Había una vez en... Hollywood

Había una vez en... Hollywood

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  • Titulo original: Once Upon a Time ... in Hollywood
  • Dirección: Quentin Tarantino
  • Género: Comedia dramática
  • Protagonistas: Leonardo DiCaprio - Brad Pitt
  • País: Estados Unidos-Reino Unido-China Año: 2019
  • Duracion: 161'
  • Elenco: Margot Robbie - Emile Hirsch - Al Pacino - Timothy Olyphant
  • Sitio oficial IMBD
  • Disponible en: HBO On Demand
  • Tipo: Película

Ficha

Resumen

La novena película de Quentin Tarantino está situada en Los Ángeles en 1969, justo cuando la estrella de TV Rick Dalton (Leonardo DiCaprio), y su doble de acción Cliff Booth (Brad Pitt), se enfrentan a los cambios de una industria cuya época de oro está llegando a su fin. La película entrecruza sus historias con la de la actriz Sharon Tate (Margot Robbie) en los meses previos a su trágico encuentro con los miembros de la “familia Manson”.

Trailer

En los siguientes canales

  • HBO

    • Miércoles 2 de Diciembre

      • 19:10
  • HBO2

    • Jueves 3 de Diciembre

      • 22:00

Comentario de Cartelera.com.uy

Verano del 69


Como sucede con los cuentos de hadas, el título elegido por Quentin Tarantino para su novena película (esto si no contamos como película a Death Proof, de 2007) remite a un tiempo lejano, que se recuerda con nostalgia y cierto aire mítico, como las viejas leyendas. Es también quizás un homenaje a Sergio Leone, el gran maestro del spaghetti western (Érase una vez en el Oeste), subgénero que el director admira (recordar Kill Bill, Django sin cadenas y por supuesto Los 8 más odiados, donde se dio el gusto de trabajar junto al compositor por excelencia de aquellos films, Ennio Morricone) y que aquí homenajea a su manera. Pero sobre todo, se trata de un homenaje a una época, o mejor dicho al fin de una, la época dorada de Hollywood.


Todo había empezado a cambiar bastante antes, con el advenimiento de la televisión al que la industria del cine le hizo frente como pudo con grandes producciones, Cinemascope, Technicolor, 3D y otros artilugios para atraer a la gente al cine. Pero para la segunda mitad de los 60 eso ya no era suficiente, y la recaudación en salas estaba en franco declive. A su vez, películas como El graduado y Bonnie & Clyde, ambas de 1967, terminaron de enterrar los preceptos morales del código Hays ofreciendo un tratamiento mucho más explícito del sexo y la violencia. Surgían nuevos autores (como Martin Scorsese, Francis Coppola, Hal Ashby, Arthur Penn, Mike Nichols) que ofrecían un cine más "realista", a la altura de lo que exigía un público harto del segregacionismo, la violencia, la guerra de Vietnam y el conservadurismo de un sistema político que ya se había olvidado de las esperanzas de un nuevo tiempo depositadas en un presidente como Kennedy, asesinado en 1962.


Vale recordar que la mejor película de 1969 para la Academia de Hollywood fue Perdidos en la noche, un retrato descarnado y desolador del patio trasero del sueño americano. Claramente era el fin de una era, y no sólo en la industria del cine. El asesinato brutal de la actriz Sharon Tate, esposa del director Roman Polanski a punto de dar a luz al hijo de ambos la madrugada del 9 de agosto de ese año, sembró el pánico en Hollywood y marcó algo así como el fin de la inocencia para una época que de inocente ya no tenía nada hacía rato. Pero una cosa era mandar soldados a morir a Vietnam o el asesinato de líderes como los Kennedy, Martin Luther King o Malcolm X, y otra muy distinta y atemorizante era que un clan homicida anduviese haciendo de las suyas en las colinas de Hollywood, donde viven los ricos y famosos. Estados Unidos y su relación con el crimen ya no serían lo mismo.


Es en ese momento histórico que se ubica Tarantino para ofrecer su propia versión de la época. Al director no le interesa la reconstrucción del trágico final de Tate y sus amigos (aunque es cierto que juega con esa tensión a lo largo de la película) sino retratar ese momento de cambio. El cambio inevitable de una industria que debía reinventarse para seguir existiendo (y con ella, muchos de sus protagonistas) y el cambio de una sociedad de aspecto brillante y luminoso pero que escondía detrás de los decorados un clima enrarecido, turbio y salvaje.


Claro que esto no es Mindhunter ni True Detective, es Tarantino. Y lo que prevalece es un divertimento teñido de homenaje al cine y a la televisión de la época, que el niño Quentin ya absorbía desde el living de su casa en Knoxville, Tennessee, y luego en Torrance, California (todos esos productos de clase B que serían su escuela de cine). En el centro del asunto está la entrañable amistad entre dos personajes ficticios (el actor venido a menos Rick Dalton y su doble de riesgo y ayudante full time, Cliff Booth), cuya historia se cruza con la de varios personajes reales, empezando por Tate y Polanski e incluyendo a varios más en breves escenas (Bruce Lee, Steve McQueen, James Stacy, el director Sam Wanamaker, el propio Charles Manson, entre otros).


La película es un cóctel como sólo él puede ofrecer, una mezcla de memorabilia, flashbacks, recreación de escenas de películas y series de televisión inspiradas en verdaderas producciones de la época, y varias secuencias que son puro entretenimiento, sin un verdadero peso en la trama (como la pelea entre Booth y Bruce Lee). Pura cinefilia. Todas las películas de Tarantino incluyen momentos como esos, y es lo que sus fans esperan, junto a diálogos jugosos, personajes más o menos excéntricos, una banda sonora plagada de hits más o menos conocidos, y una buena dosis de violencia explícita. Cuando eso llega, y no de la manera en que uno precisamente se lo espera teniendo en cuenta la subtrama Manson-Tate, es posible pensar que Tarantino ofrece una versión alternativa de los hechos, algo similar a lo que se permitió con Hitler y el nazismo en Bastardos sin gloria (2009) o con los esclavistas blancos de Django sin cadenas (2012). Una suerte de venganza cinéfila en la que los villanos de turno son rebajados a su simple condición de estúpidos, quitándoles la posibilidad de hacer verdadero daño.


Esa subtrama es, de todos modos, lo menos atractivo de la película. El mayor triunfo de Había una vez en Hollywood son las andanzas de ese dúo formidable encarnado por Leonardo DiCaprio y Brad Pitt, dos leyendas en sus propios términos a las que hemos visto madurar en la pantalla durante los últimos 25 o 30 años. Hay que ver lo que hace el primero con su alicaído Rick Dalton, y la autoridad con que el segundo recorre las calles de Los Ángeles o atraviesa el polvoriento Spahn Movie Ranch bajo la atenta mirada de unos hippies tenebrosos. Tarantino les ha regalado a ambos dos personajes que son una fiesta, y su público, una vez más, agradecido.


Por Enrique Buchichio para Cartelera.com.uy

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