Medianoche en París

Medianoche en París

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  • Titulo original: Midnight in Paris
  • Dirección: Woody Allen
  • Género: Comedia romántica
  • Protagonistas: Owen Wilson - Rachel McAdams
  • País: Estados Unidos-España-Francia Año: 2011
  • Duracion: 1h34'
  • Elenco: Kathy Bates - Adrien Brody - Carla Bruni - Marion Cotillard - Michael Sheen
  • Sitio oficial IMBD
  • Disponible en: DVD
  • Tipo: Película

Ficha

Resumen

La nueva película de Woody Allen es una comedia romántica que transcurre en París, a donde llega el escritor norteamericano Gil (Owen Wilson) junto a su prometida Inez (Rachel McAdams) y los padres de ésta. Mientras vaga por las calles soñando con los felices años 20, cae bajo una especie de hechizo que hace que, a medianoche, en algún lugar del Barrio Latino, se vea transportado a otro universo donde conoce a Adriana (Marion Cotillard), una hermosa aspirante a diseñadora de modas que ha sido amante y musa de varios artistas famosos.

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Trailer

Comentario de Cartelera.com.uy

En pocas palabras...: Los asuntos por los que transcurre la historia no son para nada nuevos en la obra de Woody Allen. Aún así, es gratificante comprobar que - tanto en lo conceptual como en lo estrictamente cinematográfico - sigue teniendo cosas nuevas para decir.

La luz del pasado

A sus 75 años y con una filmografía de casi medio centenar de películas, es una suerte que Woody Allen siga haciendo cine y no se distraiga en la ya casi inevitable controversia sobre si su última película de turno está o no a la altura de lo mejor de su obra. Más allá de opiniones, gustos, reiteraciones y altibajos, en el caso de Medianoche en París nos encontramos ante un Allen que - aún buceando en los temas de (casi) siempre - se las ingenia para plasmar un trabajo que derrocha ingenio, frescura y un entrañable amor ante algunas manifestaciones artísticas que han marcado su carrera y su vida.

Esta comedia se centra en Gil Pender, un mediocre escritor y exitoso guionista de Hollywood que, poco antes de casarse con Inez, acepta la invitación de sus acaudalados suegros para pasar unas vacaciones en París, ciudad en la que vivió en su juventud. Gil demuestra, ya en las primeras de cambio, que su bohemio estilo de vida no conjuga demasiado con la superficialidad de su novia y su familia, dando la impresión de que en su futuro solo habrá lugar para la resignada expectativa de pasar una existencia acomodada y sin sorpresas en Malibú, el lugar preferido de su prometida.

A cuenta de méritos posteriores, algunas objeciones. No hay manera de creerse que esa pareja pudo haberse formado. Ni siquiera Allen, experto en reflejar contradicciones e insatisfacciones en asuntos referidos a los vínculos amorosos, puede explicar - tampoco se esfuerza en la tarea - creíblemente esa relación. En ese punto, y en cierta exageración de la caricatura con que se pintan algunos personajes vinculados a la novia (ella misma, sus padres y un insoportable sabelotodo muy bien interpretado por ese gran actor que es Michael Sheen), está lo menos logrado del filme.

Una noche, un poco borracho y caminando por París, Gil se verá sorprendido - es inevitable el recuerdo de aquella otra gran película de Allen, La rosa púrpura del Cairo (1985) - por los misteriosos ocupantes de un lujoso auto de la década del 20, y será invitado a unirse a ellos en un recorrido que pronto devendrá en una noche mágica, reveladora y en lo que verdaderamente importa en la película. Grande será la sorpresa del protagonista cuando, al entrar a un bar, se encuentra nada menos que ante Cole Porter al piano, Josephine Baker bailando a su lado, y con gente de la talla de Scott Fitzgerald, su esposa Zelda y hasta Ernest Hemingway compartiendo con él sus preocupaciones artísticas y vitales. Allen trata a estos personajes que tanto admira con respeto y hasta con ternura, pero no eludiendo los temores, las pasiones y hasta las adicciones que los aquejaban, evitando así la imagen idealizada, algo que al cabo del relato marcará una clara coherencia narrativa.

A partir de ese día, cada medianoche Gil formará parte de esa "Edad de Oro" de los años 20 y conocerá a otros grandes como por ejemplo Pablo Picasso, Salvador Dalí y Gertrude Stein. Esos encuentros tendrán lugar en la mítica y legendaria librería Shakespeare & Co., aún en actividad por otra parte. Más allá del deslumbramiento que le generan estas personalidades, un personaje de perfil bajo lo cautivará: Adriana, una especie de musa de los famosos de la época que influirá decididamente en su vida y en sus decisiones.

Será en el marco de ese mundo nostálgico y fantástico en que Allen le apuntará al corazón de los temas verdaderamente importantes de la historia. Si bien la gran reflexión pasa por el eterno discurrir sobre si todo tiempo pasado fue mejor, tampoco faltan reflexiones acerca de cómo aprovechamos o no las oportunidades que las vida nos da, la insatisfacción innata del ser humano y hasta el lugar que tienen la cultura y el conocimiento, no ya como complemento sino como valores que marcan la vida de las personas. Por si fuera poco, todo está planteado sin exageraciones, sin pretensiones altisonantes, y con el pulso narrativo al que el cineasta nos tiene acostumbrados. Por ejemplo, la transición entre las diversas épocas está narrada con suma maestría y sencillez.

El elenco es otro punto fuerte. Owen Wilson - toda una sorpresa - aporta la asombrada inocencia requerida para su personaje y está realmente bien como Gil, un personaje que - intuyo - le hubiera encantado interpretar al propio Woody. Marion Cotillard aporta la dulzura y la calidez necesaria en un rol importante, y gente de gran talento, como Adrien Brody (sublimes sus 5 minutos en que personifica a Dalí) y Kathy Bates, realzan personajes secundarios pero de gran disfrute.

El otro gran protagonista es el lugar ideal para esta catarsis de nostalgia y romanticismo: París. Ya en su versión actual - los tres primeros minutos del filme son por demás elocuentes - como en la versión finamente recreada de sus épocas pasadas, es delicioso el recorrido por el Museo Rodin, el Salón de los Espejos de Versalles, el Puente Alejandro III, etc.

Lo dicho: está claro que los asuntos por donde va la historia no son para nada nuevos en la obra de Allen. Aún así, es gratificante comprobar que también en esos temas (tanto en lo conceptual como en lo estrictamente cinematográfico) sigue teniendo cosas nuevas para decir. Las palabras de Kathy Bates en el rol de Gertrude Stein, tratando de orientar a Gil en un momento de confusión, son claras al respecto: "Los artistas están para ofrecer con su obra belleza y esperanza ante el sinsentido de la existencia..." Woody Allen, por tanto, es un artista.


Por Pablo Delucis para Cartelera.com.uy

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