El objeto del tango

Virginia Patrone

  • Muestra: El objeto del tango
  • Género: Pintura

Ficha

Resumen

El objeto del tango

"Triunfa tu gracia, yo sé / y en los fondines nocheros /
sos de los muebles diqueros / el que da más relumbrón..."

Callejera. E. Cadícamo / F. Frontera

Poderosas y dolidas, seductoras y descartadas, sus zapatos de baile trazan en el piso gestos repetitivos y sagrados. Minas, minusas, milongas, grelas, papas, papusas, bataclanas, putas, franchutas. Imperiosas unas, desde sus grandes telas de poder cromático, mínimas otras, solo huellas de una existencia truncada, todas dominan con fuerza el espacio visual. Muestran, se muestran. Sus cuerpos vibrantes o sometidos reclaman al espectador una atención que hasta ahora su unívoco papel de perdidas les ha negado. Pero ¿qué son? ¿de dónde salen? Objetos de deseo, de odio y descontrol, el imaginario popular rioplatense las piensa nacidas de alguna forma de caída irremediable, como ruedan Evas y Liliths desde que la hembra pierde control sobre su relato y lo escriben otros. Quizás sean frágiles muñecas del olvido y del placer, pero cualquier signo de peligrosidad fuera de esta función activa una maquinaria social validadora de su destrucción. Es que la desobediencia al modelo imperante a inicios del siglo XX, funciona como síntoma de locura y la mujer que hace lo que quiere con su cuerpo (o al menos, la que hace lo que no debe) como soldado del bando contrario, ya no es un ser sensible sino una entidad válida de ser atacada.

¿Qué queda de esta narrativa histórica en nosotros? El itinerario visual propuesto por Virginia Patrone, alcanza una dimensión pesadillesca, que nos despierta temblorosos, pero a la vez más conscientes. Imágenes, movimientos, textos fragmentados, se disponen como evidencias en un espacio de desasosegante alteridad, que encuentra su máximo en la definitiva ruptura del objeto, flotante desecho final a la vez que principio de regeneración. En este sentido, la lectura del conjunto resulta finalmente liberadora: todo está dicho, pero nada sabemos, y mientras tanto ellas, las milongas, nos siguen mirando exigentes de sentido, esperando que nos detengamos ante su mistérica presencia, despojados de certezas y juicios, dispuestos a devolverles su propia voz.

Verónica Panella

Fuente: Museo Blanes

Salas

  • Museo Municipal Juan Manuel Blanes

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    • 19/03/2019 - 12/05/2019

      • Martes a domingos de 12 a 18 h
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ARTE/21114