Avatar

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  • Titulo original: Avatar
  • Dirección: James Cameron
  • Género: Acción-Aventura-Ciencia ficción
  • Protagonistas: Sam Worthington - Zoë Saldana
  • País: Estados Unidos Año: 2009
  • Duracion: 162'
  • Elenco: Sigourney Weaver - Michelle Rodriguez - Stephen Lang - Giovanni Ribisi
  • IMBD
  • Tipo: Película

Ficha

Resumen

Doce años después de romper la taquilla mundial con Titanic (1997), el director James Cameron presentó su nueva y visionaria aventura épica de ciencia ficción... y volvió a colocarse a la cabeza de la taquilla mundial. En la lejana luna de Pandora, un reacio héroe (Sam Worthington) se embarca en una travesía de redención y descubrimiento mientras lidera una heroica batalla para salvar a una civilización en peligro.

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Trailer

Comentario de Cartelera.com.uy

En pocas palabras…: Un entretenimiento fascinante, con pasajes de inusual belleza, servido con mano maestra por James Cameron. Es también un alegato ecologista y pacifista, justo en tiempos de creciente militarismo y abuso de recursos naturales.

Pacha Mama

Doce años se tomó James Cameron, tras su fenomenal éxito de Titanic (1997), para desarrollar y concretar su visión del futuro y del mundo alternativo de Pandora. El resultado es, por segunda vez en su carrera, “el film más caro de la historia” (sumando costos de producción y de publicidad) y un nuevo éxito que promete, gracias a la recaudación mundial, recuperar costos en pocas semanas. Desde el punto de vista estrictamente cinematográfico, Avatar quizás no sea la mejor película de Cameron (me sigo quedando con la arrolladora Terminator 2, e incluso con varios pasajes de Titanic) pero es indudable que estamos ante un nuevo clásico del cine de entretenimiento y, quizás, ante el mejor ejemplo en años (¿12 años?) que haya producido Hollywood.

Cameron vuelve a confirmar que es no sólo un estupendo narrador y un cineasta visionario (su empleo de efectos especiales, nunca gratuito, establece una vez más nuevos parámetros, como lo hizo en El Secreto del Abismo, Terminator 2 y Titanic) sino que es de los pocos directores norteamericanos del género que (como Spielberg, Brad Bird o Andrew Stanton) nunca ofenden la inteligencia del público y siempre tienen presente que, ante todo, están contando una historia. Y que el espectador nunca la va a pasar del todo bien, y no va a salir realmente fascinado del cine, si no logra conmoverse con lo que está viendo.

Y Avatar realmente conmueve. Dejemos de lado que la historia está armada a partir de elementos clásicos ya vistos en varias formas y colores. El héroe caído en desgracia que tiene una oportunidad de redimirse, es aceptado lentamente dentro de una comunidad de extraños, se convierte en uno de ellos y finalmente los lidera y los defiende contra quienes antes eran sus camaradas es – como ya se ha dicho- básicamente lo mismo que contaba Kevin Costner en Danza con Lobos (1990), incluyendo su rivalidad con un guerrero nativo y una intensa historia de amor, solo que cambiando la guerra civil estadounidense y una tribu Sioux por una civilización alienígena en el futuro. Y también aceptemos que Cameron nunca fue un gran guionista y que el guión de Avatar está lleno de lugares comunes, reacciones esperables y buenos y malos (sobre todo malos) de una sola pieza.

A pesar de todo eso, la mano maestra de Cameron como creador de mundos y criaturas, y sobre todo como hábil manipulador de todos los ingredientes narrativos a su disposición (brillantes efectos visuales, estupenda fotografía y montaje, envolvente diseño de sonido y hermosa banda sonora de su habitual colaborador James Horner) consigue que nos olvidemos de todos y cada uno de los lugares comunes, al menos durante gran parte de los 160 minutos que dura la película, e ingresemos boquiabiertos al universo que nos ha servido exquisitamente en bandeja. Asistir a la proyección de Avatar (al menos en su versión 3D, que es como aparentemente la concibió Cameron) es como asistir a un espectáculo fascinante, de esos que agradecemos estar contemplando. Un espectáculo audiovisual que contiene pasajes de increíble belleza, logrando – como le sucede al malogrado protagonista que encarna Sam Worthington – que uno no desee abandonar Pandora y regresar a la realidad. Y que uno finalmente sienta en carne propia la brutal agresión que se perpetra contra su biodiversidad y su gente.

Y aquí hay otro mérito de Cameron: uno se identifica mucho más con los Na’vi que con los buenos seres humanos provenientes de la Tierra (al que se señala como un planeta moribundo). Y no es un mérito menor: estos seres humanoides de largos brazos y piernas, y profundo amor y respeto por la naturaleza que los rodea, fueron encarnados por actores pero su diseño final es resultado de la tecnología en animación digital. Pero además resemblan a aborígenes de varias regiones del mundo, desde Norteamérica hasta África, pasando por el Amazonas y – por qué no – por Medio Oriente. De manera que nos identificamos plenamente no sólo con criaturas generadas virtualmente sino con una representación de muchos de los excluidos y pisoteados de este mundo. Es muy significativo que sean discriminatoriamente apodados “monos azules” por los mismos marines – como los que invadieron Panamá, Irak y Afganistán – que luego arrasarán su hábitat, enviados por intereses militares y corporativos en busca de valiosos recursos naturales. Cualquier similitud con la historia de la conquista imperial, o la invasión de Irak y sus fuentes petrolíferas, no es mera coincidencia.

Resulta entonces que Avatar (término que refiere a la encarnación de una deidad) no es solo un estupendo entretenimiento, sino además lo que suele llamarse un film “con mensaje”. Y el mensaje – para quien quiera recibirlo - involucra aquí el anti militarismo, el respeto por el medio ambiente y las tradiciones ancestrales, y un regreso a cierto tipo de comunión con todo aquello que nos rodea (la querida Pachamama de los pueblos indígenas de América del Sur). No deja de ser un poco paradójico que semejante alegato pacifista y ecologista venga servido en un producto que costó cerca de 300 millones de dólares, pero mientras uno está sentado en la butaca disfrutando del resultado no puede sino agradecer cada uno de los espejitos de colores que brotan de la pantalla.


Por Enrique Buchichio para Cartelera.com.uy

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