Invictus

Invictus

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  • Titulo original: Invictus
  • Dirección: Clint Eastwood
  • Género: Drama
  • Protagonistas: Morgan Freeman - Matt Damon
  • País: Estados Unidos Año: 2009
  • Duracion: 2h14'
  • Elenco: Tony Kgoroge - Patrick Mofokeng - Matt Stern
  • Sitio oficial IMBD
  • Disponible en: DVD
  • Tipo: Película

Ficha

Resumen

El líder de la resistencia contra el apartheid Nelson Mandela (Morgan Freeman) sale en libertad tras 27 años de cárcel y, poco después, se convierte en el primer presidente negro de Sudáfrica. Como parte de su política de reconciliación nacional impulsa la participación del país en el mundial de rugby de 1995, tras años de ser excluido de las competiciones debido al régimen segregacionista. Invictus es el retrato de un líder, y de cómo se las ingenió – contra casi todos los pronósticos – para sacar adelante a su país a pesar del odio, el dolor y el resentimiento.

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Trailer

Comentario de Cartelera.com.uy

En pocas palabras…: Como retrato de un período histórico trascendental, Invictus es superficial y simplificadora. Pero como reivindicación del espíritu humano y del poder unificador del deporte, sale victoriosa y emociona. Morgan Freeman encarna a la perfección la humildad y lucidez de Mandela.

Así se escribe la Historia

Si algo no ha transitado Clint Eastwood en su filmografía como director es la sutileza, me refiero a la sutileza fina, esa que sugiere mucho más de lo que manifiesta, y que ofrece toda una gama de colores en lugar de los tonos básicos, fácilmente identificables. Al igual que el “Hombre sin Nombre” que encarnaba en los spaghetti western de Sergio Leone, Clint es un tipo simple y directo, que dice las cosas claras (pocas) y no se anda con rodeos.

Esto no quiere decir que sus películas no logren grados de intensidad y hasta de cierta poesía, como sucede en Los Imperdonables (1992), Un Mundo Perfecto (1993), Medianoche en el Jardín del Bien y del Mal (1997) o en su estupendo díptico sobre la Segunda Guerra conformado por La Conquista del Honor y Cartas desde Iwo Jima (2006). A veces incluso los suyos son golpes directos a la emoción del espectador, como en el caso de Los Puentes de Madison (1995), Río Místico (2003), Million Dollar Baby (2004) o Gran Torino (2008).

En el caso de Invictus, la primera que dirige tras su declarada “jubilación” como actor precisamente en Gran Torino, uno sospecha que no había demasiado margen para las sutilezas, y que un buen grado de simplificación era necesario para condensar todo un proceso histórico – de pocos años pero de enorme significación política y social – en el lapso de una película de dos horas y cuarto. Porque es evidente que un campeonato de rugby, y la posibilidad real de que la selección nacional pudiese salir victoriosa, no fueron suficientes para impulsar la reconciliación nacional tan necesaria en Sudáfrica tras el fin del Apartheid. Pero tampoco es difícil imaginar que en algo debe haber ayudado, como bien supo avizorar el flamante presidente Nelson Mandela. Y si bien en más de un momento uno tiende a pensar como su eficaz y algo impaciente jefa de staff Brenda (rol bien defendido por la actriz británica de origen ghanés Adjoa Andoh) - “con todos los temas urgentes que hay que atender a usted sólo parece preocuparle un partido de rugby” – se entiende que lo del rugby era – y es, en la película – un símbolo. Y uno tan necesario como edificante.

También lo es la tensión que se genera, por ejemplo, en el equipo de custodias del presidente, donde por orden de Mandela deben convivir negros y blancos, habiendo estado estos últimos al servicio del anterior gobierno racista que perseguía a los primeros. No hay que hacer ningún esfuerzo para imaginar la desconfianza mutua que existe entre ambos bandos. Literalmente, no hay que hacer ningún esfuerzo: el guión de Anthony Peckham, basado en un libro de John Carlin, es bien gráfico al respecto (cuando todos esos hombres de ambas razas permanecen encerrados dentro de una habitación, mirándose unos a otros, la tensión se corta con un cuchillo). La realidad no debe haber sido muy diferente.

Un poco más difícil es creerse cosas como lo del nenito negro que vaga por la calle, vigilado con suspicacia por los mismos policías blancos con los que terminará abrazándose y saltando de alegría. Pero de nuevo: la necesaria simplificación. Como relato histórico de un período todavía reciente (y cuyas heridas, más allá del optimismo que pueda transmitir el emotivo final, todavía siguen abiertas) Invictus luce superficial, apenas un esbozo de lo que debe haber sido. En el terreno donde funciona mejor es en el deportivo, porque Invictus es también una película sobre deporte, y en particular sobre el poder unificador de éste aún en sociedades fragmentadas y desiguales. Los amantes del rugby, entonces, saldrán presumiblemente satisfechos.

Y es allí donde la película toca la fibra emotiva del espectador, porque es fácil identificarse con un pueblo herido necesitado de héroes, de triunfos, de motivos de orgullo y de festejo, de esos que nos llevan a abrazar a quien tengamos al lado aunque sea un completo extraño. Y vaya si el pueblo uruguayo sabe de eso, con más razón ahora que su selección de fútbol se va a pelear por el campeonato mundial, precisamente, a Sudáfrica. Por eso es casi imposible no emocionarse un poco al final, por eso y porque Clint maneja a la perfección algunos ingredientes efectivos, como el montaje, los ralentis o esa música discreta pero poderosa, casi omnipresente, que compuso su hijo Kyle junto a Michael Stevens.

Invictus (título que refiere al hermoso poema de William Henley que Mandela leía en prisión como forma de mantener su espíritu en alto) es también el retrato de un líder indoblegable, y de cómo se las ingenió – contra casi todos los pronósticos – para sacar adelante a su país a pesar del odio, el dolor y el resentimiento. Y Morgan Freeman, amigo personal de Mandela y lejos de la mera imitación, le imprime una gran dignidad a ese líder que se ganó el respeto del mundo entero. Incluso de algunos “enemigos”: Jonah Lomu, el temible jugador neocelandés derrotado en aquel partido de 1995, declaró años después: "Perdimos una final, pero vimos cómo se escribía la Historia".


Por Enrique Buchichio para Cartelera.com.uy

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