Dragón rojo

Dragón rojo

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  • Titulo original: Red dragon
  • Dirección: Brett Ratner
  • Género: Suspenso-Thriller
  • Protagonistas: Anthony Hopkins - Edward Norton
  • País: Estados Unidos-Alemania Año: 2002
  • Duracion: 2h04'
  • Elenco: Anthony Hopkins - Edward Norton - Mary-Louise Parker - Ralph Fiennes - Emily Watson
  • Tipo: Película

Ficha

Resumen

Will Graham (Edward Norton) es uno de los mejores investigadores del FBI y se ha convertido a su pesar en un personaje mediático gracias a sus sensacionales arrestos de asesinos como el Dr. Hannibal Lecter (Anthony Hopkins), el más famoso de los casos en los que se ha visto involucrado. Una vez que se han curado las heridas provocadas por el arresto de Lecter, Graham abandona el FBI y se instala con su familia en la pequeña localidad de Marathon, en Florida. Su situación cambia con la aparición de un nuevo fan de Lecter, un despiadado carnicero que ataca familias mientras duermen en las noches de luna llena. Ante la inminencia de nuevos ataques, el antiguo jefe de Graham, Jack Crawford (Harvey Keitel) se ve obligado a recurrir de nuevo a él: no tiene ningún otro agente dotado, o maldecido, con la capacidad de poder meterse en la cabeza de un asesino. Tras estudiar la escena del crimen en Atlanta y en Birmingham, Graham llega a la conclusión de que para poder cazar a este asesino, al que apodan 'Tooth Fairy', debe consultar con alguien que tenga una mente tan brillante y demente como la suya. Y eso significa volver a enfrentarse a su viejo enemigo, el Dr. Hannibal Lecter.

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Comentario de Cartelera.com.uy

El regreso de un viejo amigo

El productor Dino De Laurentiis (responsable de unas 140 películas entre las que se cuentan algunos clásicos europeos como La Strada, de Fellini) había comprado los derechos de la novela Dragón Rojo, de Thomas Harris, a principios de los '80. Con el director Michael Mann (Fuego contra fuego, El informante), transformó la novela en el thriller Cazador de Hombres (1986), con William Petersen en el rol protagónico. La película era buena pero fue un fracaso, razón por la cual hoy nadie la recuerda, así como nadie tiene idea de que el personaje de Hannibal Lecter -entonces un rol muy secundario- fue interpretado por el actor Brian Cox.
Cuando, años más tarde, el autor le pidió a De Laurentiis los derechos para usar el personaje de Lecter en una nueva película, inspirada en otra novela, el productor no sólo dijo que sí de inmediato, sino que cedió los derechos gratuitamente. Después de todo, ¿quién se iba a animar a hacer una secuela de una película que había sido un fracaso? El resultado se llamó El Silencio de los Inocentes, y no sólo fue uno de los mayores éxitos de 1991, sino que fue a ganar cinco Oscar: mejor película, director (Jonathan Demme), actor (Anthony Hopkins), actriz (Jodie Foster) y guión adaptado (Ted Tally).

No, Dino de Laurentiis no se suicidó. Lo que hizo, diez años después, fue llevar a la pantalla la continuación de El Silencio de los Inocentes, una extensa novela titulada Hannibal que obviamente explotaba la fama del asesino serial más carismático del cine desde Freddy Krueger. Aunque no pudo contar con el director Demme, la estrella Foster ni el guionista Tally, quienes rechazaron la propuesta, De Laurentiis comprometió al prestigioso Ridley Scott y a la talentosa Julianne Moore en el rol de la agente Clarice Starling. Hannibal fue un éxito de taquilla, pero reconozcámoslo: era un delirio.
Igualmente, el octogenario productor parecía decidio a sacarle más jugo a un personaje probadamente redituable, que además seguía contando con el favor del actor que lo hizo célebre. Así que aún antes del estreno de Hannibal, empezó a desarrollar la remake de Dragón Rojo, que es ni más ni menos que una "precuela" de El Silencio de los Inocentes. Esta vez sin embargo, y a diferencia de la versión de 1986, el personaje de Lecter tendría un rol mucho más protagónico.

Hay una rara complicidad, a esta altura, entre el espectador y el Dr. Lecter. Es como si uno no pudiera dejar de quererlo al tipo; sí, se come a la gente, ¿y qué? Después de todo, nunca se comió a nadie del todo inocente...
Lo peor que puede decirse acerca de Dragón Rojo, la película, es que luce algo anacrónica. En 1986, por ejemplo, una película sobre asesinos seriales era una cosa; en 2002, es otra. Ya hemos visto muchas veces, sobre todo a partir de -justamente- El Silencio de los Inocentes, la historia del agente del FBI retirado que es reclutado nuevamente por su superior (aquí Harvey Keitel se pone los zapatos de Jack Crawford, interpretado por Scott Glenn en El Silencio...) para atrapar a un salvaje homicida, poniendo en riesgo no sólo su vida sino la de su propia familia. Es receta, por más que la receta luzca bien condimentada y servida, como es el caso.

Nadie puede negar que, aunque impersonal, el director Brett Ratner hace bien casi todo lo que le cae entre manos, sin importar el género (Rush Hour, Hombre de Familia). El tipo es lo que los críticos suelen llamar "un buen artesano", un profesional que cumple su trabajo sin mayores aspiraciones artísticas.
En este caso cuenta, además, con un envidiable elenco. Si bien Hopkins, Edward Norton y Keitel hacen lo suyo "de taquito", sin estridencias, quienes parecen robarse la película son los británicos Ralph Fiennes, perturbador en el rol del homicida Francis Dolarhyde (encarnado en 1986 por Tom Noonan) y Emily Watson como su compañera de trabajo (papel que hizo Joan Allen en la versión original). Cada escena que ambos comparten eleva el interés de la historia, mucho más aún que aquellas en que aparece el viejo y querido Lecter, y eso es mérito de los actores, tal vez demasiado buenos para el material que tienen entre manos.
Y produce cierto regocijo, hay que admitirlo, ver la sonrisa morbosa del Dr. Chilton (Anthony Heald), el jefe del asilo para criminales dementes que le hace la vida imposible a Lecter. Aquel al que se refería Lecter, disfrazado de turista, al final de El Silencio de los Inocentes, cuando le decía a Clarice Starling al teléfono: "Ojalá tuviera más tiempo para hablar contigo, pero hay un amigo que me espera para cenar". Dragón Rojo intenta ofrecerle al público algunas líneas de humor negro como esa, casi antológica, aunque nunca con tanto éxito.

Por Enrique Buchichio para Cartelera.com.uy

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