Guasón

Guasón

  • Titulo original: Joker
  • Dirección: Todd Phillips
  • Género: Drama-Thriller
  • Protagonistas: Joaquin Phoenix - Robert De Niro
  • País: Estados Unidos Año: 2019
  • Duracion: 122'
  • Elenco: Zazie Beetz - Frances Conroy - Marc Maron - Bill Camp
  • IMBD
  • Disponible en: Flow | Cablevisión
  • Tipo: Película

Ficha

Resumen

Ganadora del León de Oro a la mejor película en el Festival de Cine de Venecia, Guasón se centra en el icónico personaje de DC Comics y es una cruda exploración sobre Arthur Fleck (Joaquin Phoenix), un hombre ignorado por la sociedad. Cada golpe, cada caída, cada humillación lo llevarán a convertirse en el villano que todos conocemos.

Trailer

Comentario de Cartelera.com.uy

El payaso que llora


Si uno busca el título de esta reseña en Google, además de varias referencias a la ópera Pagliacci, encontrará en un ignoto blog un texto titulado "¿Por qué lloran los payasos?". Allí puede leerse: "(...) al payaso es fácil olvidarlo, condenarlo al ostracismo, apartarlo de nosotros. Cuando ya nos hemos reído, cuando ya no es necesario, lo ignoramos. Y eso le duele. Dice algo en serio y todos creen que es una broma y, entonces, llega la tragedia." El texto, firmado por un tal "El Amo del Calabozo", fue publicado en 2006, por lo que nada tiene que ver con la película que nos ocupa. Sin embargo, perfectamente podría referirse a un personaje como Arthur Fleck, una versión de los orígenes del personaje de Joker creado por Bill Finger, Bob Kane y Jerry Robinson para DC Comics en 1940.


Estamos en 1981, y Fleck sobrevive como puede en una ciudad de Gotham caótica, sucia y violenta, un poco como era la Nueva York de aquella época antes de que llegase el mano dura de Rudolph Giuliani a limpiar las calles. Trabaja en una pequeña compañía de payasos, cuida de su madre enferma y paranoica (Frances Conroy) y se atiende psiquiátricamente en el servicio de salud pública. Y, sobre todo, padece una serie de acosos y humillaciones que van menoscabando su salud mental. Es como si el mundo se hubiese ensañado con Arthur Fleck. Una serie de flashbacks y otros recursos narrativos irán arrojando luz sobre el pasado del personaje, su historia familiar, su intento frustrado de triunfar como comediante y su verdadera situación mental, sembrando el terreno para que aflore algo parecido al villano más famoso de Batman que todos conocemos.


No hay que esperar, ni por asomo, una película de superhéroes. Tampoco una película sobre típicos villanos. Ni la película se inscribe dentro de lo que puede esperarse del blockbuster habitual (salvo, quizás, en el marketing y la repercusión que la han convertido en el fenómeno cinematográfico del año) ni Fleck es un villano de una sola pieza. Lo que el director y guionista Todd Phillips y su coguionista Scott Silver proponen es, ante todo, una incisión dentro de un personaje complejo, perturbado, en creciente alienación. Para ello se inspiran sobre todo en la novela gráfica The Killing Joke (1988), de Alan Moore y Brian Bolland, y en las películas de Martin Scorsese Taxi Driver (1976) y El rey de la comedia (1983), de las cuales Joker trasluce referencias; la presencia de Robert De Niro, protagonista de ambas películas que aquí tiene un rol clave en el arco dramático del protagonista, es quizás la más visible de ellas y hasta una forma de homenaje.


Sin ser la obra maestra que casi todo el mundo se ha apresurado a declarar, la película es ante todo un efectivo drama sobre el descenso hacia la locura de un individuo incomprendido y abandonado por su entorno social. Es también un guiño para adultos al universo Batman, con la subtrama que involucra a Thomas Wayne (Brett Cullen) y el retrato de un paisaje urbano que es caldo de cultivo para la inestabilidad social y emocional de sus habitantes, y que pide a gritos la presencia de alguien (¿un alcalde, un comisionado, un héroe?) que ponga un poco de orden.


Es también un gran logro para Phillips, cuyo mayor éxito hasta el momento había sido la trilogía de The Hangover (¿Qué pasó ayer?) pero que también tiene en su haber comedias adolescentes como Road Trip (2000) o el remake de Starsky & Hutch (2004). Con Joker se gradúa de director tomado "en serio" por la industria, por la crítica y hasta por jurados de festivales como el de Venecia, que presidido nada menos que por la argentina Lucrecia Martel le entregó el León de Oro a la mejor película. Como si fuese poco, además es un suceso de taquilla en todo el mundo, con una recaudación global - al momento de escribir esta reseña - de mil millones de dólares, algo inédito para una película restringida al público adulto.


¿Qué pasa con Joker? ¿Por qué es una película que produce sentimientos tan intensos, admiración casi unánime y hasta debates académicos? Cada quien tendrá su opinión. Es posible que, en un momento en que la cordura y la sensibilidad escasean entre algunos de los personajes que nos gobiernan (Trump, Bolsonaro, Piñera...), en que surgen autoproclamados que blandean la Biblia como arma salvadora para la inestabilidad política, y en que la incredulidad y la creciente incertidumbre se apoderan de muchos de nosotros, Joker venga a plantear con cierta crudeza algunas de las consecuencias del caos, de la ausencia de verdaderos liderazgos, de la desprotección social e individual y, si, del fanatismo irracional del tipo que sea. Del miedo, en otras palabras.


Es una tontería afirmar que la película plantea una respuesta o una postura frente a todas esas cosas. Algo casi tan absurdo como decir que Réquiem para un sueño (2000) era una apología del consumo de drogas. Es tan solo una película, con posibles lecturas políticas, sociológicas y psicológicas, pero una película al fin. Muy bien servida por un director muy hábil, con un par de escenas grandiosas (como la de Fleck en el hospital de niños), varios estallidos de violencia, algunos excesos narrativos y también algún efectismo, incluyendo cierta tendencia al histrionismo de su protagonista.


Es que, ¿cómo evitar algunos excesos con un personaje como Joker entre manos? La respuesta podría ser: Heath Ledger en The Dark Knight. Es cierto, ese era otro personaje, otro Joker. Joaquin Phoenix hace todo un despliegue de corporalidad, lleva su físico al extremo, baila como un bufón y regala risotadas maníacas a piacere del espectador. Pero es en sus momentos más contenidos, más oscuros y también más imprevisibles donde vemos al gran actor que es. No debería ser sorpresa para nadie que lo haya visto en Todo por un sueño (1995), Gladiador (2000), Walk the Line (2005), Ella (2013) y sobre todo en The Master (2012), esa gran película de Paul Thomas Anderson por la que debería haber ganado el Oscar que seguramente le den por Joker. Bien merecido lo tiene hace rato.


Por Enrique Buchichio para Cartelera.com.uy

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