se ve en la disyuntiva de quedarse a cuidar a los dos niños de sus patrones o ir –sin permiso de éstos- a la boda de su hijo del otro lado de la frontera; a una familia de pastores en el desierto marroquí, cuyos imprudentes hijos han provocado, sin quererlo, un conflicto internacional exacerbado por la paranoia anti terrorista de Occidente; y, del otro lado del mundo, a una adolescente japonesa sordomuda y a su padre, que en definitiva habrá sido, también sin quererlo, el responsable último de toda esta madeja de acontecimientos.

Es obvio que González Iñárritu quiso ir más allá en su “mensaje” (concepto odioso pero claramente buscado en este caso) sobre causas y consecuencias, tan hábilmente tejido en sus dos primeras películas (sobre todo en Amores Perros; en 21 Gramos ya el recurso, aunque efectivo, comenzaba a lucir bastante caprichoso más allá de una buena historia con interés dramático propio). Pero además de ir más allá quiso subrayarlo, para dejarlo bien claro por si a alguien le queda alguna duda sobre de qué habla esta película: un pequeño acto puede tener consecuencias insospechadas en personas que ni siquiera conocemos, el sufrimiento nos hace humanos, y todos somos iguales ante el dolor. Ahora bien, no estaría de más una película de dos horas veinte minutos para reiterar algo tan obvio y tan trillado si, por lo menos, Babel tuviera una buena historia, personajes con la suficiente fuerza, profundidad o magnetismo como para convertirnos en cómplices de sus desgracias, o al menos fuera lo suficientemente efectiva como relato cinematográfico, manteniendo aunque sea nuestro interés en la suerte de cada uno de sus personajes. Nada de eso sucede, en la modesta opinión de este comentarista.

Para empezar, las “historias” son débiles. Poco sucede, en realidad, que se parezca a un relato cinematográfico que nos comprometa emocionalmente. Y, con excepción de la pareja norteamericana compuesta por Brad Pitt y Cate Blanchett, que realmente se la llevan de arriba, los demás personajes se embarcan estúpidamente en una serie de situaciones destinadas a causarles problemas. ¿Se supone que debería importarme su suerte? Yo puedo entender que la empleada mexicana no pueda tolerar la idea de no asistir a la boda de su hijo pero, ¿llevarse a dos niños estadounidenses a México sin autorización de sus padres? Y aún peor que eso, ¿volver en plena madrugada con su sobrino borracho manejando a través de una frontera que se sabe custodiada al máximo en alerta a situaciones sospechosas? Esperen porque hay más: ¿que el sobrino los abandone, a la mujer y a los dos niños, en mitad de la noche en el desierto con apenas una linterna? Sí, claro, la vida es dura... CUANDO LA GENTE HACE SEMEJANTE ESTUPIDEZ!!!

Del otro lado del Pacífico, la adolescente japonesa (Rinko Kikuchi, una revelación) deambula por clubes nocturnos, consultorios de dentistas, calles y plazas en busca de contacto físico del tipo que sea (si es sexual, mejor), en una conducta más propia de una retrasada mental que de una chica vulnerable necesitada de comprensión y afecto. Y a medio mundo de distancia, Blanchett yace en el medio de una habitación vacía y rústica, rodeada de seres extraños (esa gente de Medio Oriente...) y esperando una ambulancia que se demora demasiado sin saber si es porque a) en Marruecos no hay ambulancias o b) Brad Pitt trata tan mal a todo el mundo que no logra despertar la compasión de esa gente tan insensible. Si a eso le agregamos que TODOS sus compañeros de excursión están más preocupados por retomar su viaje que por la vida de una pasajera, bueno, podemos afirmar que este matrimonio la está pasando realmente mal y que el mundo es un lugar frío e insensible.

Sí, el mundo es un lugar frío e insensible (a veces), pero lo que lo hace así es mucho más que la estupidez humana, o que un pequeño incidente cuyo efecto mariposa provoca consecuencias a miles de kilómetros de distancia, como Iñárritu y Arriaga sostienen. ¿De qué realmente está hablando Babel, entonces? ¿De qué tipo de incomunicación? ¿De qué tipo de semejanza en qué tipo de dolor? ¿Provocado por qué? ¿Por quién? Es como si, en estos tiempos de globalización y supuesto “choque de civilizaciones”, los cineastas hubieran querido ejemplificar el sufrimiento humano a través del peor ejemplo posible: el de la imprudencia y no el de la injusticia, el de la necedad y no el de la intolerancia. No voy a caer en el error de decir cómo deberían ellos representar el mundo (¿no es, acaso, lo que pretendieron hacer?). Pero la seguidilla de padecimientos entre trágicos y absurdos a los que Babel somete a sus personajes luce forzada, pretenciosa, irritante y, lo que es peor, carente de casi todo interés emocional, logrando provocar lo último que una película debería provocar en su espectador: el más mínimo interés por la suerte de sus personajes.

Babel es una película manipuladora en el peor de los sentidos posibles: te mantiene todo el tiempo con la sensación de que algo terrible va a pasar de un momento a otro, generando una tensión falsa (mexicanos a los tiros en una fiesta, una muchacha deprimida demasiado cerca de un balcón a gran altura), y cuando realmente algo pasa termina siendo un golpe bajo efectista y exagerado (la muerte de uno de los chicos marroquíes, el más inocente de ambos, obvio). Sólo en esto (además de en su multiplicidad de personajes y en su oportunista corrección política) se parece a la sobre valorada Crash del año pasado. Y justamente por esto es muy probable que, al igual que Crash, se lleve el Oscar a la mejor película este año.

Si algún mérito tiene Iñárritu (quien ganó el premio a la mejor dirección en el pasado Festival de Cannes), además de la conducción de un buen elenco donde hay estrellas y actores no profesionales, es el de haber sido capaz de dar a una película menor y pretenciosa la forma de un cine supuestamente original e importante.


Por Enrique Buchichio para Cartelera.com.uy

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