Niños del hombre

Niños del hombre

+15 años Ver comentarios
  • Titulo original: Children of men
  • Dirección: Alfonso Cuarón
  • Género: Thriller-Ciencia ficción
  • Protagonistas: Clive Owen - Julianne Moore
  • País: Reino Unido-Estados Unidos Año: 2006
  • Duracion: 109'
  • Elenco: Michael Caine - Chiwetel Ejiofor - Charlie Hunnam
  • IMBD
  • Disponible en: VHS DVD
  • Tipo: Película

Ficha

Resumen

La Tierra, año 2027. Han transcurrido casi 19 años desde que el último bebé nació y con cada año que pasa de inexplicable esterilidad global, la humanidad se acerca cada vez más a renunciar a su futuro. Para Theo (Clive Owen) todo esto tiene poca importancia. Hasta que es raptado y llevado ante Julian (Julianne Moore), su antigua compañera que es ahora cabecilla de un grupo clandestino que lucha por los derechos de los refugiados. Ella tiene una misión para Theo: consiguirle documentos de tránsito para Kee (Clare-Hope Ashitey), una joven de su organización que debe salir a salvo del país. Pronto queda claro, sin embargo, que Kee no es una refugiada más… Ella tiene ocho meses de embarazo, y ahora representa el milagro que todo el planeta ha estado esperando.

Publicidad

Comentario de Cartelera.com.uy

En pocas palabras…: Un brillante relato cinematográfico ejecutado con maestría, pero sobre todo una sombría visión del futuro que es en realidad una inquietante metáfora del mundo de hoy.

Apocalipsis, ahora

En algún momento durante la proyección de Children of Men (viernes de noche, MovieCenter, por suerte relativamente poca gente en la sala), en alguna de sus pocas pausas narrativas en las que uno tiene unos segundos para reflexionar sobre la película que está viendo, se me ocurrió pensar en el género al que pertenece. Un pensamiento banal, es cierto, pero estoy seguro que no fui el único que lo tuvo: esta no es una película de ciencia ficción, esta es una película sobre el presente. O, en todo caso, sobre el futuro cercano al cual este presente nos está condenando.

Es cierto que la ciencia ficción se ocupa de sucesos que aún no han tenido lugar, básicamente, y desde ese punto de vista Children of Men lo es (está ambientada en el 2027 e imagina un mundo en el que se han vivido 19 años de infertilidad humana). Pero también es cierto que, salvo esos dos detalles, todo lo demás que se ve en pantalla es una radicalización (para nada exagerada) de fenómenos políticos, sociales y culturales que ya forman parte del mundo en que vivimos. Y el director Alfonso Cuarón se encarga desde el principio de emparentar ese futuro de la ficción con este presente de la realidad que nos rodea. El Londres donde se desarrolla la acción no es una ciudad futurista como el cine nos ha acostumbrado a imaginar: vehículos que vuelan, robots conviviendo con humanos, construcciones de un diseño sólo aplicado a prototipos arquitectónicos. Nada de eso. Este Londres es notoriamente similar al Londres de 2007; tal vez más sucio, húmedo, decadente e incómodo, pero innegablemente reconocible y familiar. La intención es clara: más allá de lo que la historia (que proviene de una novela de P.D. James) imagina, esta película habla sobre el mundo de hoy, sobre este mundo real que habitamos. Sobre el aquí y ahora. Y no es nada agradable lo que vemos en este espejo sucio y resquebrajado llamado Children of Men. De ahí que sea una película tan inquietante.

En el arranque, la humanidad sube varios escalones hacia la desesperanza ante la noticia de la muerte de Diego Ricardo, un joven argentino de 18 años cuyo único mérito aparente era ser la persona más joven del planeta. Un planeta que ya no ofrece demasiadas perspectivas de futuro a sus habitantes, a los que, por el contrario, se los induce a través de la publicidad a comprar un novedoso producto con el cual quitarse la vida. Así de jodida es la cosa. Entre la gente, con una actitud que se adivina como la de un cínico o un descreído que ya está de vuelta de todo, deambula Theo (Clive Owen), un ex rebelde ahora convertido en aburrido burócrata sin nada más por qué luchar. Pronto sabremos que, en realidad, se trata de un hombre que ha sufrido una pérdida terrible, aunque –como ocurre en todo relato protagonizado por algún tipo de antihéroe (y Theo, muy a su pesar, lo es)- tendrá su oportunidad de redimirse.

