Gran Torino

Gran Torino

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  • Titulo original: Gran Torino
  • Dirección: Clint Eastwood
  • Género: Drama
  • Protagonistas: Clint Eastwood - Christopher Carley
  • País: Estados Unidos-Australia Año: 2008
  • Duracion: 1h56'
  • Elenco: Brian Haley - Bee Vang - Geraldine Hughes - Ahney Her
  • Sitio oficial IMBD
  • Disponible en: DVD
  • Tipo: Película

Ficha

Resumen

En su primera actuación desde Million Dollar Baby (y la última de su carrera como actor, según ha dicho), Clint Eastwood encarna a Walt Kowalski, un inflexible y racista veterano de la Guerra de Corea. El mundo en el que vive está cambiando, y sus vecinos, que son inmigrantes asiáticos, lo fuerzan a enfrentar sus viejos prejuicios. Walt no quiere tener nada que ver con ellos, al menos hasta que su vecino adolescente intenta robarle su preciado Gran Torino del '72…

Comentario de Cartelera.com.uy

En pocas palabras…: Un film menor en la carrera de Clint Eastwood, pero no por ello falto de interés o poco entretenido. Hay sobre todo un personaje encantador, que resume la filosofía de muchos de sus personajes anteriores. Si efectivamente se trata de la despedida de Eastwood como actor, entonces se trata de una despedida digna y sentida.

Duro de jubilar

Era el año 1971. El director se llamaba Don Siegel; la estrella, un icono del spaghetti western llamado Clint Eastwood. A su personaje más popular hasta el momento le llamaban ‘el Hombre sin Nombre’. Pero este sí que tenía nombre, y uno difícil de olvidar: Harry Callahan, más conocido como Harry ‘el sucio’. Tras frustrar un intento de robo a tiro limpio, Harry se para frente a uno de los delincuentes caídos, le apunta con su arma y le manda: “Sé lo que estás pensando: ‘¿disparó seis tiros o solo cinco?’ Para ser honesto, con toda esta emoción perdí la cuenta. Pero siendo esta una Magnum 44, la pistola más poderosa del mundo capaz de volarte la cabeza limpiamente, deberías hacerte solo una pregunta: ¿me siento con suerte?”

Treinta y siete años más tarde, en la que según se dice sería su última actuación, Eastwood encarna a Walt Kowalski, un veterano de la guerra de Corea racista, prejuicioso, solitario y amargado que bien podría ser una versión crepuscular de Harry Callahan… si Harry Callahan hubiera trabajado armando coches en una planta de la Ford en lugar de combatir el crimen en las calles de San Francisco. Pero más allá de oficios, Kowalski es Eastwood puro, y posee muchas de las características de varios de los personajes que éste ha encarnado en la pantalla y que conforman, hasta cierto punto, la imagen que el público tiene del propio Eastwood. Cuando Kowalski se baja de su camioneta para enfrentar a tres pandilleros que están acosando a una chica inocente, es imposible no recordar el sarcasmo de Callahan cuando les dice: “¿Alguna vez te has cruzado con alguien con quien no deberías meterte? Ese soy yo.” Un ídolo.

Pero por más que Kowalski se esfuerce por mantener su imagen de tipo duro, lo cierto es que el personaje no es un tipo violento. De hecho la violencia le rechina, y en más de una oportunidad se lo ve dudar (o al menos pensar dos veces) sobre qué hacer frente a alguna situación peligrosa. Es que la violencia ha dejado huellas imborrables en su vida, y no es que se sienta precisamente orgulloso de ello. Hay algo del William Munny de Los Imperdonables en el ex combatiente que, ante la pregunta ingenua y curiosa de qué se siente al matar a un hombre, deja traslucir su desencanto y su callada necesidad de arrepentimiento. Kowalski es un condecorado héroe de guerra, pero para él –como para la mayoría de los ex combatientes- la guerra fue una experiencia traumática que no dejó más que fantasmas que lo atormentan. Por eso no es difícil imaginar que en su actitud de desprecio hacia sus vecinos asiáticos hay implícito un rechazo hacia el recuerdo de aquellos enemigos muertos que no dejan dormir a Kowalski por las noches.

Pero es imposible no recordar, y un mal recuerdo no permite vivir en paz. Por eso Gran Torino se presenta como un relato de redención en el que la reeducación de un adolescente Hmong (el debutante Bee Vang) le permite a Kowalski pagar parte de sus culpas y remordimientos del pasado. Y, de paso, traer un poco de justicia a este mundo –siempre a la manera poco convencional en que los personajes de Eastwood han sabido hacer justicia, desde Callahan hasta el compasivo entrenador Frankie Dunn de Million Dollar Baby (tal vez su actuación más conmovedora). Y a propósito de este mundo, o al menos de ese Estados Unidos del siglo XXI, el guión de Nick Schenk se las arregla para decir dos o tres cosas sobre la inmigración, sobre la convivencia social, sobre el desempleo, sobre la violencia callejera, en definitiva sobre algunos males asociados a estos tiempos de crisis. Crisis que no es nueva, pero sí tan aguda que ni siquiera el frecuentemente apolítico Eastwood (al menos como director de cine) se salva de apuntar algo al respecto en una obra suya.

Con Eastwood sucede algo parecido que con Woody Allen: es uno de esos directores tan legendarios y tan prestigiosos que todo lo que hacen es aprobado casi por unanimidad, como si se tratara de vacas sagradas. Pero lo cierto es que Eastwood –como Allen- es un director con altibajos, que tiene en su haber varias películas muy buenas (Bird; Cazador Blanco, Corazón Negro; Los Imperdonables; Los Puentes de Madison; Medianoche en el Jardín del Bien y del Mal; Río Místico; La Conquista del Honor; Cartas desde Iwo Jima), algunas películas menores o fallidas (El Principiante; Crimen Verdadero; Deuda de Sangre; El Sustituto) y otras que se ubican en una zona intermedia, entre la liviandad comercial y el esmero no siempre convincente (casi toda su primera etapa antes de Bird; Un Mundo Perfecto; Poder Absoluto; Jinetes del Espacio; incluso la oscarizada Million Dollar Baby).

Gran Torino pertenece a este último grupo. No es una gran película, ni contiene grandes escenas ni grandes actuaciones (como en casi todas las películas mencionadas, con excepción de las del medio). Es un film modesto y bien narrado, si bien un poco largo y con algunos estiramientos, con cierto abuso de personajes arquetípicos (algo frecuente en la filmografía menor de Eastwood) como los hijos de Kowalski y sus familias, o los pandilleros tanto negros como asiáticos, y algunas actuaciones secundarias demasiado flojas (notoriamente es el caso del padre Janovich que hace Christopher Carley).

Como contrapartida, sin embargo, hay un bienvenido sentido del humor en la descripción del vínculo entre Kowalski y sus vecinos; un certero retrato de la decadencia suburbana que asola a muchas ciudades norteamericanas; y sobre todo un personaje encantador que se gana al espectador desde la primera escena, a pesar de ciertos tics reiterados (el hombre escupe y hasta gruñe en varias oportunidades cual perro rabioso) y de su conducta previsible. Si efectivamente se trata de la despedida de Eastwood como actor, entonces se trata de una despedida digna y sentida.


Por Enrique Buchichio para Cartelera.com.uy

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