Hasta allí conviene contar sobre el argumento de una película que no para de sorprender al espectador desde la primera, brillante escena. Sólo basta decir que las causas de esa infertilidad son una especulación totalmente secundaria (la humanidad se dirige irremediablemente hacia su propia extinción, pero ya casi nadie se ocupa de averiguar por qué, simplemente se limitan a lidiar con el caos reinante); en realidad se trata de crear una metáfora (muy clara, muy tangible) de la desesperanza. ¿Acaso hay algo más terrible que imaginar un mundo donde la propia raza humana sea incapaz de reproducirse? Por eso cuando una pequeña luz de esperanza aparece en la forma de una joven embarazada de ocho meses, queda claro que lo que está en juego es mucho más que la vida de ese ser humano por nacer; lo que está en juego es la última posibilidad de futuro.

Un detalle nada menor es que esa joven mujer de raza negra sea, además, una inmigrante ilegal, mantenida en secreto por una organización clandestina porque en la Gran Bretaña del 2027 los inmigrantes ilegales son los parias definitivos. Son tantos los que han cruzado –y siguen cruzando- el Canal de la Mancha que ya no sirven ni siquiera como mano de obra barata, ni como servidumbre casi esclava. Ahora se los amontona en jaulas, en campos de concentración, y finalmente (los que pueden llegar) en una suerte de gueto regenteado por ellos mismos donde, muy significativamente, y a pesar del caos, de la mugre y del individualismo ventajero, aún sobrevive alguna forma de solidaridad. Alguna referencia al resto del mundo deja entrever que sólo Gran Bretaña ha logrado contener, a pesar del desorden, la contaminación feroz y la turbulencia social. Y eso se debe a que existe un régimen de mano dura (sobre todo con los inmigrantes ilegales, a los que se insta a denunciar) muy similar al que describían Alan Moore y David Lloyd en su novela gráfica V for Vendetta, brillantemente llevada a la pantalla el año pasado por los hermanos Wachowski y el director James McTeigue.

Sin embargo aquí hay pocas referencias al poder político; si no fuera por el despliegue de fuerzas policiales y paramilitares en las calles uno diría que rige la más absoluta anarquía. Pero no: detrás de esos mensajes permanentes que llaman a denunciar a cualquier sospechoso de terrorismo (imposible no pensar en el brasileño Jean Charles de Menezes, muerto por la policía de siete balazos en la cabeza en un subte de Londres, en 2005, porque lo creyeron sospechoso) y de esa publicidad que invita a “decidir cuándo partir” tomando una píldora suicida, hay un gobierno y un sistema que eficazmente han logrado instaurar un constante estado de miedo para así creerse con derecho a perseguir, someter, violar, bombardear y asesinar al “enemigo”. Un gobierno seguramente elegido democráticamente, aunque –como dice el propio Cuarón- la democracia pueda ser la “tiranía del siglo XXI”.

Son esas aterradoras similitudes con la realidad las que me erizaron la piel varias veces durante toda la película. Porque vi, como en una sucesión de horrores al que nos estamos peligrosa e imperdonablemente acostumbrado, el gueto de Varsovia, los campos de concentración nazis, el muro de Berlín, el infierno de Vietnam. Vi las dictaduras latinoamericanas, el 300 Carlos, Automotores Orletti, el estadio de Santiago, la guerrilla centroamericana y la contra nicaragüense. Vi Panamá arrasada, Kosovo, Ruanda, Somalia, los territorios palestinos ocupados, Afganistán, Irak, Abu Ghraib, Guantánamo. Y sobre todo vi un mundo que, de tanto cenar mirando destrucción, ejecuciones y muerte en los informativos, está perdiendo la capacidad de escandalizarse, solidarizarse y rebelarse.

Quizá por eso -más allá de la increíble dirección de Cuarón, de los prodigiosos planos secuencia, de las escenas de acción que no dan respiro y de la brillantez técnica de la película, y a pesar de algunos puntos flacos del guión y de una sobreabundancia de referencias religiosas- me resultó tan fuerte, tan sombría y por momentos tan conmovedora.


Por Enrique Buchichio para Cartelera.com.uy

Comentarios
FILM/162

Publicidad

Publicidad